CUBA: MEMORIA Y DESOLVIDO, por José Antonio Michelena (prólogo de Leonardo Padura)

Un pirata cubano
El nombre del cubano Diego Grillo aparece en la historia de la piratería vinculado a los célebres Francis Drake (inglés) y Cornelius Pata de Palo Jol´s (holandés), pero mientras estos fueron encumbrados por los gobiernos de sus naciones, el criollo fue hasta el fin de su existencia un paria fuera de la ley. Por eso su vida es una leyenda dibujada a retazos, en la que asoma y se pierde en escenarios y tiempos diversos. Los historiadores nunca se han puesto de acuerdo a la hora de contar sus peripecias y al parecer eso nunca será posible.
Su nacimiento, dicen, ocurre en La Habana hacia 1557. Sus padres serían un innombrado español y una negra esclava. Muy dura debió ser su niñez porque huyó tempranamente de la ciudad. No hacia el monte, como los cimarrones, sino hacia el mar, en busca de otros horizontes. Embarcó de grumete en una nave española y durante un tiempo no hay memoria de su existencia, solo especulaciones de que fue hacia Campeche (México) donde se habría aliado a corsarios holandeses.
Una construcción hecha sobre la base del testimonio del marino portugués Nuño de Silva destaca su vínculo con Francis Drake. Dice de Silva, quien fuera hecho prisionero por Drake en 1578 en costas africanas, que este traía consigo un negrito nombrado Diego, que hablaba español e inglés, al que habría apresado siete años antes a bordo de un galeón español frente a Nombre de Dios. Siguiendo esta versión, Diego sería tomado bajo la tutela del famoso Francis Drake, quien los instruiría, al más alto nivel, en las artes de la navegación, el corso y la piratería. Al lado del marino británico, el mulato isleño se haría un aventajado navegante, al tiempo que mostraría valor y arrojo en los combates.
Son contradictorias las historias de Grillo junto a Drake. Algunas lo sitúan junto al famoso corsario inglés hasta fines del xvi (1596). Si así hubiera sido, el cubano lo habría acompañado en suvuelta a la tierra entre 1577 y 1580. Debe tenerse en cuenta que Drake fue nombrado vicealmirante de la escuadra británica y pasó en Irlanda el año de 1575. Al año siguiente la reina le encomienda una expedición corsaria para operar en las costas americanas del Pacífico. A partir de 1577 comienza una aventura que involucra las naves Pelican, de sir John Hawkins; el Elizabeth, de sir William Winter; el Marigold, el Benedict y el Swan, toda una flota que suponía ir en busca de un continente que se creía existiese en el Océano Pacífico, denominado «Terra Australis Incognita».

(…)

Extracto del libro “Cuba: memoria y desolvido” de José Antonio Michelena, segundo volumen de la Colección Cuba de ediciones La Palma (julio de 2015).

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