Hay una muerte de la que nadie habla en La Habana

Diario Las Américas. Miami, 20 de diciembre de 2016 – 17:12  – Por Luis Leonel León

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En el más absoluto silencio falleció en La Habana José Ramón (Pepe) Fajardo, autor de “Nosotros vivimos en el submarino amarillo”, que estampó una época e inspiró a no pocos narradores de la isla

José Ramón Fajardo Atanes, Pepe o Monchi para sus amigos, acaba de morir en La Habana. El autor de Nosotros vivimos en el submarino amarillo, compendio de relatos que recoge de forma inigualable el choque de las primeras generaciones de la ilusión revolucionaria de los 60 y 70, con los muros de la verdadera realidad, dejó de respirar el pasado 11 de diciembre y aunque su obra y su intelecto lo sitúan en el mapa literario de la isla, su muerte ha pasado en el más absoluto anonimato, incluso hasta entre quienes integran la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), donde Pepe debió tener muchos conocidos.

La capital desolada donde vivió y murió Pepe, es una máquina demoledora que obliga a escapar a sus hijos lanzándolos al mar, haciéndolos atravesar la selva centroamericana o inspirando a tiernas muchachas a negociar sus cuerpos con turistas para salvarse de la indigencia y el fracaso. Es terrible contemplar cómo esta vergüenza nacional se ha vuelto casi normal, una pieza más de la sobrevida de las últimas generaciones.

Pero el castrismo no sólo sigue provocando que su pueblo huya, marchando desde la Plaza de la Revolución hacia el indetenible exilio. A los que se quedan, aferrados o prisioneros del pantano social, los aplasta como a cucarachas o los condena a un abrumador insilio. Unos subsisten heridos, otros fenecen.

Pepe murió en la desidia. Sin procurar ser contestatario, lo era por naturaleza, negando de un tajo el realismo socialista, describiendo y cuestionando un cosmos juvenil signado por las prohibiciones, la frustración, la decadencia. Con menos de 30 años, sin pretenderlo, los cuentos compendiados en Nosotros vivimos en el submarino amarillo le distinguieron como un escritor de referencia.

Un solo libro le bastó para ser el más extraordinario cuentista de su generación, marcar la diferencia y trazar un camino que inspiró a no pocos narradores de la isla. Título clave que jamás se volvió a editar y ni siquiera se puede encontrar de segunda mano. Una historia que, aún más descarnada, siguió escribiendo en un amargo y oscuro silencio. Como su muerte, de la que nadie habla.

No hay muchos detalles de su fallecimiento. No hubo autopsia y rápidamente fue cremado. Dicen que “estaba borracho, tuvo un infarto y cayó por las escaleras, o viceversa”. Al parecer dejó de respirar encerrado en su hogar, que de una mansión pasó a ser una cárcel ebria, un vacío, un espejismo con olor a bazofia quemada, como diría en uno de sus cuentos. Ni otros escritores, ni la prensa oficial cubana han escrito siquiera una línea sobre la muerte de este reconocido intelectual que nunca se fue de la isla. Como mismo se desentendieron de su vida han hecho con su muerte. Y puede que aún ni se hayan enterado.

Nacido el 13 de febrero de 1957 en La Habana, hizo sus primeros estudios en su barrio, La Víbora. Se graduó de Historia en el Instituto Pedagógico. Fue profesor, integró la Brigada de Instructores de Arte XX Aniversario (que se convirtió en la asociación de jóvenes creadores Hermanos Saíz), creó programas de radio, magacines literarios, publicó cuentos en revistas cubanas (Bohemia, La Gaceta de Cuba, Alma Mater, Letras Cubanas) e investigaciones en Cuadernos Americanos, de México. Nosotros vivimos en el submarino amarillo ganó en 1985 el concurso David de cuento, destinado a autores noveles, y el premio especial del certamen, que le valió un viaje a la extinta República Democrática Alemana, experiencia que compartió con su amigo el poeta y humorista Ramón Fernández-Larrea.

Dedicó su vida a la literatura. Lo hizo fervorosamente hasta que desencantado, enajenado, vencido, cada vez más solo, se refugió en ilícitos alcoholes ermitaños y se fue apagando. No todos los creadores están preparados para soportar el crecimiento imparable de la ruina social y salir airosos, o vivos, de la pelea contra los demonios de la indolencia, la vida vuelta una mueca triste, la miseria material y espiritual convertida en país. Fue de esos cubanos nacidos al filo del “triunfo de la revolución” que se formaron creyendo en los delirios del esquizofrénico proceso, y luego ni escaparon de la isla ni pudieron resistir dentro de sus márgenes. Ni siquiera su aguda ironía lo salvó.

Todo el descalabro que afectó al país a partir de la desaparición del bloque socialista de Europa del Este y los años más brutales del “Periodo Especial”, lo entristeció más de lo que su aliento podía tolerar. En 1989, yo a punto de graduarme del preuniversitario y él ya un escritor conocido, especulamos sobre el impacto que podía significar para Cuba la caída del Muro de Berlín y el plebiscito de Chile. Leíamos con expectativa las revistas Novedades de Moscú y Sputnik, que pronto fueron prohibidas por el régimen cubano. Pero a mediados de los 90’, aquella utopía despedazada contribuyó a su letargo y se enclaustró en su biblioteca bañado de azuquín [brebaje preparado a partir de la destilación casera de alcohol, que se consume en Cuba, a falta de bebidas debidamente elaboradas].

No se ayudó mucho a sí mismo -porque no se daba cuenta de su desplome o porque escogió desplomarse lentamente- pero siempre le gustó ayudar. En 1988 me publicó mis primeros poemas en La Abeja, pequeña revista literaria que editaba en la Casa de la Cultura de Arroyo Naranjo. Fue mentor de escritores y aficionados a las letras en su Taller Literario Carlos Enríquez, homenaje al pintor y escritor que vivió en esa localidad, en cuya casa-museo organizaba eventos junto a su excompañera, el amor de su vida, la asesora literaria Lourdes Zayón, recientemente exiliada en EEUU. Hace más de una década, el alcoholismo fue el motivo de su separación. No poder detener la caída de Pepe, la hirió a ella tanto como a él, aunque, sin suerte, siguió intentando rescatarlo del naufragio.

toda esa gente

Al poco tiempo de crearse el sanatorio Los Cocos donde el régimen recluyó a los contagiados con VIH, Pepe y Lourdes crearon un Taller Literario dentro de esos muros, La montaña mágica, inspirando a los enfermos a través de la literatura y las artes. De esos intensos encuentros de los años 90’ surgió la antología Toda esa gente solitaria, 18 cuentos cubanos sobre el SIDA, publicada en 1997. El título, al igual que su submarino amarillo, fue tomado de una canción de Lennon y McCartney, Eleanor Rigby. Los Beatles lo influyeron de manera especial. Eran parte de su inspiración y de su refugio. Escuchaba sus discos y era como si escapara de un tiempo que se negaba a aceptar.

Su escritor predilecto era J. D. Salinger, creador del icónico Seymour Glass, famoso por su novela The Catcher in the Rye, publicada en Cuba como El guardián en el trigal, que me regaló y aún conservo. Sentía gran fascinación por el destino de los personajes de Salinger. El aislamiento del autor estadounidense era una especie de espejo, entre el amor y el odio.

Gracias a él conocí la posmodernidad de Umberto Eco, los trópicos de Henry Miller, la Generación Beat (Jack Kerouac, William Burroughs, Allen Ginsberg, Philip Lamantia, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti), los cuentos de Hemingway, la tierra baldía de T. S. Eliot, los heterónimos de Fernando Pessoa, el mundo de Vargas Llosa, La Habana de Cabrera Infante. Títulos difíciles conseguir como Fuera del juego de Heberto Padilla, Condenados de Condado de Norberto Fuentes y las novelas de Lichi Diego.

Me presentó a otro amigo, Yonny Ibáñez, nieto de Juan Gualberto Gómez, que me prestó libros proscritos de Reinaldo Arenas y Severo Sarduy, y en su residencia de Mantilla, jóvenes nacidos en los 60’ y 70’, retomamos en los 90’ La Ciudad Celeste, peña fundada por Virgilio Piñera, como nuestro abrazo a lo que el eufemístico Quinquenio gris había marginado.

Recuerdo cuando Pepe me llamó para hacerme saber el crimen masivo del remolcador 13 de Marzo, donde murieron ahogadas más de 40 personas, entre ellos 10 menores, hundidos exprofeso por agentes de la dictadura. A su lado Lourdes lloraba porque su colega Cary Ruíz y su hijo de tres años estaban entre los asesinados por orden de Fidel Castro para escarmentar a quienes intentaban fugarse de una isla que sentían perdida. Dejó que Lourdes me contara mientras miraba a través del ventanal, creo que al vacío, casi no habló. Estuvo una semana sin presentarse en la Casa de la Cultura. Aquella tarde no bebió, pero no tardaría en hacerlo otra vez, y cada vez más. Era su océano salvador.

Ya entregado a la evasión que el alcohol significaba, escribió poco, pero no dejó de escribir. En los 90’ tenía otro libro de cuentos, un grito silente que jamás publicó. Y había empezado a escribir una novela que no sé si terminó. Su encierro era vehemente. Sólo algunos tuvimos el rarísimo privilegio de conocer sus textos secretos, escritos en una vieja Underwood portátil (nunca se adaptó a teclear sus historias directamente en la computadora) y que no leía él, prefería que lo hiciéramos en el silencio de su biblioteca, mientras tomaba ron con té, mezcla que disfrutaba y que hacía “durar más el material”, solía decir. Aquellos relatos eran la imagen literaria más fecunda de la consumación de la catástrofe cubana.

Su actitud contestataria no sólo la expresaba desde la literatura. Una vez un agente de la Seguridad del Estado lo visitó para decirle que no invitara más al escritor Fabio Hurtado a su Taller Literario porque era un desafecto. Escuchó pacientemente al policía, sin decirle sí o no, pero al poco tiempo Fabio fue jurado del concurso del Taller y siguió visitándonos. Gracias a ello me hice amigo del señor de barba y cabello largos, encanecidos, que había visto vendiendo flores por La Víbora sin saber que era un poeta disidente.

En su casa, un castillo que sobrevivía en medio del descalabro, solíamos juntarnos escritores de su Taller. Custodiados por su dóberman Sting y “armados” con botellas de ron o cualquier invento sustituto, infinitas noches hablamos de literatura, política, historia, intercambiamos libros, casetes, discos de acetato, chistes “contra el gobierno”, como le gustaba acotar, o seguimos el campeonato nacional de baseball en su viejo radio Selena, pues siempre le gustó más escuchar los partidos que verlos por televisión. Unos siguieron otros caminos. Otros nos fuimos del país. Y Pepe casi que se quedó solo.

Hace menos de dos años vino a Miami por primera y única vez para reencontrarse con su padre, a quien no veía desde que era un muchacho. No importaba si le mostraba lugares atractivos, cenábamos en un exquisito restaurante, lo llevara a Barnes & Noble a comprar Todo Marlowe de Raymond Chandler o descubriera el sushi. Nada era más necesario que unas cuantas cervezas y cajas de cigarros. Se quejaba de que en casa de su padre le permitían fumar algún que otro cigarrillo, pero beber le estaba prohibido y por eso quería regresar a La Habana donde sí le daban todo el alcohol que quisiera. Seguía riendo, aunque mostrando una apaleada dentadura. Más que delgado estaba consumido y tenía hematomas en los brazos. Había envejecido demasiado. Me alegraba ver al gran amigo que hacía años no veía, pero me dolía el destino que su imagen avizoraba.

Para celebrar los 30 años de Nosotros vivimos en el submarino amarillo, planeamos una reedición conmemorativa con textos de varios colegas, ilustraciones de Armando Tejuca y una entrevista que le haría a su regreso en 2017. Editaríamos uno o dos libros con sus cuentos inéditos y me mostraría la vieja novela que -como Pasternak- hacía años estaba escribiendo. Aceptó destapar el baúl a cambio de traerme mis primeros cuadernos de poemas, que jamás publiqué y que él conservaba desde finales de los 80’. Le di mi palabra de que también los publicaría. Celebraríamos en Miami su 60 cumpleaños con todo esto. Pero no pudo ser. Siento mucho que quienes le quisimos y admiramos no pudimos salvarle. Ahora sólo nos queda salvar su literatura. Ojalá podamos hacerlo.

http://www.diariolasamericas.com/america-latina/hay-una-muerte-la-que-nadie-habla-n4110558

Ediciones La Palma ha publicado a 3 de los 10 autor@s cuyas obras ganaron los Premios de la Crítica Literaria en Cuba para los libros publicados en 2015

En la tarde del pasado jueves 15 de diciembre, se efectuó en La Habana la entrega del Premio de la Crítica Literaria a los 10 libros más importantes, de autores nacionales, publicados en Cuba durante el pasado año. Un jurado, integrado por 7 miembros del Círculo de la Crítica, presidido por la doctora Margarita Mateo Palmer, otorgó los premios, atendiendo, principalmente, a su calidad literaria y a su importancia, según consta en el acta enviada a los medios por el Instituto Cubano del Libro. Las obras distinguidas son:

  1. El convidado del juicio, de Antón Arrufat. Ediciones UNIÓN.
  2. Encuentros cercanos de vario tipo (ensayos sobre literaturas en diálogo), de Mayerín Bello. Editorial Letras Cubanas.
  3. El niño congelado, de Mildre Hernández. Editorial Casa de las Américas.
  4. Virgilio Piñera al borde de la ficción, de Carlos Aníbal Alonso y Pablo Argüelles Acosta. Tomos I y II. Coedición Editorial Letras Cubanas y Editorial UH.
  5. La cinta métrica, de Efraín Rodríguez Santana. Ediciones UNIÓN.
  6. Cuba en sepia, de José Antonio Michelena. Ediciones Boloña.
  7. Recreos para la burocracia, de Sigfredo Ariel. Ediciones UNIÓN.
  8. trillos/ precipicios/ concurrencias, de Alfredo Zaldívar. Ediciones Matanzas.
  9. Esperando por el sol, de Raúl Flores Iriarte. Ediciones Matanzas.
  10. La hija del reo, de Sonia Díaz Corrales. Editorial Letras Cubanas.

De estos 7 autores y 3 autoras galardonados con el Premio de la Crítica, ediciones La Palma publicó, en años precedentes, obras de 3 de ellos. Son las siguientes:

1994: Poesía cubana de los años 80. Antología. La Colección Archipiélago, dirigida por Elsa López, publicó una antología de la creación poética cubana en la década del 80, donde aparecen los poemas “Fuera de toda lógica”, “Dicen que antes yo era el humo”, “Nada”, y “Los otros”, de Sonia Díaz Corrales

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2015: Malditos bastardos. El número inaugural de Colección G., dirigido por Gilberto Padilla, presenta una decena de autores y autoras de la Generación Año Cero, entre los que se encuentra Raúl Flores, con el relato “Extras”

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2016: Cuba: memoria y desolvido. El segundo número de Colección Cuba seleccionó la obra de crónicas periodísticas de José Antonio Michelena, cuyo libro gemelo, “Cuba en sepia”, se encuentra entre los premiados de 2015

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Dan a conocer Premios de la Crítica Literaria de Cuba, 2015

Maykel Paneque, La Habana,16 de diciembre de 2016

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Una decena de títulos de importantes casas editoriales del país recibieron este jueves el Premio de la Crítica Literaria 2015 en el Centro Cultural Dulce María Loynaz (CCDML) en una ceremonia presidida por Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro (ICL).

El convidado del juicio, del Premio Nacional de Literatura Antón Arrufat, La cinta métrica, de Efraín Rodríguez Santana y Recreos para la burocracia, de Sigfredo Ariel, fueron los libros seleccionados del catálogo de Ediciones Unión.

La hija del reo, de Sonia Díaz Corrales, Encuentros cercanos de vario tipo (ensayos sobre literaturas en diálogo), de Mayerín Bello, y Virgilio Piñera al borde la ficción, compilación de textos hecha por Carlos Aníbal Alfonso y Pablo Argüelles Acosta (tomo I y II), encabezaron los títulos de la Editorial Letras Cubanas, este último en coedición con Editorial UH.

Ediciones Matanzas se llevó dos galardones otorgados a trillos / precipicios / concurrencias, de Alfredo Zaldívar, y Esperando por el sol, de Raúl Flores Iriarte.

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El niño congelado, de Mildre Hernández, (Fondo Editorial Casa de las Américas) y Cuba en sepia, de José Antonio Michelena (Ediciones Boloña) completan los títulos seleccionados.

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Al acto de entrega del Premio de la Crítica Literaria 2015 asistieron también Juan Carlos Santana y Edel Morales, vicepresidentes del ICL, y Jesús David Curbelo, director del CCDML.

El Premio Anual de la Crítica se adjudica a los libros de literatura y arte más importantes publicados por las casas editoriales cubanas durante el periodo de un año, resaltó un comunicado.

Trascendió además que el premio es convocado desde el Centro Cultural Dulce María Loynaz por el Instituto Cubano del Libro y la deliberación la efectúan miembros del Círculo de la Crítica Literaria. El objetivo del galardón es estimular tanto la creación de los autores como el trabajo de las editoriales.

El jurado, presidido por Margarita Mateo Palmer, lo integraron: Daniel Díaz Mantilla, Marilyn Bobes, Cira Romero, Zaida Capote, Eugenio Marrón y David Leyva, cuyo veredicto tuvo lugar el lunes 14 de noviembre en el CCDML.

Editado por: Nora Lelyen Fernández

Tomado de: http://www.cubaliteraria.com/articulo.php?idarticulo=19979&idseccion=30

 

Luis Antonio de Villena y Virgilio López Lemus conversan sobre poética cubana, bajo la atenta mirada de Justo Jorge Padrón

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El lunes 5 de enero, en la reluciente librería Juan Rulfo de Madrid (Fernando el Católico 86), el poeta español Luis Antonio de Villena y su homólogo cubano, Virgilio López Lemus, disertaron durante una hora sobre los aspectos más personales de la poesía en sus vidas.

Destacó la presencia del poeta canario Justo Jorge Padrón, quien guarda una antigua amistad con ambos poetas.

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Si bien el autor de “Mural de poesía cubana” optó por encuadrar la poesía seleccionada como itinerario de la conformación de la identidad cubana (antes incluso de la Independencia de la Isla), Luis Antonio prefirió acercar la poesía cubana a su vida y rescatar multitud de viviencias y anécdotas con poetas cubanos, tales como Gastón baquero y otros menos conocidos.

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El momento poético no fue ajeno al político y ocurrieron numerosas alusiones a este último. No obstante, para bien de los presentes, el acto transcurrió en clave fraterna.

Luis Antonio aprovechó para animar a La Palma (y a Virgilio en particular) a editar un segundo volumen de poesía cubana donde se recojan autores (y autoras) que no pudieron ser incluidos en este, nacidos ya en el Siglo XX. Especial mención hizo de poetas como Lezama Lima, Emilio Ballagas, Dulce María Loynaz o el propio Baquero.

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Virgilio enseguida sumó a otros, tales como Cintio Vitier, Carilda Oliver (ayer muchos de nosotros supimos que la autora de “me desordeno, amor, me desordeno” vive en La Habana a sus 93 años), Fina García Marruz, Virgilio Piñera o Nicolás Guillén.

“Cuba en sepia”, de José Antonio Michelena, Premio de la Crítica en Literatura

La Habana, 2 de diciembre de 2016

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“Cuba en sepia”, del ensayista cubano José Antonio Michelena, gana el Premio de la Crítica en Literatura. Este importante galardón es otorgado por un jurado de críticos a los libros más importantes publicados durante el año en Cuba.

El libro está formado por breves crónicas sobre historias y costumbres cubanas que el autor se propone rescatar del olvido y traer al presente. A través de una labor ilustrada, que toma como base la búsqueda bibliográfica, Michelena se acerca al lector (y lectora) más heterogéneo y no solo lo seduce con la diversidad temática, sino que la brevedad, sencillez y espontaneidad de la narración hacen de ella una lectura amena y enriquecedora. Así, se reactiva la memoria (o el conocimiento) en el reencuentro con personajes y celebridades del ámbito cubano, la evocación de tradiciones vernáculas de antaño y el relato de sucesos memorables.

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“Cuba en sepia” es hermana gemela de “Cuba: Memoria y desolvido”, segundo volumen de la  Colección Cuba de ediciones La Palma, que fue editada en España en 2015 con un prólogo de Leonardo Padura.

Habíamos entrado en el siglo xxi cuando José Antonio Michelena comenzó a frecuentar esta tipología periodística. Tenía a sus espaldas la tradición fijada por tantos ilustres cultores del género y, además, su empeño se desarrollaría justo en unos de los períodos más lamentables del periodismo cubano (una verdad que muy pocos se atreven ya a rebatir).

Michelena preparó la edición, en 2015, de “Mural de poesía cubana”, número inaugural de la misma colección de ediciones La Palma, cuyo autor es el también ensayista cubano Virgilio López Lemus.

CARTELES DE CINE CUBANO

Ediciones La Palma, asociada a la Cinemateca de Cuba y a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo AECID, llevará a las librerías de toda España y al resto de países vía catálogo, el último trabajo de la Cinemateca sobre el cartel cubano, magistralmente editado por Gilberto Padilla y su equipo de Colección G.

En palabras de Luciano Castillo:

…Sin la música melodiosa compuesta porMichel Legrand para Los paraguas de Cherburgo (1964), de Jacques Demy, pero con el ritmo de una rumba, una guaracha o un son cubano, en otra ciudad portuaria, pero del Caribe, La Habana, nada proclive a una lluvia perenne, diseminados en importantes calles y parques de la capital cubana, aparecieron por esos primeros años de la década  prodigiosa de los sesenta, unas peculiares estructuras metálicas que la gente bautizó como «paraguas». No fueron diseñados para protegernos del sol inclemente o el aguacero eventual; cada uno mostraba ocho carteles cubanos de cine, más comúnmente llamados por lostranseúntes que se detenían a contemplarlos: «los afiches del ICAIC»…

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Y de Sara Vega:

…Todavía a finales de la década, los carteles continúan impresionando por su eficacia y belleza. Una obra casi olvidada, ejemplo de maestría en diseño e impresión, resultó Debemos saber (1979), de Antonio Fernández Reboiro para el documental de Idelfonso Ramos. Sobre un fondo magenta aparece una esfera en la que se observan dibujados los ojos y la nariz de un hombre, incluyendo el cabello. La visión resulta sobrecogedora y es un reto al espectador…
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En diciembre en librerías y en el catálogo de La Palma

Breve guía para rastrear escritoras cubanas

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Por: Javier Rabeiro Fragela

9 de marzo de 2013

Escribí esta especie de guía para un amigo brasileño de visita en Cuba, interesado de pronto en la literatura cubana escrita por mujeres. La escribí y se la entregué, ya que él estaba decidido a iniciar una búsqueda por todas las bibliotecas y librerías del país. Se trata de mi opinión sobre lo que he tenido la oportunidad de leer, de modo que hay muchas ausencias razonables. (No soy un lector sistemático, leo lo que me regalan, encuentro, hurto, o compro.) Pero de todas formas resulta una buena guía para quien de pronto se interese en buscar.

Pudiera comenzar con Juana Borrero, pero no vale la pena, sus poemas son tan espléndidos que hablan por sí solos, son un alegato contra el olvido del tiempo.

Con Gertrudis Gómez sucede lo mismo, nada que hacer.

Aurora Villar Buceta nunca publicó un libro, pero escribió varios cuentos. Abordó una literatura realista que, a pesar de tener ya más de cincuenta años, se siente lozana, refrescante, con innegables valores estéticos.

La expresividad de Dulce María está en cada uno de sus textos, son ondas electromagnéticas que empiezan a vibrar de solo acercarnos a sus libros.

Luego nos topamos con Dora Alonso y Fina García, ambas de una sensibilidad particular y recursos extraordinarios.

Nersys Felipe, María Elena Llana y Esther Díaz Llanillo aparecen después, con obras disímiles que van desde la más exquisita ternura hasta una observación de la línea entre lo posible y lo imposible.

La prolífica Marta Rojas impresiona con su erudición y sus vivencias.

Mirta Yánez aparece con el dominio de las historias que narra, ligado al encanto inevitable de su escritura.

Lina de Feria, llena de revelaciones y hallazgos, hace pensar más de una vez.

Mercedes Melo, con su explosión intertextual asombra, maravilla y enseña.

Nancy Morejón tiene el poder, no hay manera de comparar los latidos de sus versos.

Marilyn Bobes te puede hacer sangrar de placer, sobre todo con su poesía.

Gina Picart nos muestra una escritura bien bordada, con hilos fuertes, a veces epicúreos.

Aida Bahr clava su mirada, como una pica, en el lugar donde quiere que mires.

Mayra Montero nos narra su perspectiva. Algunos me han dicho que no hace literatura cubana porque no vive en Cuba, sin embargo, eso no tiene la menor importancia, ¿acaso no son cubanas Alejandra Pizarnik, Laura Esquivel, Nadine Gordimer, Margaret Atwood, J.K. Rowlings o Marguerite Yourcenar?

Laidi Fernández, a veces nostálgica, a veces divertida, nos insufla su aliento.

Mariela Varona es la emancipación, la libertad.

Mylene Fernández es la inspiración.

Nara Mansur nos canta con una voz histriónica y emotiva.

Anna Lidia Vega crea una enajenación en el lector, es como una droga, una vez que la lees no puedes vivir sin ella (deberían prohibirla).

Karla Suárez va en busca del rastro de la anécdota, su rocío es perdurable.

Haydée Sardiñas es el realismo con espejuelos azules.

Teresa Cárdenas hace magia con la tradición, enriquece el folclor con sus historias.

Ena Lucía Portela te mostrará la verdadera cara de las cosas, su ironía, unida a la argucia literaria, organizan incendios.

Rebeca Murga es para mí la introspección contenida, el pensamiento en su recorrido.

Mildre Hernández, no puedes morir sin robar sus escritos y leerlos en secreto como una carta dirigida a tu alma.

Gleyvis Coro, directa como una saeta, puede atravesarte en segundos.

Evelyn Pérez logra sacudir montañas. Cuidado.

Souleen Dell’Amico, su sensibilidad es trastornadora, léela a distancia.

Yanira Marimón, golpe seco y estremecedor.

Yordanka Almaguer, una suculenta experimentación clásica (si es posible que eso exista).

Adriana Normand, concisión sin límites.

Polina Martínez, hondura estructural, estética que reventará en tus manos.

Aymara Aymerich, lucidez encendida todo el tiempo.

Greity González, se me antoja como un moderno clasicismo con una elaboración terminada.

Agnieska Hernández, el desafuero, lo impensable.

Dazra Novak, aborda la escritura con puntos de vista que derretirán tu intelecto.

Yamila Peñalver, construye su texto con un cincel de apropiaciones sui generis.

Adriana Zamora, una voz que te perseguirá sin querer a todas partes, aun después de haber cerrado el libro.

Zulema de la Rúa, sensualidad pura.

Mónica Ravelo, caracterización de la intensidad.

Elaine Vilar, imaginación, alas en los pies.

Anisley Negrín, intensidad, bridas rotas, llegar a algo.

Marvelys Marrero, hay una marca en lo que toca (no se quita con jabón).

Jamila Medina sabe tender trampas con hilos de araña, caerás en ellas.

Liany Vento, tiene algo que decirte, ve a buscarlo.

Susana Haug, su lenguaje te tomará de la mano para señalar a lo lejos.

Legna Rodríguez, esde la erupción de sus palabras, ¿qué no se convierte en lava?

Marlene Lufriú, tendrás deseos de desayunar sus textos, saborearlos como un helado.

Hay más, muchas más que no he leído y tal vez leeré. Muchas veces me he preguntado cuál será la mejor de todas, cuál se burlará eternamente del tiempo. Una mañana le hice esa pregunta a Alberto Guerra. Fue una pregunta general, me refería a todos los escritores de la historia. Alberto sonrió, señaló a su izquierda y me dijo esta cosa interesante: “El mejor escritor de la historia será siempre el muchachito(a) de trece años que vive al doblar de la cuadra, ese que le ha mostrado sus textos inéditos a varias personas y que cuando se habla de literatura, ya tarde en la noche, sale a relucir como el muchachito(a) que escribe tremendos cuentos”.

Supongo que eso es lo que me ocurre con la literatura cubana escrita por mujeres. Después de leer un cuento o un libro me digo: ¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo estas mujeres escriben tan bien? ¿Cómo son tan buenas? Luego, por supuesto, le doy paso a la negación, cierro los ojos ante lo evidente. Me digo con los dedos cruzados: Son una mierda. No sirven para nada.

 

 

López-Nussa: un personaje raro en la cultura cubana

LUZ ESCOBAR, La Habana | Junio 09, 2016

Ante los ojos de los espectadores se abrió el mundo de líneas y manchas de López-Nussa. (14ymedio)

Las familias insignes han marcado la cultura cubana como cuerdas que recorren una estructura y la robustecen. Los Diego, los Loynaz y los Vitier son algunos ejemplos de esas estirpes cargadas de creadores y artistas. Entre ellas, los López-Nussa resaltan por su profusión y versatilidad. Este martes, la Biblioteca Nacional José Martí homenajeó a una de las figuras más destacadas de ese pródigo linaje: el dibujante y crítico de arte Leonel López-Nussa.

El árbol genealógico, repleto de músicos, pintores y escritores, estuvo representado por lo mejor de su descendencia. Ernán y Harold se sentaron al piano, Ruy hizo sonar con talento la batería y Ruy Adrián le sacó maravillas al cajón en un concierto casi íntimo dedicado al patriarca del clan. En el público se juntaban espectadores cercanos a la familia, con nietos, bisnietos y sobrinos del fallecido pintor y crítico de arte.

En este centenario de su nacimiento, muchos han recordado que Leonel López-Nussa vivió de niño en Puerto Rico, pero siendo joven marchó a México y después a Nueva York donde trabajó en el estudio del pintor Felipe Orlando. Fue justo en esa época en que mostró por primera vez sus obras al público. Poco tiempo después, desembarcó en París para empaparse del espíritu irreverente que marcaba la ciudad.

Algo de esa audacia se hizo sentir en el encuentro en la Biblioteca donde, a pesar de las intensas lluvias que deslucieron la jornada, se reunieron decenas de personas y primó la espontaneidad musical. El plato fuerte de la jornada recayó en la inauguración de la exposición La pintura respetuosa en la galería El reino de este mundo, de ese templo a los libros enclavado en la avenida Boyeros y 20 de Mayo.

Con un catálogo de lujo que incluye en sus 35 páginas dibujos, pinturas y varios textos, la muestra recoge la originalidad y frescura de este artista muchas veces relegado por los críticos y las antologías. Ante los ojos de los espectadores se abrió el mundo de líneas y manchas, por momentos crudas, de Ele Nussa, como también se le conocía.

Su trabajo como dibujante lo alternó en la redacción de varias revistas, como el suplemento Lunes de Revolución, donde se desempeñó como responsable de la página de artes y espectáculos. Pero su faceta más temida fue la de crítico cinematográfico y teatral, que realizaba muchas veces en la revista Bohemia y le generaba encontronazos y polémicas.

La exposición inaugurada este martes propone una mirada diferente que va más allá de los encasillamientos como dibujante y saca a relucir su obra como pintor. Sobre las paredes, las escenas aluden a temas recurrentes pero replanteados visualmente, como el amor, la historia, la abstracción y lo grotesco.

Especialistas y neófitos no dudan en clasificarlo como “un personaje raro en la cultura cubana”. La actual muestra intenta completar el rostro poco conocido de quien el crítico Rafael Acosta de Arriba llama “maestro de la línea”. Entre las casi 60 obras que pueden disfrutarse desde este martes en la Biblioteca, abunda la diversidad de formatos y técnicas, aunque predomina el óleo sobre tela junto a piezas en acrílico, o tinta sobre cartulina.

El reconocido crítico de arte Orlando Hernández comentó en su texto para el catálogo que “la obra plástica de Leonel López-Nussa quizá no ha sido de las más castigadas por nuestra habitual desmemoria gracias a la perseverante gestión de la familia, especialmente a la actividad de su hija Krysia”. Aunque reconoce que el autor “se halla aún muy lejos de alcanzar ese modesto, pero bien merecido Paraíso” entre “los clásicos”.

En declaraciones a 14ymedio, Ernán López-Nussa explicó que la exposición se logró “con el esfuerzo de personas allegadas y por el gran interés mostrado por el curador Nelson Herrera Ysla”. El artista lo considera como “un merecido homenaje” a su padre y aclara que varias piezas provienen de su estudio musical, pero sobre todo “de colecciones privadas de amigos que las han prestado para la exposición”.

La música jugó también un importante papel en la vida de Leonel López-Nussa. “Era algo que siempre estaba alrededor de él, en su estudio siempre escuchaba música”, recuerda su hijo. “Forzosamente tenía música alrededor suyo porque nosotros, o estábamos estudiando o estábamos ensayando”, apunta. “Incluso dormía siestas en medio de aquel escándalo tremendo”, por lo que la tarde de este martes, con los niños correteando por la sala de la Biblioteca Nacional, fue como uno de “esos días de la vida en los que se pintaba y se hacia música”.

 

Bitácora del cine cubano: Volumen III. Producción ICAIC 1960-2014

El Ministerio de Cultura de España apoya el proyecto de ediciones La Palma para difundir el patromonio cinematográfico cubano

Dentro de la colección Cuba, ediciones La Palma, consolida su alianza con la Cinemateca de Cuba, en la persona de su Director, Luciano Castillo. Fruto de la relación entre la institución cultural cubana y la editorial española, la Cinemateca ha encargado a La Palma que represente su reciente obra en España, denominada: “Bitácora del cine cubano”, un compendio de la historia del cine cubano en 3 volúmenes.

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Estos volúmenes constituirán la única referencia de su tipo sobre la producción fílmica cubana, desde el cine silente hasta 1959 y a partir de la constitución del ICAIC hasta el año 2013. El presente proyecto puede entenderse como el producto de años o décadas de recuperación del patrimonio fílmico cubano, siendo éste la guía o bitácora, entendido como andadura, revisión, ampliación y rectificación. En su origen, la bitácora fue un cajón donde permanecía el libro de ruta para verificaciones constantes de la travesía, era el reservorio del conocimiento. Así debe verse este conjunto de informaciones que detallan un oficio, una afición y un placer comenzado en los albores del cinematógrafo, que fueron los del siglo xx.

 

La Cinemateca de Cuba, en años recientes, comenzó a vivir un anhelado programa de restauración, digitalización de toda la producción, cumpliendo así su primer objetivo: preservar la memoria; para cumplimentar inmediatamente su segundo objetivo: el educativo, el de difundir esa memoria, para el enriquecimiento de todos. La “Bitácora” es parte esencial en el logro de este propósito. Aquí se reúne la información mayoritaria de la producción cinematográfica cubana, y tácitamente se evidencia la necesidad de acometer una información complementaria sobre la parte que falta: las películas no pertenecientes al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) como empresa señera. Es una contradicción que solamente explican las circunstancias en que ha trabajado la Cinemateca de Cuba, creada, regida y mantenida por el aparato central de la producción audiovisual cubana durante más de medio siglo. Las películas que no controlaba, ya fueran institucionales, de grupos o individuales, en el trabajo cinematecario quedaban en el simple archivado de informaciones, reportajes y crónicas periodísticas. Y el actual compendio surge, precisamente, en un tiempo-bisagra, período de cambios en que esa producción-otra adquiere gravitación. Aceptar el reclamo implica un punto de giro. A no dudarlo, su información será una adenda de este libro.

Contrario a la magnificación que se le otorga en la distancia, el clima tropical no es tan benigno como se piensa, con temperaturas altísimas y supremos grados de humedad, donde la polución más que crecer, se perpetúa. El estado crítico del celuloide cautivo en las bóvedas de la Cinemateca de Cuba llegó a niveles de espanto. Condicionada por los altibajos económicos, no siempre contó con las posibilidades mínimas para salvaguardar en profundidad su colección de películas, resignada a un mantenimiento discreto que, gracias al ICAIC, no le faltó. Pero en los finales años ochenta y en los primeros noventa, con alguna ayuda extranjera, se inició un proceso de revisión y restauración de algunas bóvedas, que no llegaron a climatizar.

En ese sentido, en diciembre de 2006, la Presidencia de la Junta de Andalucía autorizó a la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales (hoy Instituto Andaluz de las Artes y las Letras) para rehabilitar las catorce bóvedas que resguardan el patrimonio cinematográfico, la reconstrucción en profundidad de las instalaciones, la habilitación de equipos para el control de la temperatura y la humedad relativa, la instalación de sistemas de seguridad contra incendios, estanterías móviles, creación de tres talleres para la revisión y restauración de los materiales fílmicos y la compra e instalación de equipos para el escaneado de películas y otros documentos, más la digitalización de todos los soportes analógicos.

Debe comprenderse que a los efectos prácticos los vínculos de la Cinemateca con el ICAIC resultan predominantes. Hablamos de 6.485 filmes, películas a 50.000 rollos de películas cubanas y 22.000 de cine internacional, para un total de 72.000 rollos. En la cifra entra la producción anterior a 1959 y toda la del ICAIC, desde su fundación hasta la actualidad. La labor de restauración en las bóvedas de los Archivos Fílmicos y en el Laboratorio y otras dependencias, contribuirá de modo determinante a detener el proceso de deterioro y crear condiciones óptimas para la conservación del patrimonio cultural cubano.

El anhelado programa de restauración, digitalización, difusión cultural y económica referido anteriormente, de la Cinemateca de Cuba y el ICAIC son la base trazada en este libro, “Bitácora del cine cubano”.

Esta “Bitácora” detalla lo hecho antes del surgimiento del ICAIC en 1959, y lo posterior producido desde el nacimiento de esta peculiar institución que ya en su nombre de bautizo lleva intrínseca la unión de su propósito más preciado, léase: Instituto cubano del ARTE e INDUSTRIA cinematográficos. Aquí están detallas y acompañadas de toda la imaginaría de cada época, todas sus películas, agrupadas por períodos y categorías para conocer el talento aplicado al cine y sus creadores.

La producción silente aparece gracias a la indagación en viejos documentos y en la prensa
periódica; de la misma manera que el cine parlante, todo ello forma parte del Tomo I “La República”, piezas previas a la constitución del ICAIC. A los efectos de la cultura cinematográfica ese período tiene gran importancia como herencia de la cultura cinematográfica de todo lo que se produjo después.

Los siguientes tomos, son el Tomo II: “Largometrajes de ficción y animados”; y el Tomo III, que asume todo lo referido a los “documentales”, con la característica de que allí está, por ejemplo, el Noticiero ICAIC Latinoamericano en sus 1.490 ediciones categorizado por la UNESCO como MEMORIA DEL MUNDO.

Las autoridades cinematográficas que participan en la obra (ensayos cortos), son: Omar González, Ambrosio Fornet, Luciano Castillo, Joel del Río, Jorge Luis Sánchez, Mario Masvidal, Fernando Pérez, Daniel Díaz Torres, Manuel Pérez, José Galiño, Frank Padrón, Jorge Fiallo, Raúl Rodríguez, Alicia García, Sara Vega, Paul Chaviano, Reynaldo González, Mario Naito, Luis A. González Nieto, Pablo Pacheco López, entre otros.

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El cartel de cine cubano llama dos veces.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo apoya el proyecto artístico de La Cinemateca de Cuba, en alianza con ediciones La Palma. El libro de cartelística del cine cubano será el 4º volumen de la Colección Cuba.

La obra consiste en la selección, diseño e impresión de un volumen que represente lo más destacado de la cartelística cubana hasta el presente (2015). El libro será preparado por la especialista en cartelística de la Cinemateca de Cuba Sara Vega Miche y antologado por su Director, Luciano Castillo. El diseño correrá a cargo de ediciones Cajachina (Colección G.), dirigido por Gilberto Padilla. La distribución comercial será realizada por UDL y catálogo de La Palma.

el caso del perro

Hasta ahora, los libros sobre el cartel cinematográfico cubano, nunca la mirada se ha focalizado exclusivamente en los carteles realizados para la cinematografía nacional, aspecto novedoso de este proyecto. A pesar de las ausencias, pues no a todos los filmes cubanos se le realizaron carteles (de hecho, filmes documentales, incluso muy importantes no tienen carteles y en peor caso se encuentra la animación), el libro representará una aproximación novedosa al tema.

El fondo digital de la Cinemateca de Cuba cuenta con más de 600 títulos de filmes cubanos y de coproducciones, de los cuales posee aproximadamente 520 imágenes. Hay muchos y muy buenos carteles de filmes cubanos que, al ser reproducidos en el libro propuesto, darían una validación en exclusiva, sin competir con los carteles realizados para filmes extranjeros, como ha ocurrido en otras publicaciones sobre el tema.

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La obra contará con un texto introductorio a propósito del tema y concerniente a la gráfica realizada por los emblemáticos diseñadores Eduardo muñoz  Bachs, Antonio Fernández  Reboiro, Alfredo Rostgaard, Antonio Pérez (Ñiko) entre otros y producida por la Cinemateca desde los años 60 hasta la actualidad. El análisis abarcará también lo relativo a los carteles producidos en los últimos tiempos en que una generación de jóvenes se ha encargado de la realización de la gráfica promocional del ICAIC y que en  algunos casos ha diseñado e impreso carteles desde los márgenes de lo alternativo.

Habrá una reproducción a toda página de una selección de los mejores carteles. Cada cartel aparecerá con su ficha correspondiente (título, autor, año, técnica y medidas). Los datos concernientes a la técnica y las medidas se definirá más adelante, pues en la mayoría de los casos la técnica (serigrafía) y medidas (76 x 51 cm) se repetirían.  Como no serán reproducidos todos los carteles, al final del libro aparecerán todos, en pequeño formato, como referencia del quehacer de esta gráfica referida al cine cubano. En este caso también estas imágenes tendrían suficha al pie.

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Al final del libro, habrá un apartado destinado a reproducir una selección de bocetos originales como expresión del proceso de entrega y adecuación de los diseños al tamaño estándar para serigrafía, artesanal técnica de impresión en la que fueron impresos la casi totalidad de los carteles.

La edición será de 1.000 ejemplares.