El cine y la literatura acompañan a La Palma en La Habana

La Habana, 6 de febrero de 2017

Por: Mario Vizcaíno Serrat

La editorial española La Palma regresó a La Habana con su producción más reciente de reverencia a la cultura cubana: una enjundiosa colección de cartel cubano hecho para cine.

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Durante la presentación en Fresa y chocolate, Luciano Castillo, Guillermo Corral, Reynaldo González, Sara Vega e Ignacio Rodríguez.

   La compilación la armó Sara Vega, especialista de la Cinemateca, perteneciente al Instituto cubano del cine, tras un minucioso recorrido por el cartel para cine nacional desde 1915 hasta la actualidad, que La Palma convirtió en elegante ejemplar.

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Presentado en el centro cultural Fresa y chocolate –como la película de Tomás Gutiérrez Alea- El cartel cubano llama dos veces, editado por la Colección Cuba, atrajo a cineastas, críticos, diseñadores y periodistas que pudieron admirar el detallado trabajo de Vega en el estudio y la clasificación de los mejores carteles de cine cubano.

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Durante la presentación de la Colección G. en la Embajada de España en La Habana: Guillermo Corral, Gilberto Padilla e Ignacio Rodríguez

  Mientras, en la embajada española en La Habana, decenas de lectores tuvieron acceso a cuatro volúmenes de lo más fresco de la literaria colección G: Malditos bastardos, antología con obras de jóvenes narradores que muestra la evolución de la literatura isleña, el cuaderno de cuentos No sabe/No contesta, de Legna Rodríguez, y las novelas Días de entrenamiento, de Ahmel Echevarría, y La autopista, de Jorge Enrique Lage.

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Después de la presentación, en la azotea de la Emabajada, con Pedro Juan Gutiérrez

  De ese modo, La Palma continuó su labor de promoción de buena literatura cubana y agrega ahora, con el libro sobre el cartel para cine, una mirada a otras manifestaciones del arte que valga la pena diseminar fuera de las fronteras de la isla. Una mirada que seguirá deteniéndose y escogiendo dentro de la abundante calidad de la cultura cubana.

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Ediciones La Palma ha publicado a 3 de los 10 autor@s cuyas obras ganaron los Premios de la Crítica Literaria en Cuba para los libros publicados en 2015

En la tarde del pasado jueves 15 de diciembre, se efectuó en La Habana la entrega del Premio de la Crítica Literaria a los 10 libros más importantes, de autores nacionales, publicados en Cuba durante el pasado año. Un jurado, integrado por 7 miembros del Círculo de la Crítica, presidido por la doctora Margarita Mateo Palmer, otorgó los premios, atendiendo, principalmente, a su calidad literaria y a su importancia, según consta en el acta enviada a los medios por el Instituto Cubano del Libro. Las obras distinguidas son:

  1. El convidado del juicio, de Antón Arrufat. Ediciones UNIÓN.
  2. Encuentros cercanos de vario tipo (ensayos sobre literaturas en diálogo), de Mayerín Bello. Editorial Letras Cubanas.
  3. El niño congelado, de Mildre Hernández. Editorial Casa de las Américas.
  4. Virgilio Piñera al borde de la ficción, de Carlos Aníbal Alonso y Pablo Argüelles Acosta. Tomos I y II. Coedición Editorial Letras Cubanas y Editorial UH.
  5. La cinta métrica, de Efraín Rodríguez Santana. Ediciones UNIÓN.
  6. Cuba en sepia, de José Antonio Michelena. Ediciones Boloña.
  7. Recreos para la burocracia, de Sigfredo Ariel. Ediciones UNIÓN.
  8. trillos/ precipicios/ concurrencias, de Alfredo Zaldívar. Ediciones Matanzas.
  9. Esperando por el sol, de Raúl Flores Iriarte. Ediciones Matanzas.
  10. La hija del reo, de Sonia Díaz Corrales. Editorial Letras Cubanas.

De estos 7 autores y 3 autoras galardonados con el Premio de la Crítica, ediciones La Palma publicó, en años precedentes, obras de 3 de ellos. Son las siguientes:

1994: Poesía cubana de los años 80. Antología. La Colección Archipiélago, dirigida por Elsa López, publicó una antología de la creación poética cubana en la década del 80, donde aparecen los poemas “Fuera de toda lógica”, “Dicen que antes yo era el humo”, “Nada”, y “Los otros”, de Sonia Díaz Corrales

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2015: Malditos bastardos. El número inaugural de Colección G., dirigido por Gilberto Padilla, presenta una decena de autores y autoras de la Generación Año Cero, entre los que se encuentra Raúl Flores, con el relato “Extras”

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2016: Cuba: memoria y desolvido. El segundo número de Colección Cuba seleccionó la obra de crónicas periodísticas de José Antonio Michelena, cuyo libro gemelo, “Cuba en sepia”, se encuentra entre los premiados de 2015

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“Cuba en sepia”, de José Antonio Michelena, Premio de la Crítica en Literatura

La Habana, 2 de diciembre de 2016

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“Cuba en sepia”, del ensayista cubano José Antonio Michelena, gana el Premio de la Crítica en Literatura. Este importante galardón es otorgado por un jurado de críticos a los libros más importantes publicados durante el año en Cuba.

El libro está formado por breves crónicas sobre historias y costumbres cubanas que el autor se propone rescatar del olvido y traer al presente. A través de una labor ilustrada, que toma como base la búsqueda bibliográfica, Michelena se acerca al lector (y lectora) más heterogéneo y no solo lo seduce con la diversidad temática, sino que la brevedad, sencillez y espontaneidad de la narración hacen de ella una lectura amena y enriquecedora. Así, se reactiva la memoria (o el conocimiento) en el reencuentro con personajes y celebridades del ámbito cubano, la evocación de tradiciones vernáculas de antaño y el relato de sucesos memorables.

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“Cuba en sepia” es hermana gemela de “Cuba: Memoria y desolvido”, segundo volumen de la  Colección Cuba de ediciones La Palma, que fue editada en España en 2015 con un prólogo de Leonardo Padura.

Habíamos entrado en el siglo xxi cuando José Antonio Michelena comenzó a frecuentar esta tipología periodística. Tenía a sus espaldas la tradición fijada por tantos ilustres cultores del género y, además, su empeño se desarrollaría justo en unos de los períodos más lamentables del periodismo cubano (una verdad que muy pocos se atreven ya a rebatir).

Michelena preparó la edición, en 2015, de “Mural de poesía cubana”, número inaugural de la misma colección de ediciones La Palma, cuyo autor es el también ensayista cubano Virgilio López Lemus.

CARTELES DE CINE CUBANO

Ediciones La Palma, asociada a la Cinemateca de Cuba y a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo AECID, llevará a las librerías de toda España y al resto de países vía catálogo, el último trabajo de la Cinemateca sobre el cartel cubano, magistralmente editado por Gilberto Padilla y su equipo de Colección G.

En palabras de Luciano Castillo:

…Sin la música melodiosa compuesta porMichel Legrand para Los paraguas de Cherburgo (1964), de Jacques Demy, pero con el ritmo de una rumba, una guaracha o un son cubano, en otra ciudad portuaria, pero del Caribe, La Habana, nada proclive a una lluvia perenne, diseminados en importantes calles y parques de la capital cubana, aparecieron por esos primeros años de la década  prodigiosa de los sesenta, unas peculiares estructuras metálicas que la gente bautizó como «paraguas». No fueron diseñados para protegernos del sol inclemente o el aguacero eventual; cada uno mostraba ocho carteles cubanos de cine, más comúnmente llamados por lostranseúntes que se detenían a contemplarlos: «los afiches del ICAIC»…

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Y de Sara Vega:

…Todavía a finales de la década, los carteles continúan impresionando por su eficacia y belleza. Una obra casi olvidada, ejemplo de maestría en diseño e impresión, resultó Debemos saber (1979), de Antonio Fernández Reboiro para el documental de Idelfonso Ramos. Sobre un fondo magenta aparece una esfera en la que se observan dibujados los ojos y la nariz de un hombre, incluyendo el cabello. La visión resulta sobrecogedora y es un reto al espectador…
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En diciembre en librerías y en el catálogo de La Palma

Breve guía para rastrear escritoras cubanas

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Por: Javier Rabeiro Fragela

9 de marzo de 2013

Escribí esta especie de guía para un amigo brasileño de visita en Cuba, interesado de pronto en la literatura cubana escrita por mujeres. La escribí y se la entregué, ya que él estaba decidido a iniciar una búsqueda por todas las bibliotecas y librerías del país. Se trata de mi opinión sobre lo que he tenido la oportunidad de leer, de modo que hay muchas ausencias razonables. (No soy un lector sistemático, leo lo que me regalan, encuentro, hurto, o compro.) Pero de todas formas resulta una buena guía para quien de pronto se interese en buscar.

Pudiera comenzar con Juana Borrero, pero no vale la pena, sus poemas son tan espléndidos que hablan por sí solos, son un alegato contra el olvido del tiempo.

Con Gertrudis Gómez sucede lo mismo, nada que hacer.

Aurora Villar Buceta nunca publicó un libro, pero escribió varios cuentos. Abordó una literatura realista que, a pesar de tener ya más de cincuenta años, se siente lozana, refrescante, con innegables valores estéticos.

La expresividad de Dulce María está en cada uno de sus textos, son ondas electromagnéticas que empiezan a vibrar de solo acercarnos a sus libros.

Luego nos topamos con Dora Alonso y Fina García, ambas de una sensibilidad particular y recursos extraordinarios.

Nersys Felipe, María Elena Llana y Esther Díaz Llanillo aparecen después, con obras disímiles que van desde la más exquisita ternura hasta una observación de la línea entre lo posible y lo imposible.

La prolífica Marta Rojas impresiona con su erudición y sus vivencias.

Mirta Yánez aparece con el dominio de las historias que narra, ligado al encanto inevitable de su escritura.

Lina de Feria, llena de revelaciones y hallazgos, hace pensar más de una vez.

Mercedes Melo, con su explosión intertextual asombra, maravilla y enseña.

Nancy Morejón tiene el poder, no hay manera de comparar los latidos de sus versos.

Marilyn Bobes te puede hacer sangrar de placer, sobre todo con su poesía.

Gina Picart nos muestra una escritura bien bordada, con hilos fuertes, a veces epicúreos.

Aida Bahr clava su mirada, como una pica, en el lugar donde quiere que mires.

Mayra Montero nos narra su perspectiva. Algunos me han dicho que no hace literatura cubana porque no vive en Cuba, sin embargo, eso no tiene la menor importancia, ¿acaso no son cubanas Alejandra Pizarnik, Laura Esquivel, Nadine Gordimer, Margaret Atwood, J.K. Rowlings o Marguerite Yourcenar?

Laidi Fernández, a veces nostálgica, a veces divertida, nos insufla su aliento.

Mariela Varona es la emancipación, la libertad.

Mylene Fernández es la inspiración.

Nara Mansur nos canta con una voz histriónica y emotiva.

Anna Lidia Vega crea una enajenación en el lector, es como una droga, una vez que la lees no puedes vivir sin ella (deberían prohibirla).

Karla Suárez va en busca del rastro de la anécdota, su rocío es perdurable.

Haydée Sardiñas es el realismo con espejuelos azules.

Teresa Cárdenas hace magia con la tradición, enriquece el folclor con sus historias.

Ena Lucía Portela te mostrará la verdadera cara de las cosas, su ironía, unida a la argucia literaria, organizan incendios.

Rebeca Murga es para mí la introspección contenida, el pensamiento en su recorrido.

Mildre Hernández, no puedes morir sin robar sus escritos y leerlos en secreto como una carta dirigida a tu alma.

Gleyvis Coro, directa como una saeta, puede atravesarte en segundos.

Evelyn Pérez logra sacudir montañas. Cuidado.

Souleen Dell’Amico, su sensibilidad es trastornadora, léela a distancia.

Yanira Marimón, golpe seco y estremecedor.

Yordanka Almaguer, una suculenta experimentación clásica (si es posible que eso exista).

Adriana Normand, concisión sin límites.

Polina Martínez, hondura estructural, estética que reventará en tus manos.

Aymara Aymerich, lucidez encendida todo el tiempo.

Greity González, se me antoja como un moderno clasicismo con una elaboración terminada.

Agnieska Hernández, el desafuero, lo impensable.

Dazra Novak, aborda la escritura con puntos de vista que derretirán tu intelecto.

Yamila Peñalver, construye su texto con un cincel de apropiaciones sui generis.

Adriana Zamora, una voz que te perseguirá sin querer a todas partes, aun después de haber cerrado el libro.

Zulema de la Rúa, sensualidad pura.

Mónica Ravelo, caracterización de la intensidad.

Elaine Vilar, imaginación, alas en los pies.

Anisley Negrín, intensidad, bridas rotas, llegar a algo.

Marvelys Marrero, hay una marca en lo que toca (no se quita con jabón).

Jamila Medina sabe tender trampas con hilos de araña, caerás en ellas.

Liany Vento, tiene algo que decirte, ve a buscarlo.

Susana Haug, su lenguaje te tomará de la mano para señalar a lo lejos.

Legna Rodríguez, esde la erupción de sus palabras, ¿qué no se convierte en lava?

Marlene Lufriú, tendrás deseos de desayunar sus textos, saborearlos como un helado.

Hay más, muchas más que no he leído y tal vez leeré. Muchas veces me he preguntado cuál será la mejor de todas, cuál se burlará eternamente del tiempo. Una mañana le hice esa pregunta a Alberto Guerra. Fue una pregunta general, me refería a todos los escritores de la historia. Alberto sonrió, señaló a su izquierda y me dijo esta cosa interesante: “El mejor escritor de la historia será siempre el muchachito(a) de trece años que vive al doblar de la cuadra, ese que le ha mostrado sus textos inéditos a varias personas y que cuando se habla de literatura, ya tarde en la noche, sale a relucir como el muchachito(a) que escribe tremendos cuentos”.

Supongo que eso es lo que me ocurre con la literatura cubana escrita por mujeres. Después de leer un cuento o un libro me digo: ¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo estas mujeres escriben tan bien? ¿Cómo son tan buenas? Luego, por supuesto, le doy paso a la negación, cierro los ojos ante lo evidente. Me digo con los dedos cruzados: Son una mierda. No sirven para nada.

 

 

López-Nussa: un personaje raro en la cultura cubana

LUZ ESCOBAR, La Habana | Junio 09, 2016

Ante los ojos de los espectadores se abrió el mundo de líneas y manchas de López-Nussa. (14ymedio)

Las familias insignes han marcado la cultura cubana como cuerdas que recorren una estructura y la robustecen. Los Diego, los Loynaz y los Vitier son algunos ejemplos de esas estirpes cargadas de creadores y artistas. Entre ellas, los López-Nussa resaltan por su profusión y versatilidad. Este martes, la Biblioteca Nacional José Martí homenajeó a una de las figuras más destacadas de ese pródigo linaje: el dibujante y crítico de arte Leonel López-Nussa.

El árbol genealógico, repleto de músicos, pintores y escritores, estuvo representado por lo mejor de su descendencia. Ernán y Harold se sentaron al piano, Ruy hizo sonar con talento la batería y Ruy Adrián le sacó maravillas al cajón en un concierto casi íntimo dedicado al patriarca del clan. En el público se juntaban espectadores cercanos a la familia, con nietos, bisnietos y sobrinos del fallecido pintor y crítico de arte.

En este centenario de su nacimiento, muchos han recordado que Leonel López-Nussa vivió de niño en Puerto Rico, pero siendo joven marchó a México y después a Nueva York donde trabajó en el estudio del pintor Felipe Orlando. Fue justo en esa época en que mostró por primera vez sus obras al público. Poco tiempo después, desembarcó en París para empaparse del espíritu irreverente que marcaba la ciudad.

Algo de esa audacia se hizo sentir en el encuentro en la Biblioteca donde, a pesar de las intensas lluvias que deslucieron la jornada, se reunieron decenas de personas y primó la espontaneidad musical. El plato fuerte de la jornada recayó en la inauguración de la exposición La pintura respetuosa en la galería El reino de este mundo, de ese templo a los libros enclavado en la avenida Boyeros y 20 de Mayo.

Con un catálogo de lujo que incluye en sus 35 páginas dibujos, pinturas y varios textos, la muestra recoge la originalidad y frescura de este artista muchas veces relegado por los críticos y las antologías. Ante los ojos de los espectadores se abrió el mundo de líneas y manchas, por momentos crudas, de Ele Nussa, como también se le conocía.

Su trabajo como dibujante lo alternó en la redacción de varias revistas, como el suplemento Lunes de Revolución, donde se desempeñó como responsable de la página de artes y espectáculos. Pero su faceta más temida fue la de crítico cinematográfico y teatral, que realizaba muchas veces en la revista Bohemia y le generaba encontronazos y polémicas.

La exposición inaugurada este martes propone una mirada diferente que va más allá de los encasillamientos como dibujante y saca a relucir su obra como pintor. Sobre las paredes, las escenas aluden a temas recurrentes pero replanteados visualmente, como el amor, la historia, la abstracción y lo grotesco.

Especialistas y neófitos no dudan en clasificarlo como “un personaje raro en la cultura cubana”. La actual muestra intenta completar el rostro poco conocido de quien el crítico Rafael Acosta de Arriba llama “maestro de la línea”. Entre las casi 60 obras que pueden disfrutarse desde este martes en la Biblioteca, abunda la diversidad de formatos y técnicas, aunque predomina el óleo sobre tela junto a piezas en acrílico, o tinta sobre cartulina.

El reconocido crítico de arte Orlando Hernández comentó en su texto para el catálogo que “la obra plástica de Leonel López-Nussa quizá no ha sido de las más castigadas por nuestra habitual desmemoria gracias a la perseverante gestión de la familia, especialmente a la actividad de su hija Krysia”. Aunque reconoce que el autor “se halla aún muy lejos de alcanzar ese modesto, pero bien merecido Paraíso” entre “los clásicos”.

En declaraciones a 14ymedio, Ernán López-Nussa explicó que la exposición se logró “con el esfuerzo de personas allegadas y por el gran interés mostrado por el curador Nelson Herrera Ysla”. El artista lo considera como “un merecido homenaje” a su padre y aclara que varias piezas provienen de su estudio musical, pero sobre todo “de colecciones privadas de amigos que las han prestado para la exposición”.

La música jugó también un importante papel en la vida de Leonel López-Nussa. “Era algo que siempre estaba alrededor de él, en su estudio siempre escuchaba música”, recuerda su hijo. “Forzosamente tenía música alrededor suyo porque nosotros, o estábamos estudiando o estábamos ensayando”, apunta. “Incluso dormía siestas en medio de aquel escándalo tremendo”, por lo que la tarde de este martes, con los niños correteando por la sala de la Biblioteca Nacional, fue como uno de “esos días de la vida en los que se pintaba y se hacia música”.

 

El cartel de cine cubano llama dos veces.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo apoya el proyecto artístico de La Cinemateca de Cuba, en alianza con ediciones La Palma. El libro de cartelística del cine cubano será el 4º volumen de la Colección Cuba.

La obra consiste en la selección, diseño e impresión de un volumen que represente lo más destacado de la cartelística cubana hasta el presente (2015). El libro será preparado por la especialista en cartelística de la Cinemateca de Cuba Sara Vega Miche y antologado por su Director, Luciano Castillo. El diseño correrá a cargo de ediciones Cajachina (Colección G.), dirigido por Gilberto Padilla. La distribución comercial será realizada por UDL y catálogo de La Palma.

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Hasta ahora, los libros sobre el cartel cinematográfico cubano, nunca la mirada se ha focalizado exclusivamente en los carteles realizados para la cinematografía nacional, aspecto novedoso de este proyecto. A pesar de las ausencias, pues no a todos los filmes cubanos se le realizaron carteles (de hecho, filmes documentales, incluso muy importantes no tienen carteles y en peor caso se encuentra la animación), el libro representará una aproximación novedosa al tema.

El fondo digital de la Cinemateca de Cuba cuenta con más de 600 títulos de filmes cubanos y de coproducciones, de los cuales posee aproximadamente 520 imágenes. Hay muchos y muy buenos carteles de filmes cubanos que, al ser reproducidos en el libro propuesto, darían una validación en exclusiva, sin competir con los carteles realizados para filmes extranjeros, como ha ocurrido en otras publicaciones sobre el tema.

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La obra contará con un texto introductorio a propósito del tema y concerniente a la gráfica realizada por los emblemáticos diseñadores Eduardo muñoz  Bachs, Antonio Fernández  Reboiro, Alfredo Rostgaard, Antonio Pérez (Ñiko) entre otros y producida por la Cinemateca desde los años 60 hasta la actualidad. El análisis abarcará también lo relativo a los carteles producidos en los últimos tiempos en que una generación de jóvenes se ha encargado de la realización de la gráfica promocional del ICAIC y que en  algunos casos ha diseñado e impreso carteles desde los márgenes de lo alternativo.

Habrá una reproducción a toda página de una selección de los mejores carteles. Cada cartel aparecerá con su ficha correspondiente (título, autor, año, técnica y medidas). Los datos concernientes a la técnica y las medidas se definirá más adelante, pues en la mayoría de los casos la técnica (serigrafía) y medidas (76 x 51 cm) se repetirían.  Como no serán reproducidos todos los carteles, al final del libro aparecerán todos, en pequeño formato, como referencia del quehacer de esta gráfica referida al cine cubano. En este caso también estas imágenes tendrían suficha al pie.

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Al final del libro, habrá un apartado destinado a reproducir una selección de bocetos originales como expresión del proceso de entrega y adecuación de los diseños al tamaño estándar para serigrafía, artesanal técnica de impresión en la que fueron impresos la casi totalidad de los carteles.

La edición será de 1.000 ejemplares.

Ediciones La Palma publica ‘Cuba: Memoria y desolvido’

La obra del escritor y periodista cubano José Antonio Michelena es un libro de crónicas periodísticas.

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Ediciones La Palma ha publicado ‘Cuba: Memoria y desolvido’, un libro de crónicas periodísticas sobre la historia de Cuba del cubano José Antonio Michelena, escritor, periodista y editor.

En palabras de Leonardo Padura, “el resultado perseguido por Michelena al enfrascarse en esta aventura parece cumplido: un libro de periodismo coherente, ameno, profundo, bien documentado y, sobre todo, empeñado en el rescate y revitalización de una memoria de lo que fuimos y gracias a la cual podemos entender (¿podemos?) lo que somos”.

Desde los viajes de Cristóbal Colón a la Isla y su peculiar mirada sobre una realidad desconocida, explica Padura, “el cronista se mueve por toda la historia cubana y lo mismo relata las tropelías de los piratas que la cacería de demonios que se produjo en Remedios, la historia del ferrocarril y el tranvía en la Isla, o también, desde cuadros típicamente costumbristas, la importancia de los parques en la vida pueblerina, la práctica de las retretas, los usos del pregón, o la supervivencia del juego del dominó hasta retratos de personajes tan diversos como Edith Piaf y Sarah Bernhardt (en su paso por La Habana), Fulgencio Batista (y su destino final) o Máximo Gómez (y la desconocida faceta de su sentido del humor)”.

http://www.eldiario.es/lapalmaahora/cultura/Ediciones_La_Palma-Cuba-_Memoria_y_desolvido_0_484001989.html

La Cinemateca de Cuba asume nuevos retos

Cine 23 y 12, sede de la Cinemateca. Foto: Anabel Díaz

Si durante el 2015, conmemorativo de su aniversario 55, la Ci­ne­mateca de Cuba no se propuso entre sus múltiples planes digitalizar su nueva sede, el cine capitalino 23 y 12, gracias a la gestión de Iván Giroud, director del Festival Inter­nacional del Nuevo Cine Lati­noamericano, en di­ciembre pasado inauguró el equipamiento más moderno de su tipo en Cuba por la contribución del Istituto Luce-Ci­necittà y la Dirección General de Ci­nematografía del Ministerio de Bie­nes y Actividades Culturales de la República Italiana, con la colaboración de la Fondazione Ente dello Spe­ttacolo.

Paralelo a su fase de reorganización interna, la Cinemateca pretende la recuperación de sus principios fundacionales de atesorar todo el cine cubano y no solo la producción del Icaic. En tal sentido, incentivó el convenio de restauración de dos importantes filmes de Tomás Gutiérrez Alea: Una pelea cubana contra los demonios y Los sobrevivientes, que ya se acomete en la Aca­demia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Holly­wood.

Contactos con la Cinemateca de Bologna, consagrada a la restauración del patrimonio fílmico mundial y la formación de especialistas en el tema se avizoran muy pronto por su interés en ayudar en este empeño impostergable.

Con una periodicidad mensual el Cine Club Orson Welles —coauspiciado con la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica—, ofrece im­por­tantes estrenos en la Isla mientras que en el espacio Joris Ivens, Antonio Mazón, crítico y programador de la Cinemateca, presenta notorios documentales internacionales.

Ojea­da al cine cubano continúa cada martes su rememoración de la historia de la cinematografía criolla con la presencia de cineastas e intérpretes de los títulos programados y para el periodo febrero-abril anuncia el ciclo Otras miradas a la década prodigiosa de los sesenta, conformado por filmes de ficción y documentales no demasiado conocidos.

La presencia del gran cineasta iraní Abbas Kiarostami para inaugurar una retrospectiva de su obra fue la primera visita de un conjunto de relevantes figuras del cine contemporáneo. Para los próximos me­ses se anuncian a la japonesa Nao­mi Kawase y el ruso Serguei Lot­nitsa. El 18 Festival de Cine Fran­cés reserva varias sorpresas, al tiempo que se valora la realización en un futuro cercano de un Festival de Ci­ne Italiano de gran envergadura.

Terminar la remodelación del cine 23 y 12 —con su lumínico ya restablecido por el aporte del artista de la plástica Kadir—, es un propósito cardinal de la Cinemateca. Incluye el Café Buñuel (en colaboración con la Egrem), la librería Gérard Phi­lipe, primera de su tipo en Cuba es­pecializada en cine (por la Dis­tribuidora Nacional de Pe­lículas Icaic y la Cinemateca Fran­cesa), y el acondicionamiento de su galería expositiva y de una pequeña sala de proyecciones con el apoyo del Ministerio de Cultura.

La apertura de la mediateca Héc­tor García Mesa, recuperar el programa Cinemateca en TV y reanimar el viejo sueño de contar con un museo del cine son otros proyectos en distintas fases. Se añaden varios libros coordinados con las editoriales La Palma, de España (Bitácora del ci­ne cubano, en tres tomos y El cartel cubano llama dos veces); Letras Cubanas (50 años de cine cubano: 1959-2008); Oriente (Coor­denadas del Cine Cubano 4 y El nacimiento de una pasión. El cine en Cuba 1897-2014, de María E. Douglas) y Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau (Los días de Manuel Octavio Gó­mez, de Jorge Cal­derón).

Institución y referente decisivo en el programa de fomento de la cultura audiovisual, la Ci­nemateca de Cuba prestará especial atención al rediseño de la programación de la Cinemateca infantil y juvenil, por su incidencia en la formación de los nuevos espectadores de hoy y de mañana.

Mario Conde en sus Bodas de Plata

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Por José Antonio Michelena

Veinticinco años es una edad de plenitud juvenil para una persona,
pero registra otra connotación cuando se trata de un personaje que
vive en las páginas de los libros. Y esa es justamente la cifra que
alcanza, en 2016, el inefable, inquietante y popular Mario Conde,
protagonista de –hasta ahora– ocho novelas de Leonardo Padura, un
ciclo que muy apretadamente intentaremos recorrer.

Mario Conde inicia su recorrido novelesco en la edición de Pasado
perfecto que la Universidad de Guadalajara pusiera en circulación en
1991. Una de las paradojas que envuelven a Conde es su lugar de
alumbramiento: siendo raigalmente cubano fue a nacer a México.

No sabemos cómo fue la circulación internacional en esa primera
edición de Pasado Perfecto y cuántos ejemplares llegaron a Cuba,
porque solo hasta unos tres o cuatro años después pude leer la novela,
gracias a un préstamo del propio autor. Para entonces ya había leído
Vientos de Cuaresma, la segunda entrega de la saga.

Ese orden inverso no altera el resultado final de la lectura, la
cosmovisión que nos dejan las obras, porque las tramas de ambas
transcurren en 1989 al igual que las otras dos integrantes de la
tetralogía: Máscaras y Paisaje de otoño, solo que en estaciones
distintas. De hecho, los lectores cubanos, en su gran mayoría, no han
podido hacer una lectura ordenada de las novelas de Padura (ni estas
ni las siguientes) dado el alto grado de dificultad para acceder a las
mismas. (Son productos con mucha demanda y poca oferta en la isla.)

La sensación que nos produjeron esas dos novelas, devoradas más que
leídas, fue de júbilo y sorpresa por el hallazgo de una literatura
policial cubana distinta, novedosa, que se apartaba radicalmente del
agotado modelo que había imperado durante dos décadas. El logro del
escritor fue relevante: a un mismo tiempo colocaba sus libros en la
vanguardia de la narrativa local y del neopolicial iberoamericano.

Descubierto por los lectores cubanos en Vientos de cuaresma (1994), la
única cuya edición príncipe ha sido la cubana, la popularidad de Conde
no ha dejado de crecer con cada nueva entrega, en cada retorno del
personaje, según pasan los años.

¿Qué nos trajo este personaje, cuáles son sus atractivos, por qué
arrastra a los lectores de todo el mundo tras sus peripecias?

En primer lugar, por la cualidad esencial que se le pide a un
personaje literario: su credibilidad artística, su coherencia al
actuar y comunicarse en los diferentes espacios de la narración, en
los distintos ambientes de cada historia contada.

La construcción del personaje contiene una gran riqueza de elementos,
procedentes de fuentes diversas, con un rigor encomiable. El resultado
corona la aspiración máxima de un creador artístico: que su criatura
tenga una proyección orgánica al desenvolverse en diferentes tramas
argumentales y poseaidentidad, un sello propio.

Ese personaje no existía en la novela policial cubana anterior a
Padura, quien trae, a  ese género, a un policía verosímil en el campo
literarioque va a seguir “viviendo” después de la historia narrada en
cada obra.

Las cuatro primeras salidas de Mario Conde tienen un escenario común,
la sociedad cubana de 1989, año en que transcurrió el proceso de
encarcelación y enjuiciamiento de altos oficiales de las Fuerzas
Armadas y el Ministerio del Interior, sucesos que convulsionaron la
conciencia ciudadana; un cisma que se conjuga, en el exterior, con la
caída del Muro de Berlín.

Los crímenes que debe investigar en “Las cuatro estaciones” lo llevan
a zonas oscuras de la sociedad que habían permanecido sumergidas en la
anterior literatura genérica: la corrupción, el engaño, la doble
moral, la intolerancia ideológica, la homofobia, el enriquecimiento
ilícito, la prostitución, el arribismo. Tales son las “bondades” que
afloran en Pasado Perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras, y Paisaje
de Otoño.

Pero en las propias novelas, como un correlato de la trama criminal,
discurre la crónica de un grupo generacional (del Conde y sus amigos)
que ha tenido que enfrentar los embates de esos males con la fuerza de
la amistad y la solidaridad.

Luego de cerrado el ciclo de 1989, Mario Conde tiene otras dos
apariciones que transcurren en la década siguiente, en las noveletas La
cola de la serpiente y Adiós Hemingway.La primera surge de la
investigación que dio lugar al reportaje sobre el barrio chino de La
Habana; la segunda,a pesar de su brevedad, es un texto
significativo,en conexión con las ambiciosas novelas posteriores,y es
la primera referencia de Conde como cazador de libros de uso.

Como buscador de bibliotecas ocultas aparece ya plenamente en La
neblina del ayer, donde lo veremos en pugna con una sociedad diversa a
la de las novelas anteriores. Enfrascado en develar un enigma, Conde
se interna en La Habana profunda del nuevo milenio, en zonas marcadas
por la marginalidad ysemejan una ciudad recién bombardeada.En estos
escenarios, fijados en 2003, es acompañado por Yoyi el Palomo, un joven
ingeniero que posee, en altas dosis, las herramientas que le faltan a
Conde para el mundo de los negocios.

La última aparición de Mario Conde (en Herejes, 2013) registra nuevos
derroteros vitales porque es lanzado no ya tras la pista de un asesino
sino de una obra de arte tras de la cual hay un asesinato, pero
también una historia de casi cuatro siglos y muchas preguntas; tarea a
la que suma la búsqueda de una joven habanera desaparecida cuya seña
más notoria es pertenecer a una de las llamadas tribus urbanas.

Las interrogantes que persiguen a Mario Conde en esta obra son de
naturaleza filosófica, religiosa, política, artística, histórica,
sociológica, antropológica, una señal de cuánto ha evolucionado el
personaje de la mano de su creador.

Tras un cuarto de siglo de andadura, el expolicía navega ya en aguas
trasatlánticas junto al artífice que le dio vida, pero quien no
imaginó la trascendencia que tendría, el milagro de aquella creación.

Sin embargo, tal vez la pregunta que más sigue inquietando a Mario
Conde, es por qué sus novelas no circulan en Cuba como debe ser, por
qué sus lectores naturales deben sufrir tanto para acceder a ellas.

Esa misma interrogación nos hacemos los estudiosos de la obra de
Padura, porque también somos víctimas de ese crimen de lesa cultura.
Mi libro de ensayo (A)cercando a Leonardo Padura, impreso desde marzo
de 2015 después de un largo via crucis, hasta donde sabemos, no ha
circulado por las librerías del país. Es un enigma que Conde no ha
podido aclarar (aunque imagina los motivos).

(2016)

Disponible en: http://www.ipscuba.net/espacios/la-esquina-de-padura/miradas-cubanas/mario-conde-en-sus-bodas-de-plata/