¿Generación 0? Lineamientos para una generación literaria que no existe, por Kevin Fernández

Interesante contrato con el futuro de Kevin Fernández, escrito en 2012. Una declaración de principios que no sé hasta dónde comparten el resto de malditos bastardos pero que sin duda te provoca ganas de reenviárselo a un colega que sabes que está escribiendo en este justo momento, aunque proponga no caracterizar un período literario por sus escritores sobresalientes, sino por sus escritores mediocres… No se pierdan las peticiones de mejora a otros escritores, generalmente cubanos.

INTRODUCCIÓN

Representar a una generación literaria es una ingenuidad. Referirse a lo que quiere o hará el pueblo cuando en realidad se está hablando de uno mismo es demagogia. En los principios del año 2012, quedan ya como figuras establecidas integrantes de la generación “00” o del 2000, como maestros más cercanos los “novísimos”, que más correcto sería denominar generación del 90, y detrás en el tiempo, una catedral en derrumbe con algunas columnas de calidad que se mantienen en pie. Nuestra generación no ha nacido, se confunde todavía con las demás, es neo–todo, por la misma razón que tiene poca novedad en algo. La crítica literaria, como el tapón de una bañadera, ha impedido que nos conozcamos mejor y sólo las afinidades de la edad y las coincidencias en actividades sociales y cursos nos salvan del aislamiento total. Aquí están, por tanto, los posibles lineamientos o pautas a seguir que tendrá la generación de la que formo parte, a los que se opondrá, o más probablemente, no le importarán un comino. Sirvan de guía e inspiración para cualquier colega.

LINEAMIENTOS GENERALES

Seguir leyendo, escribiendo, observando, escuchando, pensando, meditando, participando en concursos, aprendiendo y enseñando.

Evitar el abuso de gerundios.

Seguir ejerciendo crítica de boca a espaldas de los colegas.

Admitir a cualquier persona que lo desee como integrante de esta aún no surgida generación, sin importar su edad, arte literaria, rasgos del carácter o demás pretextos para rechazar a otros escritores.

Ridiculizar o parodiar a nuestros ídolos y maestros al menos una vez en la vida.

Dejar de aludir a autores y culturas exóticas para demostrar superioridad intelectual.

Tener en cuenta al revisar que las lecturas repetidas, como el óxido, van dejando sólo el metal más resistente. Los clásicos también se forman así, sólo toma más tiempo.

Pensar literariamente en vez de traducir o explicar siempre que se lee literatura. Es lento, aburrido, y en algunos casos, imposible.

Reconocer la existencia de una zona inefable entre lo particular de la imaginación y lo general del lenguaje, donde las simples palabras no pueden navegar con exactitud y sin embargo, esa inexactitud que nos llena las manos de manchas de tinta, a veces nos deja piedras milagrosas que pasan a ser parte del habla universal.

Combinar lo esperado con lo inesperado a todos los niveles del discurso y la arquitectura dramática.

Evitar escribir literatura con destino exclusivo a otros escritores.

Leer primero y revisar después.

Evitar las aplicaciones mecánicas de la preceptiva.

Desterrar la diatriba o la guataconería política a los desiertos del panfleterismo de papel sanitario, o las bocas de los personajes ridículos.

Evitar el suicidio físico en tanto no se haya ganado la inmortalidad.

Trompetillar a quien intente hacer una maestría o un doctorado con este documento.

Entender la síntesis como selección del material correcto, no como anorexia textual.

Incluir en la Literatura Cubana a todo el que quiera formar parte de la literatura cubana, independientemente de su nacionalidad, idioma, religión, raza, sexo, credo político o cualquier otro pretexto que se utilice para apartar u odiar a otra persona.

LINEAMIENTOS SOBRE RELACIÓN CON EL YO ESCRITOR

Seguir escribiendo como nos dé la gana.

Convertir en no opcional el anterior lineamiento.

Abandonar la autocensura, escribir para la gaveta si es necesario.

Seguir escribiendo como mejor lo sepamos hacer.

No maltratar al yo escritor con literatura por encargo que no nos motiva escribir.

Conversar con él, siempre con el pensamiento, para evitar a los loqueros.

Modificar un poco lo que nos dicta.

Imaginar que al público siempre le gustará lo que escribamos, sin importar cómo nos quede.

Evitar exigirle al yo escritor que sea como los de otros.

Realizar ejercicios de lenguaje para entrenarlo y flexibilizarlo.

LINEAMIENTOS SOBRE POESÍA

Escribir lo que nos dé la gana; los lineamientos siguientes son opcionales.

Leer sólo lo que nos guste.

Leer a Luis Rogelio Nogueras atendiendo más a lo que dice que a cómo lo dice, y a José Lezama Lima teniendo en cuenta más cómo lo dice que lo que dice. Utilizar la imaginación antes que la razón en ambos casos.

Evitar la poesía anecdótica, en especial si gira alrededor del grupo de conocidos.

Huir de los malabares con letras sobre la superficie del papel, si se ha pasado del tercero.

Escapar del deconstructivismo.

Escribir cualquier cosa.

No publicar cualquier cosa.

Dejar de repetir experimentos centenarios.

Evitar tomarse en serio a los lingüistas franceses.

LINEAMIENTOS SOBRE NARRATIVA

Escribir lo que nos dé la gana; el resto de los lineamientos son opcionales.

Leer sólo lo que nos guste.

Evitar tomarse en serio a los narratólogos europeos.

Evitar tomarse en serio a los narratólogos cubanos, a no ser que los tengas de jurado en un concurso.

Evitar el “bolañismo”, o compulsión por introducir escritores en cualquier parte.

Abandonar la profanación, léase también imitación pedante, de las obras de Alejo Carpentier y Lezama Lima.

Abandonar la intertextualidad en la medida de lo posible ya que no da ninguna gracia estar leyendo un libro y ser invitado constantemente a abandonarlo para leer otro que además es inaccesible.

Escribir narrativa fantástica siempre que se canse uno del realismo, teniendo en cuenta que es la puerta lateral de la realidad y debe vislumbrarla en plano oblicuo.

Escribir narrativa realista siempre que se canse uno de lo fantástico, teniendo en cuenta que no es la realidad, sino nuestra selección inteligente de la realidad para despertar las conciencias dormidas por el ensueño de lo cotidiano.

Evitar escribir la mejor historia del mundo, aunque sólo sea en un aspecto.

Revisar el texto literario como lector, no como corrector ni censor, ni siquiera como escritor.

Seguir escribiendo la novela por cuentos.

Comenzar a escribir la novela por novelas, o una saga de noveletas de 80 a 100 cuartillas que formen en conjunto una grande, única forma de lograr un tomo de más de 500 páginas, dadas las características actuales del sistema editorial cubano.

No demorar menos de cinco días ni más de cinco años en terminar de escribir y revisar un relato de entre 5 y 50 páginas.

No intentar publicar todo lo que se escribe, ser el antólogo de sí mismo.

No confundir la musa con la musaraña.

Trabajar aunque no se nos ocurra nada, ya se nos ocurrirá.

LINEAMIENTOS SOBRE ENSAYO Y CRÍTICA LITERARIA

Evitar la práctica de reseñar libros que se sabe sólo podrán leer unas pocas personas, en una provincia lo suficientemente lejana como para no poder contradecir el comentario.

No caracterizar un período literario por sus escritores sobresalientes, sino por sus escritores mediocres.

Evitar reseñar una obra sin haberla leído bien primero.

Llevar la atención del lector de una reseña a la obra objeto de análisis y no al autor que está escribiendo el comentario.

Ridiculizar lo ridiculizable. Ante una multitud divertida, una sola persona muy irritada que luego aprenderá la lección es un bajo precio a pagar.

Leer a todos los narradores como si fueran Chejov, a todos los poetas como si fueran Vallejo, a todos los ensayistas como si fueran Alfonso Reyes, a todos los dramaturgos como si fueran Shakespeare.

Pedir que se limite la publicación del número de monografías sobre un autor con motivo de su centenario u otra fecha cerrada.

Confeccionar críticas literarias que indiquen formas posibles de abordar la obra, antes que valoraciones o disquisiciones teóricas.

Evitar las citas y notas al pie de página, en especial las que compiten en extensión con el texto que están anotando.

Evitar las bibliografías abultadas, que contengan títulos propios, o que remitan a libros inaccesibles.

Incluir chismes sobre los autores u obras objeto de estudio, siempre que no superen la cantidad de once.

LINEAMIENTOS SOBRE POLÉMICAS

Decir a los demás lo que en realidad pensamos en ese momento, siempre que se recuerde que ninguna opinión es inamovible ni definitiva.

Descalificar a los participantes que utilicen en las polémicas las palabras “revolucionario”, “contrarrevolucionario”, “patria” y “apátrida” o sustitutas, y sobre todo las expresiones “iniciar una revuelta” o “el enemigo acecha”.

Valorar los insultos que empleen más de cinco formas retóricas combinadas.

Valorar el sentido del humor de los polemistas o, en su defecto, el humorismo que de sus polémicas se desprende sin ellos proponérselo.

Hacer creer a las autoridades culturales que todas las polémicas son bromas refinadas que no minan las bases de la nación, para que no se metan donde no saben.

Considerar golpes bajos la práctica de enviar correos electrónicos de respuesta con virus adjuntos.

LINEAMIENTOS SOBRE RELACIÓN CON LOS INTRUSOS, OTROS ESCRITORES Y PÚBLICO

Rechazar la connotación sectaria del término “ciudad letrada”, si no es posible rechazar el término completo.

Continuar el enredo de intrigas, envidias, adulterios, simulacros de adulterios, simulacros de intrigas, simulacros de borracheras elocuentes y otras aventuras personales, ya que los biógrafos pudieran inventarlas de todas formas.

Contradecirse en abundancia a cada entrevista. Aporta dinamismo y novelería a los oídos de la audiencia.

Evitar leer a los demás autores como si fueran competidores.

Evitar leer fijándose en niveles textuales aislados.

Evitar la “ética”, de acusar a alguien sin mencionar su nombre.

Evitar formar juicios sólidos sobre escritores sin haberlos leído antes.

Evitar dejarse influir por un escritor sin haberlo leído primero.

Admirar a un escritor mientras más se lo lee, no mientras menos se lo conoce.

Tomar en serio a los políticos en la medida en que ellos tomen en serio a los escritores.

Satirizar a las personalidades que se lo merezcan, y a las que no, también, pero con profundidad, para que duela más sabroso.

Asegurar que Fina García Marruz dure muchos años más, a ver si logra ganar al fin nuestro primer Premio Nobel.

Decir a Rubén Rodríguez que si sigue escribiendo y Cuba no se pelea con Dinamarca, el Premio Andersen anda cerca.

Decir a Senel Paz que deje de contar su adolescencia.

Decir a los escritores de la generación de los 90 que no necesitan escribir una novela histórica para que los tomen en serio.

Decir a Eduardo Heras León, que siga dando los cursos de narrativa y lea en voz alta al menos un relato nuestro.

Agradecer a Alberto Guerra por la existencia de estos mismos lineamientos, de los que no es responsable, y preguntarle de dónde sacó la palabra “méntula”

Decir a Alberto Garrandés que su obra es tan agradable como una traducción del Quijote al latín leída por potestades incorpóreas del imperio romano.

Decir a Daniel Chavarría que la superabundancia de burdeles, prostitutas, y sexo anal aburre a partir de la página 120.

Decir a Alberto Garrido que deje tranquilo a Gabriel García Márquez.

Decir a Gleyvis Coro que no nos importan los trabajos que pasa un escritor en Pinar del río para ganar un concurso.

Decir a Adriana Zamora que todavía los robots no saben leer.

Decir a Polina Shviétsova que no imaginábamos que la literatura a la propela de tema semi-ruso fuera tan rentable.

Decir a Orlando Luis Pardo que aún con fotografías los monólogos interiores pedantes son aburridos.

Decir a Mercedes Melo que deje tranquilo a Jorge Luis Borges

Decir a Carilda Oliver que su poesía es genial pero desconfiamos de sus motivos para acercarse a los jóvenes escritores.

Decir a Ángel Santiesteban que la narrativa de la violencia pasó de moda.

Decir a Enrique Saínz que deje de aludir en sus prólogos en son de reproche a escritores que no menciona.

Decir a Rito Ramón Aroche que si no quiere incluir en sus poemas los elementos que permitan entenderlos, por favor lo haga en una nota a pie de página.

Decir a Antón Arrufat que deje tranquilos a Lezama y a Carpentier.

Decir a Mayerín Bello que deje tranquilo a Eliseo Diego.

Decir a Sergio Chaple que deje tranquilo a Alejo Carpentier, y que emplear tablas y gráficas en los ensayos da mucha risa.

Preguntar a Yoss si es uno sólo o existen dobles.

Atenerse a las represalias que esto pudiera ocasionar.

LINEAMIENTOS SOBRE DIFUSIÓN Y ENSEÑANZA LITERARIA

Entender que la institucionalización, cuando no facilita, impide. Por tanto, luchar porque las instituciones estén controladas por amantes de la literatura, y porque hayan vías alternativas, ya que el odio es también una posibilidad.

Tratar de que el escritor haga un favor al publicar y no que el favor se lo tengan que hacer a él.

Incluir en los jurados para premios literarios a personas que nunca hayan escrito una línea pero sean lectores entusiastas.

Convertir la difusión literaria en un proceso competitivo, confeccionando listas de opinión y demás mecanismos.

Luchar porque se otorgue Premio Nacional de Literatura por sufragio universal entre los escritores y lectores conocidos, y que los candidatos sean todos aquellos que han ganado al menos tres veces el Premio de la Crítica, sean presentados o no por una institución.

Luchar porque el Premio Nacional de Literatura pierda promedio de edad, y no sea un premio de consolación para ancianos comprometidos o enfermos terminales.

Potenciar la difusión digital de las obras, en escasez del medio escrito.

Felicitar a Isliada.com

Confeccionar una lista negra con jurados que no lean los trabajos para que no sean incluidos en ningún otro jurado.

Abandonar la idea de que la creación literaria no puede mejorarse mediante el estudio organizado y las demás ramas del arte, en cambio sí, aunque todas estén gobernadas por los mismos principios de motivación e ingenio a la hora de crear.

Escribir por encargo de las personas comunes sin abandonar el estilo propio como otra forma de compartir con la sociedad nuestra creación o de que la sociedad participe en la creación nuestra.

Recuperar la tradición de artesanía literaria de la primera mitad del siglo XIX que tuvo entre otros a Plácido y El Cucalambé como representantes, hasta que el oficio de escribano, esta vez artístico, sea reconocido y se pueda ejercer como cualquier otra actividad artesanal.

Destinar los estudios literarios para los creadores y no para críticos literarios, y reflejarlo así en los documentos sin ningún tipo de vergüenza, con descaro incluso.

CONCLUSIONES

Con los anteriores lineamientos, queda expuesta la carreta delante de los bueyes, una generación que todavía no se ha concebido ya tiene su canastilla. Aquellos que estén de acuerdo con al menos la tercera parte de estos lineamientos, no levanten la mano, no griten, no firmen, esto no es un manifiesto. Pónganse a escribir y a cumplir lo que les guste. Y no lancen nada que el lapidado no pueda revender luego.

ISLIADA, enero de 2012

Banner (con logo de Colección G.)

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