Luis Antonio de Villena y Virgilio López Lemus conversan sobre poética cubana, bajo la atenta mirada de Justo Jorge Padrón

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El lunes 5 de enero, en la reluciente librería Juan Rulfo de Madrid (Fernando el Católico 86), el poeta español Luis Antonio de Villena y su homólogo cubano, Virgilio López Lemus, disertaron durante una hora sobre los aspectos más personales de la poesía en sus vidas.

Destacó la presencia del poeta canario Justo Jorge Padrón, quien guarda una antigua amistad con ambos poetas.

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Si bien el autor de “Mural de poesía cubana” optó por encuadrar la poesía seleccionada como itinerario de la conformación de la identidad cubana (antes incluso de la Independencia de la Isla), Luis Antonio prefirió acercar la poesía cubana a su vida y rescatar multitud de viviencias y anécdotas con poetas cubanos, tales como Gastón baquero y otros menos conocidos.

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El momento poético no fue ajeno al político y ocurrieron numerosas alusiones a este último. No obstante, para bien de los presentes, el acto transcurrió en clave fraterna.

Luis Antonio aprovechó para animar a La Palma (y a Virgilio en particular) a editar un segundo volumen de poesía cubana donde se recojan autores (y autoras) que no pudieron ser incluidos en este, nacidos ya en el Siglo XX. Especial mención hizo de poetas como Lezama Lima, Emilio Ballagas, Dulce María Loynaz o el propio Baquero.

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Virgilio enseguida sumó a otros, tales como Cintio Vitier, Carilda Oliver (ayer muchos de nosotros supimos que la autora de “me desordeno, amor, me desordeno” vive en La Habana a sus 93 años), Fina García Marruz, Virgilio Piñera o Nicolás Guillén.

“Cuba en sepia”, de José Antonio Michelena, Premio de la Crítica en Literatura

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La Habana, 2 de diciembre de 2016

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“Cuba en sepia”, del ensayista cubano José Antonio Michelena, gana el Premio de la Crítica en Literatura. Este importante galardón es otorgado por un jurado de críticos a los libros más importantes publicados durante el año en Cuba.

El libro está formado por breves crónicas sobre historias y costumbres cubanas que el autor se propone rescatar del olvido y traer al presente. A través de una labor ilustrada, que toma como base la búsqueda bibliográfica, Michelena se acerca al lector (y lectora) más heterogéneo y no solo lo seduce con la diversidad temática, sino que la brevedad, sencillez y espontaneidad de la narración hacen de ella una lectura amena y enriquecedora. Así, se reactiva la memoria (o el conocimiento) en el reencuentro con personajes y celebridades del ámbito cubano, la evocación de tradiciones vernáculas de antaño y el relato de sucesos memorables.

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“Cuba en sepia” es hermana gemela de “Cuba: Memoria y desolvido”, segundo volumen de la  Colección Cuba de ediciones La Palma, que fue editada en España en 2015 con un prólogo de Leonardo Padura.

Habíamos entrado en el siglo xxi cuando José Antonio Michelena comenzó a frecuentar esta tipología periodística. Tenía a sus espaldas la tradición fijada por tantos ilustres cultores del género y, además, su empeño se desarrollaría justo en unos de los períodos más lamentables del periodismo cubano (una verdad que muy pocos se atreven ya a rebatir).

Michelena preparó la edición, en 2015, de “Mural de poesía cubana”, número inaugural de la misma colección de ediciones La Palma, cuyo autor es el también ensayista cubano Virgilio López Lemus.

CARTELES DE CINE CUBANO

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Ediciones La Palma, asociada a la Cinemateca de Cuba y a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo AECID, llevará a las librerías de toda España y al resto de países vía catálogo, el último trabajo de la Cinemateca sobre el cartel cubano, magistralmente editado por Gilberto Padilla y su equipo de Colección G.

En palabras de Luciano Castillo:

…Sin la música melodiosa compuesta porMichel Legrand para Los paraguas de Cherburgo (1964), de Jacques Demy, pero con el ritmo de una rumba, una guaracha o un son cubano, en otra ciudad portuaria, pero del Caribe, La Habana, nada proclive a una lluvia perenne, diseminados en importantes calles y parques de la capital cubana, aparecieron por esos primeros años de la década  prodigiosa de los sesenta, unas peculiares estructuras metálicas que la gente bautizó como «paraguas». No fueron diseñados para protegernos del sol inclemente o el aguacero eventual; cada uno mostraba ocho carteles cubanos de cine, más comúnmente llamados por lostranseúntes que se detenían a contemplarlos: «los afiches del ICAIC»…

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Y de Sara Vega:

…Todavía a finales de la década, los carteles continúan impresionando por su eficacia y belleza. Una obra casi olvidada, ejemplo de maestría en diseño e impresión, resultó Debemos saber (1979), de Antonio Fernández Reboiro para el documental de Idelfonso Ramos. Sobre un fondo magenta aparece una esfera en la que se observan dibujados los ojos y la nariz de un hombre, incluyendo el cabello. La visión resulta sobrecogedora y es un reto al espectador…
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En diciembre en librerías y en el catálogo de La Palma

Breve guía para rastrear escritoras cubanas

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Por: Javier Rabeiro Fragela

9 de marzo de 2013

Escribí esta especie de guía para un amigo brasileño de visita en Cuba, interesado de pronto en la literatura cubana escrita por mujeres. La escribí y se la entregué, ya que él estaba decidido a iniciar una búsqueda por todas las bibliotecas y librerías del país. Se trata de mi opinión sobre lo que he tenido la oportunidad de leer, de modo que hay muchas ausencias razonables. (No soy un lector sistemático, leo lo que me regalan, encuentro, hurto, o compro.) Pero de todas formas resulta una buena guía para quien de pronto se interese en buscar.

Pudiera comenzar con Juana Borrero, pero no vale la pena, sus poemas son tan espléndidos que hablan por sí solos, son un alegato contra el olvido del tiempo.

Con Gertrudis Gómez sucede lo mismo, nada que hacer.

Aurora Villar Buceta nunca publicó un libro, pero escribió varios cuentos. Abordó una literatura realista que, a pesar de tener ya más de cincuenta años, se siente lozana, refrescante, con innegables valores estéticos.

La expresividad de Dulce María está en cada uno de sus textos, son ondas electromagnéticas que empiezan a vibrar de solo acercarnos a sus libros.

Luego nos topamos con Dora Alonso y Fina García, ambas de una sensibilidad particular y recursos extraordinarios.

Nersys Felipe, María Elena Llana y Esther Díaz Llanillo aparecen después, con obras disímiles que van desde la más exquisita ternura hasta una observación de la línea entre lo posible y lo imposible.

La prolífica Marta Rojas impresiona con su erudición y sus vivencias.

Mirta Yánez aparece con el dominio de las historias que narra, ligado al encanto inevitable de su escritura.

Lina de Feria, llena de revelaciones y hallazgos, hace pensar más de una vez.

Mercedes Melo, con su explosión intertextual asombra, maravilla y enseña.

Nancy Morejón tiene el poder, no hay manera de comparar los latidos de sus versos.

Marilyn Bobes te puede hacer sangrar de placer, sobre todo con su poesía.

Gina Picart nos muestra una escritura bien bordada, con hilos fuertes, a veces epicúreos.

Aida Bahr clava su mirada, como una pica, en el lugar donde quiere que mires.

Mayra Montero nos narra su perspectiva. Algunos me han dicho que no hace literatura cubana porque no vive en Cuba, sin embargo, eso no tiene la menor importancia, ¿acaso no son cubanas Alejandra Pizarnik, Laura Esquivel, Nadine Gordimer, Margaret Atwood, J.K. Rowlings o Marguerite Yourcenar?

Laidi Fernández, a veces nostálgica, a veces divertida, nos insufla su aliento.

Mariela Varona es la emancipación, la libertad.

Mylene Fernández es la inspiración.

Nara Mansur nos canta con una voz histriónica y emotiva.

Anna Lidia Vega crea una enajenación en el lector, es como una droga, una vez que la lees no puedes vivir sin ella (deberían prohibirla).

Karla Suárez va en busca del rastro de la anécdota, su rocío es perdurable.

Haydée Sardiñas es el realismo con espejuelos azules.

Teresa Cárdenas hace magia con la tradición, enriquece el folclor con sus historias.

Ena Lucía Portela te mostrará la verdadera cara de las cosas, su ironía, unida a la argucia literaria, organizan incendios.

Rebeca Murga es para mí la introspección contenida, el pensamiento en su recorrido.

Mildre Hernández, no puedes morir sin robar sus escritos y leerlos en secreto como una carta dirigida a tu alma.

Gleyvis Coro, directa como una saeta, puede atravesarte en segundos.

Evelyn Pérez logra sacudir montañas. Cuidado.

Souleen Dell’Amico, su sensibilidad es trastornadora, léela a distancia.

Yanira Marimón, golpe seco y estremecedor.

Yordanka Almaguer, una suculenta experimentación clásica (si es posible que eso exista).

Adriana Normand, concisión sin límites.

Polina Martínez, hondura estructural, estética que reventará en tus manos.

Aymara Aymerich, lucidez encendida todo el tiempo.

Greity González, se me antoja como un moderno clasicismo con una elaboración terminada.

Agnieska Hernández, el desafuero, lo impensable.

Dazra Novak, aborda la escritura con puntos de vista que derretirán tu intelecto.

Yamila Peñalver, construye su texto con un cincel de apropiaciones sui generis.

Adriana Zamora, una voz que te perseguirá sin querer a todas partes, aun después de haber cerrado el libro.

Zulema de la Rúa, sensualidad pura.

Mónica Ravelo, caracterización de la intensidad.

Elaine Vilar, imaginación, alas en los pies.

Anisley Negrín, intensidad, bridas rotas, llegar a algo.

Marvelys Marrero, hay una marca en lo que toca (no se quita con jabón).

Jamila Medina sabe tender trampas con hilos de araña, caerás en ellas.

Liany Vento, tiene algo que decirte, ve a buscarlo.

Susana Haug, su lenguaje te tomará de la mano para señalar a lo lejos.

Legna Rodríguez, esde la erupción de sus palabras, ¿qué no se convierte en lava?

Marlene Lufriú, tendrás deseos de desayunar sus textos, saborearlos como un helado.

Hay más, muchas más que no he leído y tal vez leeré. Muchas veces me he preguntado cuál será la mejor de todas, cuál se burlará eternamente del tiempo. Una mañana le hice esa pregunta a Alberto Guerra. Fue una pregunta general, me refería a todos los escritores de la historia. Alberto sonrió, señaló a su izquierda y me dijo esta cosa interesante: “El mejor escritor de la historia será siempre el muchachito(a) de trece años que vive al doblar de la cuadra, ese que le ha mostrado sus textos inéditos a varias personas y que cuando se habla de literatura, ya tarde en la noche, sale a relucir como el muchachito(a) que escribe tremendos cuentos”.

Supongo que eso es lo que me ocurre con la literatura cubana escrita por mujeres. Después de leer un cuento o un libro me digo: ¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo estas mujeres escriben tan bien? ¿Cómo son tan buenas? Luego, por supuesto, le doy paso a la negación, cierro los ojos ante lo evidente. Me digo con los dedos cruzados: Son una mierda. No sirven para nada.

 

 

López-Nussa: un personaje raro en la cultura cubana

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LUZ ESCOBAR, La Habana | Junio 09, 2016

Ante los ojos de los espectadores se abrió el mundo de líneas y manchas de López-Nussa. (14ymedio)

Las familias insignes han marcado la cultura cubana como cuerdas que recorren una estructura y la robustecen. Los Diego, los Loynaz y los Vitier son algunos ejemplos de esas estirpes cargadas de creadores y artistas. Entre ellas, los López-Nussa resaltan por su profusión y versatilidad. Este martes, la Biblioteca Nacional José Martí homenajeó a una de las figuras más destacadas de ese pródigo linaje: el dibujante y crítico de arte Leonel López-Nussa.

El árbol genealógico, repleto de músicos, pintores y escritores, estuvo representado por lo mejor de su descendencia. Ernán y Harold se sentaron al piano, Ruy hizo sonar con talento la batería y Ruy Adrián le sacó maravillas al cajón en un concierto casi íntimo dedicado al patriarca del clan. En el público se juntaban espectadores cercanos a la familia, con nietos, bisnietos y sobrinos del fallecido pintor y crítico de arte.

En este centenario de su nacimiento, muchos han recordado que Leonel López-Nussa vivió de niño en Puerto Rico, pero siendo joven marchó a México y después a Nueva York donde trabajó en el estudio del pintor Felipe Orlando. Fue justo en esa época en que mostró por primera vez sus obras al público. Poco tiempo después, desembarcó en París para empaparse del espíritu irreverente que marcaba la ciudad.

Algo de esa audacia se hizo sentir en el encuentro en la Biblioteca donde, a pesar de las intensas lluvias que deslucieron la jornada, se reunieron decenas de personas y primó la espontaneidad musical. El plato fuerte de la jornada recayó en la inauguración de la exposición La pintura respetuosa en la galería El reino de este mundo, de ese templo a los libros enclavado en la avenida Boyeros y 20 de Mayo.

Con un catálogo de lujo que incluye en sus 35 páginas dibujos, pinturas y varios textos, la muestra recoge la originalidad y frescura de este artista muchas veces relegado por los críticos y las antologías. Ante los ojos de los espectadores se abrió el mundo de líneas y manchas, por momentos crudas, de Ele Nussa, como también se le conocía.

Su trabajo como dibujante lo alternó en la redacción de varias revistas, como el suplemento Lunes de Revolución, donde se desempeñó como responsable de la página de artes y espectáculos. Pero su faceta más temida fue la de crítico cinematográfico y teatral, que realizaba muchas veces en la revista Bohemia y le generaba encontronazos y polémicas.

La exposición inaugurada este martes propone una mirada diferente que va más allá de los encasillamientos como dibujante y saca a relucir su obra como pintor. Sobre las paredes, las escenas aluden a temas recurrentes pero replanteados visualmente, como el amor, la historia, la abstracción y lo grotesco.

Especialistas y neófitos no dudan en clasificarlo como “un personaje raro en la cultura cubana”. La actual muestra intenta completar el rostro poco conocido de quien el crítico Rafael Acosta de Arriba llama “maestro de la línea”. Entre las casi 60 obras que pueden disfrutarse desde este martes en la Biblioteca, abunda la diversidad de formatos y técnicas, aunque predomina el óleo sobre tela junto a piezas en acrílico, o tinta sobre cartulina.

El reconocido crítico de arte Orlando Hernández comentó en su texto para el catálogo que “la obra plástica de Leonel López-Nussa quizá no ha sido de las más castigadas por nuestra habitual desmemoria gracias a la perseverante gestión de la familia, especialmente a la actividad de su hija Krysia”. Aunque reconoce que el autor “se halla aún muy lejos de alcanzar ese modesto, pero bien merecido Paraíso” entre “los clásicos”.

En declaraciones a 14ymedio, Ernán López-Nussa explicó que la exposición se logró “con el esfuerzo de personas allegadas y por el gran interés mostrado por el curador Nelson Herrera Ysla”. El artista lo considera como “un merecido homenaje” a su padre y aclara que varias piezas provienen de su estudio musical, pero sobre todo “de colecciones privadas de amigos que las han prestado para la exposición”.

La música jugó también un importante papel en la vida de Leonel López-Nussa. “Era algo que siempre estaba alrededor de él, en su estudio siempre escuchaba música”, recuerda su hijo. “Forzosamente tenía música alrededor suyo porque nosotros, o estábamos estudiando o estábamos ensayando”, apunta. “Incluso dormía siestas en medio de aquel escándalo tremendo”, por lo que la tarde de este martes, con los niños correteando por la sala de la Biblioteca Nacional, fue como uno de “esos días de la vida en los que se pintaba y se hacia música”.

 

Bitácora del cine cubano: Volumen III. Producción ICAIC 1960-2014

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El Ministerio de Cultura de España apoya el proyecto de ediciones La Palma para difundir el patromonio cinematográfico cubano

Dentro de la colección Cuba, ediciones La Palma, consolida su alianza con la Cinemateca de Cuba, en la persona de su Director, Luciano Castillo. Fruto de la relación entre la institución cultural cubana y la editorial española, la Cinemateca ha encargado a La Palma que represente su reciente obra en España, denominada: “Bitácora del cine cubano”, un compendio de la historia del cine cubano en 3 volúmenes.

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Estos volúmenes constituirán la única referencia de su tipo sobre la producción fílmica cubana, desde el cine silente hasta 1959 y a partir de la constitución del ICAIC hasta el año 2013. El presente proyecto puede entenderse como el producto de años o décadas de recuperación del patrimonio fílmico cubano, siendo éste la guía o bitácora, entendido como andadura, revisión, ampliación y rectificación. En su origen, la bitácora fue un cajón donde permanecía el libro de ruta para verificaciones constantes de la travesía, era el reservorio del conocimiento. Así debe verse este conjunto de informaciones que detallan un oficio, una afición y un placer comenzado en los albores del cinematógrafo, que fueron los del siglo xx.

 

La Cinemateca de Cuba, en años recientes, comenzó a vivir un anhelado programa de restauración, digitalización de toda la producción, cumpliendo así su primer objetivo: preservar la memoria; para cumplimentar inmediatamente su segundo objetivo: el educativo, el de difundir esa memoria, para el enriquecimiento de todos. La “Bitácora” es parte esencial en el logro de este propósito. Aquí se reúne la información mayoritaria de la producción cinematográfica cubana, y tácitamente se evidencia la necesidad de acometer una información complementaria sobre la parte que falta: las películas no pertenecientes al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) como empresa señera. Es una contradicción que solamente explican las circunstancias en que ha trabajado la Cinemateca de Cuba, creada, regida y mantenida por el aparato central de la producción audiovisual cubana durante más de medio siglo. Las películas que no controlaba, ya fueran institucionales, de grupos o individuales, en el trabajo cinematecario quedaban en el simple archivado de informaciones, reportajes y crónicas periodísticas. Y el actual compendio surge, precisamente, en un tiempo-bisagra, período de cambios en que esa producción-otra adquiere gravitación. Aceptar el reclamo implica un punto de giro. A no dudarlo, su información será una adenda de este libro.

Contrario a la magnificación que se le otorga en la distancia, el clima tropical no es tan benigno como se piensa, con temperaturas altísimas y supremos grados de humedad, donde la polución más que crecer, se perpetúa. El estado crítico del celuloide cautivo en las bóvedas de la Cinemateca de Cuba llegó a niveles de espanto. Condicionada por los altibajos económicos, no siempre contó con las posibilidades mínimas para salvaguardar en profundidad su colección de películas, resignada a un mantenimiento discreto que, gracias al ICAIC, no le faltó. Pero en los finales años ochenta y en los primeros noventa, con alguna ayuda extranjera, se inició un proceso de revisión y restauración de algunas bóvedas, que no llegaron a climatizar.

En ese sentido, en diciembre de 2006, la Presidencia de la Junta de Andalucía autorizó a la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales (hoy Instituto Andaluz de las Artes y las Letras) para rehabilitar las catorce bóvedas que resguardan el patrimonio cinematográfico, la reconstrucción en profundidad de las instalaciones, la habilitación de equipos para el control de la temperatura y la humedad relativa, la instalación de sistemas de seguridad contra incendios, estanterías móviles, creación de tres talleres para la revisión y restauración de los materiales fílmicos y la compra e instalación de equipos para el escaneado de películas y otros documentos, más la digitalización de todos los soportes analógicos.

Debe comprenderse que a los efectos prácticos los vínculos de la Cinemateca con el ICAIC resultan predominantes. Hablamos de 6.485 filmes, películas a 50.000 rollos de películas cubanas y 22.000 de cine internacional, para un total de 72.000 rollos. En la cifra entra la producción anterior a 1959 y toda la del ICAIC, desde su fundación hasta la actualidad. La labor de restauración en las bóvedas de los Archivos Fílmicos y en el Laboratorio y otras dependencias, contribuirá de modo determinante a detener el proceso de deterioro y crear condiciones óptimas para la conservación del patrimonio cultural cubano.

El anhelado programa de restauración, digitalización, difusión cultural y económica referido anteriormente, de la Cinemateca de Cuba y el ICAIC son la base trazada en este libro, “Bitácora del cine cubano”.

Esta “Bitácora” detalla lo hecho antes del surgimiento del ICAIC en 1959, y lo posterior producido desde el nacimiento de esta peculiar institución que ya en su nombre de bautizo lleva intrínseca la unión de su propósito más preciado, léase: Instituto cubano del ARTE e INDUSTRIA cinematográficos. Aquí están detallas y acompañadas de toda la imaginaría de cada época, todas sus películas, agrupadas por períodos y categorías para conocer el talento aplicado al cine y sus creadores.

La producción silente aparece gracias a la indagación en viejos documentos y en la prensa
periódica; de la misma manera que el cine parlante, todo ello forma parte del Tomo I “La República”, piezas previas a la constitución del ICAIC. A los efectos de la cultura cinematográfica ese período tiene gran importancia como herencia de la cultura cinematográfica de todo lo que se produjo después.

Los siguientes tomos, son el Tomo II: “Largometrajes de ficción y animados”; y el Tomo III, que asume todo lo referido a los “documentales”, con la característica de que allí está, por ejemplo, el Noticiero ICAIC Latinoamericano en sus 1.490 ediciones categorizado por la UNESCO como MEMORIA DEL MUNDO.

Las autoridades cinematográficas que participan en la obra (ensayos cortos), son: Omar González, Ambrosio Fornet, Luciano Castillo, Joel del Río, Jorge Luis Sánchez, Mario Masvidal, Fernando Pérez, Daniel Díaz Torres, Manuel Pérez, José Galiño, Frank Padrón, Jorge Fiallo, Raúl Rodríguez, Alicia García, Sara Vega, Paul Chaviano, Reynaldo González, Mario Naito, Luis A. González Nieto, Pablo Pacheco López, entre otros.

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El cartel de cine cubano llama dos veces.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo apoya el proyecto artístico de La Cinemateca de Cuba, en alianza con ediciones La Palma. El libro de cartelística del cine cubano será el 4º volumen de la Colección Cuba.

La obra consiste en la selección, diseño e impresión de un volumen que represente lo más destacado de la cartelística cubana hasta el presente (2015). El libro será preparado por la especialista en cartelística de la Cinemateca de Cuba Sara Vega Miche y antologado por su Director, Luciano Castillo. El diseño correrá a cargo de ediciones Cajachina (Colección G.), dirigido por Gilberto Padilla. La distribución comercial será realizada por UDL y catálogo de La Palma.

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Hasta ahora, los libros sobre el cartel cinematográfico cubano, nunca la mirada se ha focalizado exclusivamente en los carteles realizados para la cinematografía nacional, aspecto novedoso de este proyecto. A pesar de las ausencias, pues no a todos los filmes cubanos se le realizaron carteles (de hecho, filmes documentales, incluso muy importantes no tienen carteles y en peor caso se encuentra la animación), el libro representará una aproximación novedosa al tema.

El fondo digital de la Cinemateca de Cuba cuenta con más de 600 títulos de filmes cubanos y de coproducciones, de los cuales posee aproximadamente 520 imágenes. Hay muchos y muy buenos carteles de filmes cubanos que, al ser reproducidos en el libro propuesto, darían una validación en exclusiva, sin competir con los carteles realizados para filmes extranjeros, como ha ocurrido en otras publicaciones sobre el tema.

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La obra contará con un texto introductorio a propósito del tema y concerniente a la gráfica realizada por los emblemáticos diseñadores Eduardo muñoz  Bachs, Antonio Fernández  Reboiro, Alfredo Rostgaard, Antonio Pérez (Ñiko) entre otros y producida por la Cinemateca desde los años 60 hasta la actualidad. El análisis abarcará también lo relativo a los carteles producidos en los últimos tiempos en que una generación de jóvenes se ha encargado de la realización de la gráfica promocional del ICAIC y que en  algunos casos ha diseñado e impreso carteles desde los márgenes de lo alternativo.

Habrá una reproducción a toda página de una selección de los mejores carteles. Cada cartel aparecerá con su ficha correspondiente (título, autor, año, técnica y medidas). Los datos concernientes a la técnica y las medidas se definirá más adelante, pues en la mayoría de los casos la técnica (serigrafía) y medidas (76 x 51 cm) se repetirían.  Como no serán reproducidos todos los carteles, al final del libro aparecerán todos, en pequeño formato, como referencia del quehacer de esta gráfica referida al cine cubano. En este caso también estas imágenes tendrían suficha al pie.

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Al final del libro, habrá un apartado destinado a reproducir una selección de bocetos originales como expresión del proceso de entrega y adecuación de los diseños al tamaño estándar para serigrafía, artesanal técnica de impresión en la que fueron impresos la casi totalidad de los carteles.

La edición será de 1.000 ejemplares.

La poesía está presente en todos mis actos y sueños

El poeta, traductor y crítico literario Virgilio López Lemus arriba este año a su 70 aniversario con una vasta obra publicada entre poesía y ensayística

Autor: Madeleine Sautié | madeleine@granma.cu

21 de julio de 2016

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De una vastísima obra que alcanza en cifras 12 cuadernos de poesía y más de 20 de ensayo es au­tor Virgilio López Lemus (Fo­mento 1946), un hombre de obligatorias re­fe­ren­cias en las letras cubanas con­tem­po­rá­neas a juzgar por sus desempeños co­mo poeta, crítico, tra­ductor, pro­fesor titular de la Facultad de Ar­tes y Letras y acucioso investigador literario, cuyos saberes tocan figuras esenciales de la literatura insular.

Sonriente y sociable, creyéndose realmente importante solo para su familia y sus amigos, y desde luego “para mí mismo, pues no puedo vivir sin mí”, su nombre ha estado en los jurados de los más importantes concursos literarios cubanos, algunos españoles y del Premio Ibe­roamericano de Poesía Pablo Ne­ru­da del 2012. Miembro de tribunales académicos y docentes nacionales e internacionales, su madera de conferencista lo ha llevado a universidades de más de 15 países, su obra ha sido traducida a varios idiomas y desde el año 2000 al 2013 ha sido nominado para el Premio Nacional de Literatura.

Virgilio no tiene “mecanismos afi­nados para cierta convivencia so­cial llamada diplomacia”. A veces llega a ser amigo de sus jefes y prefiere tratar a sus jefes antes y después de sus cargos. No es dado a buscar premios “porque la vida me premió con un oficio que adoro y en todo caso me gustaría que me conozcan por mí mismo y mi labor”. Tiene un alto sentido de la lealtad y “lo he sido profundamente con las gentes que más he amado y con mi país.”

De no haber sido poeta, le hubiese gustado ser astrónomo, profesión extraor­dinaria que admira y materia sobre la que lee incansablemente. “Me pro­pongo ser en toda la extensión de la palabra, bueno, ojalá lo lograse siempre, siempre.”

—Un poeta probado se ha dedicado a escribir sobre la obra de otros. ¿Por qué?

—Creo que soy al menos para mí mismo un “poeta probado”, es la vocación fundamental de mi vida y a la que he entregado lo que he podido. Como nada poético me es ajeno y creo que la poesía es ara y no pedestal, deseo ser un servidor del hecho poético sea quien sea el autor o autora cuyos textos me conmuevan. Co­mo “servidor”, que es mejor que lla­marme “crítico”, he deseado ser de utilidad en el rescate y homenaje de grandes o menos elevados poetas del panorama nacional cubano y he deseado también concentrarme en el estudio de las poesías de lenguas española y portuguesa.

“A la larga me he dado cuenta de que más allá de ser un crítico, me he ido convirtiendo en un ‘ca­tador’ de poesía escrita, incluso oral, y disfruto enormemente cuando des­cubro entre los más jóvenes el nacimiento de un poeta de verdad, pues en este oficio muchos son los llamados y pocos los elegidos.”

—¿Qué fascinación produjo la poesía en Usted, y desde cuándo, para que la vida no le alcance trabajando para ella?

—Sí, esa es la palabra justa: fascinación. Cuando era niño, claro que leí a Martí, pero también mi abuelo me obsequió El Arquero Divino, de Amado Nervo, y un no sé qué poderoso nació en mí o quizá si lo traía en mis genes. En la adolescencia sentí el em­brujo de Bécquer y de Tagore. Luego, Rimbaud, Rilke y Pessoa colmaron mi deslumbramiento, Höl­derlin, Whit­man, Darío, Antonio Ma­chado, Bor­ges, Neruda, ¡qué poetas esos poetas! Cuando leí a Lezama Lima entré en pánico: “Esto es ser poeta”, me dije, “no puedo volar tan alto”.

—¿Cuáles son, a su juicio, las obras más importantes que ha aportado a la crítica literaria cubana?

—Es una pregunta difícil, pues lucho por no ser vanidoso y pensar que hago cosas “eternas”, nadie las hace. Pero creo que mi mejor libro de ensayo es Narciso, las aguas y el espejo (2004 y 2007), y el de crítica literaria más hondo es El siglo entero. El discurso poético de la nación cubana en el siglo XX (2008). Tam­bién he hecho un libro docente quizá valioso: Métrica, verso libre y poesía experimental de la lengua española (2009), que es obra de sín­tesis versológica y de algunos aportes míos, premiado por la Aca­demia de Ciencias.

“Tengo inédito un Diccionario breve de versología hispánica y creo que he hecho algunas contribuciones al estudio de la estrofa llamada décima en el ámbito del idioma, así como una mirada que deseo creer que es honda sobre Samuel Feijóo.”

—¿Qué se experimenta cuando uno se sumerge en el mundo interior de otros poetas para descifrar sus valores?

—Experimento gozo. Sentido de la belleza emotiva o intelectiva. De­seo luego comunicar aquello que descubro desde varias lecturas atentas. Quizá pueda cumplir con la idea de Juan Marinello, quien proponía que la crítica debe orientar, develar y ser creativa. El ensayo literario es labor de bellas letras, la crítica es oficio de servicio social más directo. Pero primero hay que sentir, vibrar al unísono, y he tratado de hacerlo con muchos, muchos poetas, más de cien. A no pocos les he dedicado estudios o libros enteros, sobre todo a Dulce María Loy­naz, al español Justo Jorge Padrón y al ya aludido Feijóo.

—¿Cuánto de regocijo y de in­satisfacciones tiene la misión de un crítico de literatura?

—Yo diría cuánto de incomprensión tiene el oficio crítico. No nos ha­ce monedita de oro, el crítico de vo­luntad honesta no puede decir elogios vanos, no puede ser el socio que glorifica. Es un oficio que no nos hace simpáticos para diversos creadores que a veces se la cobran de variadas formas: ninguneo, silenciamiento, ha­­bladurías incluso sobre nuestro carácter o vida privada, cerrar puertas, puñaladitas. Yo, por ejemplo, no soy ni deseo ser un polemista, yo trabajo, y si mi labor vale la pena, creo tener suficiente valentía para exponerla. Es un oficio al que debían pa­gar por peligrosidad.

—¿En qué momentos vuelve a la poesía, a ser poeta?

—No, no, yo no tengo momentos para la poesía, la amo entrañablemente y por eso está presente en todos mis actos y sueños, hasta en los menos poéticos. Pero sí que su escritura debe venir cuando llega el instante raro de la emoción, que diría Martí. Mis alegrías, mi dolor y mis lucubraciones son lo que en­tiendo por poesía. Pero también creo que ella está integrada a las fuerzas creativas del cosmos, supera con creces al género literario de igual nombre, y se asienta en la inteligencia y la sensibilidad creativa humanas.

—Una nueva entrega, Elogio de los poetas, acaba de ver la luz. De sus páginas emergen gratitud y nostalgia. ¿Son estos sentimientos los que lo invadieron mientras lo escribía o es impresión de esta lectora?

—Siento gratitud ante la belleza que otros, mediante las palabras, ponen ante mi vista y oído. Pien­so que toda poesía es “mi” poesía porque la que yo escribo quiere ser de todos. Nostalgia sí siento, pues hubiera deseado tener dones más amplios para que mi laboriosidad fuese más fecunda. Elogio de los poetas (2016) es una suerte de re­membranza de personalidades cu­ba­nas que tuve la suerte de conocer, y es un complemento por me­dio de mi memoria, de mi labor diferente como crítico y estudioso de sus obras.

—¿En qué nuevos proyectos tra­baja? ¿Cuáles considera debe emprender la crítica literaria cu­ba­na en estos tiempos?

—Tengo un libro inédito sobre un gran poeta europeo del que no hablo por ahora; estoy armando otro con estudios sobre poetas de España; he concluido un nuevo vo­lumen, el quinto, sobre la décima; tengo tres libros de poemas inéditos. He publicado una decena de libros traducidos del portugués y otra do­cena de antologías de poesía y tengo inédita y sin editor una que considero muy valiosa sobre la poesía neorromántica cubana, la corriente lírica menos estudiada de Cuba. Creo poco inteligente no publicarla. No sé otra cosa que deba hacer la crítica literaria de ahora sino lo que ha he­cho siempre: otear, admirar, dese­char o exaltar, opinar. Un crítico opina, no es un magister dixit. Allá el soberbio que crea serlo. Un crítico debe estar al tanto de la evolución de su género y de las llamadas “ciencias de la literatura”, pero ser él, no vomitar sabiduría, que lo haría un pedante.

—Llamarse Virgilio es casi un compromiso. ¿Alguna anécdota breve sobre la coincidencia?

—Sí, como no: una vez fui a lanzar un libro en presencia de José Antonio Portuondo, y el presentador me llamó Virgilio Piñera, quien había muerto cinco años antes. Por­tuondo preguntó si aquello era un lanzamiento o una sesión espiritista. Cintio Vitier, quien me llamaba “Virgilio, el bueno”, me hacía sonreír preguntándome si ya tenía terminada La Eneida.

“En una ocasión, cuando salía de mi casa en Marianao, un vecino me llamó y me dijo que no sabía que yo era un escritor tan importante, porque oyó por la radio una exaltación, supuestamente sobre mí. A la sazón ponían en escena Electra Garrigó. Y mi barbero solía decirme: ‘Si vas a comer, espera por Virgilio’. Mi nombre es un desafío para cualquier escritor”.

Granma

Legna Rodríguez Iglesias presenta en Miami su libro ‘No sabe/ No contesta’

Legna

DDC | Miami | 20 de Julio de 2016

El Centro Cultural Español de Miami (CCEMiami) organiza este 22 de julio la presentación del libro de cuentos No sabe/ No contesta (Colección G, Editorial Caja China, La Habana, 2015), de Legna Rodríguez Iglesias.

No sabe/No contesta es un libro promiscuo. Esa es la marca de Legna Rodríguez Iglesias, que en vez de escribir ‘cuentos’, ‘novelas’ o ‘poemarios’, dice que no, que ‘preferiría no hacerlo’, como Bartleby, y publica libros bastardos, degenerados, y gana concursos con su depravación literaria”, señala la nota editorial.

“Sus historias son el reino del desperfecto: nada funciona, secretos atroces revientan como pólvora, el amor disfraza el despotismo o la perversión, los padres atormentan, someten o literalmente destruyen a los hijos, la atmósfera es irrespirable. Pero Legna tiene la prosa, la agilidad y la falta de escrúpulos de una infante terrible. Engalanado con las ‘desviaciones’ que ningún censo se tomaría el trabajo de registrar, No sabe/ No contesta es un libro neurótico. De hospital”, indican sobre este volumen, que también ha publicado en España la editorial La Palma, en convenio con la Caja China.

“Escribo lo que me da la gana, como me da la gana y cuando me da la gana”, confiesa la autora en una entrevista realizada por Ena Columbié en el Nuevo Herald. “Si hay un tema que no toco es porque aún no me interesa. Porque aún no he pensado en eso. Porque aún no me ha dolido. Porque estoy buscando trabajo y lo olvidé en el camino. La libertad de mi escritura es obvia y concreta. Soy libre, aunque solo sea ahí”, señala la escritora, quien reside actualmente en Miami.

Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984) es poeta y narradora. Ha colaborado en publicaciones como Amnios, El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, Hypermedia Magazine, Jai Alai Magazine y DIARIO DE CUBA.

Ha obtenido el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2011 y el Premio Casa de las Américas 2016, en la categoría de Teatro.

Tiene publicado los libros de poesía Hilo+Hilo (Bokeh, 2015); La Gran Arquitecta (Colección Sur, 2014); Chicle (Colección Limón Partido, Proyecto Literal, 2013); Chupar la piedra (Abril, 2013); Tregua fecunda (Unión, 2012), y El momento perfecto (Editorial Matanzas, 2012).

También ha publicado las novelas El arroz de la locura (Gente Nueva, 2015); Las analfabetas (Bokeh, 2015); Mayonesa bien brillante (Editorial Matanzas, 2012), y el libro La mandarina mecánica (Reina del Mar editores, 2015), de literatura infantil.

No sabe/ no contesta será presentado por el escritor Abel Fernández-Larrea, este viernes 22 de julio, a las 7:00 pm, en CCEMiami (1490 Biscayne Boulevard Miami). La entrada es gratuita.

lena

 

Días de entrenamiento: La palingenesia como literatura (O viceversa)

días de entrenamiento

Ahmel 2

En vísperas de la publicación de “Días de entrenamiento”, número 2 de Colección G., recuperamos un texto de Rafael Águila de agosto de 2012.

UNO EN EL OTRO: OTRO EN EL UNO

Una novela, sostenía Stendhal, es un espejo que se pasa por el borde de un camino. Para Balzac la literatura se erige como la historia privada de las naciones. Historia subjetiva, desde luego, de la mano de la subjetividad de quien la urde. De esa suma de subjetividades emerge la historia de la que hablara Balzac. Días de entrenamiento, novela de Ahmel Echevarría, vaticino, devendrá cadena de obligada urdimbre en la suma de subjetividades de esa suerte de historia privada que definiéndola nos define. Octavio Paz nos legó la relación Plaza/Alcoba. Los conflictos de la(s) persona(s) definidos (y definiendo) desde (y por) los conflictos del sitio que sostiene los pies. Y muy especialmente: viceversa. Mutatis mutandis, desde luego. Si hay un novelista lleno de similitudes escriturales al Ahmel Echevarría que escribió esta novela ese es Milan Kundera. El checo deambula desde sus conflictos personales desbordado por los conflictos paísales, podríamos decir, creando la palabra. Milan Kundera no sería Milan Kundera sin la invasión rusa de Checoslovaquia. Esa fue su historia privada. Y la del sitio que le sostenía los pies. Esa su energía primaria. Su élan vital, a lo Bergson. Lo personal impactando en lo nacional, lo nacional impactando en lo personal. La fuerza tremebunda, se intuye, está en lo segundo. No hay que descartar, sin embargo, que la historia devasta desde la subjetividad que aislada es solo tragedia privada para, de la sumatoria de aislados (ésta sí objetiva) devenir tragedia de todos. De la historia plural a la personal, incluida ahí, por supuesto, la de los gobernantes. Y otra vez viceversa. La historia: a un tiempo vía y a un tiempo abismo. Días de entrenamiento, es una novela poliédrica, un vasto ludograma que tiene y contiene a la vida (la personal y privada) y a la historia, en tanto externalización de lo personal, externalización que, infortunadamente, es boomerang que retorna para determinar dramas y tragedias privadas, sin olvidar (una vez más) las viceversas, ese gran drama y esa enorme tragedia que cada uno coadyuva a fundar en lo paísal de la mano de acciones e inacciones. Esos vientos, tremebundos, baten en esta novela. Esas son las cortantes aristas. Ese el élan vital, a lo Bergson. La dicotomía País/Persona. Uno en el Otro. Otro en el Uno. Ontogenia y filogenia. Dicotomía: en realidad unívoco binomio. Ya lo dijo Bloom, el significado de una palabraes siempre otra palabra.

LA MUERTE: SEXAGÉSIMA PARTE DEL SUEÑO

Días de entrenamiento es una novela necrológica, pudiera decirse. Necrográfica, dirán otros. Ciertamente es una novela cargada de muerte. La muerte hierve en su centro como el magma al centro de la tierra. “¿Alguien hablará de nosotros cuando hayamos muerto?”, se preguntan acá los personajes. La muerte arrasa desde lo privado personal y lo plural paísal. Grava sus indelebles muescas el óbito privado, ese que solo afecta a uno (o a unos, limitados a un muy estrecho círculo) y la tragedia total, paísal, que asola y arrasa a todos. Muere una muchacha victima de un tumor; muere un chico en un estanque; muere otro, ahogado, en el Estrecho de La Florida; se asiste a la exhumación de una abuela. He ahí las muertes privadas. Muere el Papa Juan Pablo II; enferma gravemente el viejo de fierro, se teme por su vida, puede morir. La posibilidad de esa muerte instila sobre todo y todos una amarga sensación de non plus ultra (“¿se te ocurre algo por lo que tenga sentido brindar?”)1, de sobrecogedora indefensión (“el universo cambiará pero, ¿qué pasará conmigo?”) y no menos pavoroso asombro. Son las muertes de todos. Dos cajas deambulan por esta novela, una de cristal, la otra de madera. La de vidrio “contiene todas las respuestas. Puedes acercarte y preguntar. Para conocer la respuesta debes poner tu mano sobre el cristal”. Y se nos dice. “… aparecerá lo que deseas ver. Verás una imagen”. Se acude a la caja de vidrio y detrás del cristal se mueve, ama y extiende las manos Grethel, la chica víctima del tumor. Es esa la imagen deseada. En la caja de madera el muerto no se nombra, no se vislumbra pero deviene isla. Una caja desde la que se vislumbra el difunto privado, otra en la que deambula el paísal. Al privado se le mira, se le palpa, se le ama. Poco importa sean diez los minutos que el artefacto confiera. Cuerpo amado/palpado es cuerpo amante/palpante. Vivo. Si oráculos y pitonisas se afanaban en atisbar futuros la caja de vidrio se ofrece en función de vislumbrar pasados. Artefacto de Delfos a la inversa: adminículo dador del pasado. Oráculo para la memoria. Pitonisa para el recuerdo. Vivo está también el muerto paísal, tan vivo que deviene isla. Recuérdese: ex nihilo, nihil. No asistimos a la muerte como cese y fin. No es esta una novela necrológica. En puridad es una novela necrogénica. La muerte como génesis. El fin como principio. El cese como continuidad. A los muertos personales regresamos para mirarlos y amarlos, no olvidarlos nunca, asomados a la memoria desde el vidrio. Los muertos paísales, tragedia de todos, a todos atañen. Y en tanto isla a todos sostienen. Otra vez la dicotomía. Otra vez Uno en el Otro, Otro en el Uno. Palingenesia. Esa es la palabra. Todo cuanto la realidad no logra a la realidad arriba literatura mediante. Desde la memoria. La remembranza recompone el recuerdo desde lo deseado (o lo justo) nunca acontecido. Se funde el pasado para refundarlo desde el presente2. Desde la literatura. La literatura como génesis: palingenesia. Un cadáver deviene isla, una caja navega hacia el mar. Si las venturas y desventuras de la isla han llegado desde el mar (desembarcos cargados de vivos) esta nave catafalco hace el camino inverso (se hace a la mar llena de muerte), en semejante trance se deshace, del tablado brota un cuerpo, y del cuerpo (como lo profetizara Virgilio, el nuestro, el autor de “El caramelo”) una isla. Palingenesia. Refundación. Una isla al pairo frente a otra. En la refundación ha emergido precisamente desde una Biblioteca3. La literatura ha fundado una isla. Y en ese resurgir, el gobernante, el viejo de fierro, desea reencarnar para, precisamente (¡por Dios!), ser escritor. Sumar su grafía a la de todos. La segunda opción: ser un conteniente. Crear es vencer. Crear es pelear. Hay que tener un plan… estas son frases que una vez y otra pronuncia el viejo. Y ese es el plan. No el suyo, a él mismo lo ha tomado por sorpresa, pero ahí está, escribiendo, no dejará de hacerlo, persistirá hasta que finiquiten sus páginas, hasta entonces lo respeta la muerte. Aun tras ella seguirá escribiendo. Y todo ello ocurre el día de un desembarco de vastas proporciones para la historia patria. Cuba se ha fundado de hecho y derecho desde la literatura. Y desde los desembarcos. Colón la lanza por vez primera al ruedo desde su Diario de Navegación. Espejo de paciencia (donde se enfrenta tragedia llegada desde el mar),la inaugura en la literatura. Si realmente el círculo delmontino urdió esa novela en función de dotar a lo paísal de historia literaria el engarce es fastuoso. Urdir una isla, justificarla, desde las letras. Palingenesia. Si Martí funda un periódico le hace llamar Patria. Y a los 14 años es Abdala y su amor madre a la patria. Rafael Rojas sostiene que Martí fundó una patria cuando todavía ella no existía. Axioma discutible (en el 68 se murió y sufrió por diez largos años en función de esa patria) más no absolutamente inaceptable. Martí funda desde la literatura. Fragua y forja fueron sus discursos. Su palabra. Otra vez y siempre palingenesia. Desde las letras. Si se anuncia el grave estado y la probable muerte del viejo de fierro él mismo lo hace saber: desde las letras. Siempre las letras determinando el derrotero (¿las derrotas?) de lo paísal. Y eso suma y resume ahora esta novela: palingenesia desde la palabra, desde la literatura, desde la memoria con el anhelo de refundar la isla. Derrotero: exorcismo de derrotas. Y como vía crucis el metamórfico poema de Virgilio. Y no solo aquel poema, avanza el catafalco hacia el mar y son los ecos y hálitos (breves pero categóricos) de otro poema virgiliano, grandioso, La isla en peso, rotundo y bautismal. Ahmel Echevarría ha escrito una novela caleidoscópica, poliédrica, estereotáxica.

LA MUJER: DIOS POR MEDIO

“Donde hombre y mujer se hallen ahí estará Dios por medio”, escribió alguna vez José Saramago. Si la muerte bulle en esta novela como el magma al centro mismo del planeta (ese planeta isla que afelio y perihelio danza al centro de este texto) hombre y mujer bullen (¿quién sabe si es mayor en ellos el hervor de la danza?) entre el magma que se agita en esta novela. En estas páginas la mujer es Dios tutelar. Las vivas y las muertas. Necrogenia mediante son una las dos. Las que besan y las que se exhuman. Diosas todas. Se besa un vientre femenino tras cuya piel se agita la vida. Se escribe sobre el vientre lo que en mágica inversión leeremos sobre un espejo: all the rest is silence. Videant per speculum, nos legaron las sagradas escrituras.Grethel, Moonlight, Mónica, las dos Raizas, chicas que tras una ingesta se regurgita, pequeñitas y húmedas, topacio y ámbar, todas en una, andan y desandan estas páginas, entes privados, corpóreos y parlantes, sacros lenitivos ante las tragedias. Desnudar a una chica, se nos dice, como quien extrae cuerpos de los escombros de un terremoto. “Entrar en una novela como se irrumpe en una capilla”, escribió un día Goethe. El autor lo ha hecho, no importan en derredor los escombros: capilla y novela se han trasmutado en muchacha. El menstruo de una chica atempera, de sagrado púrpura, un performance sexopictórico. Simón Mago sostenía que en el cuerpo de una prostituta (hallada en un burdel de Tiro) moraba Ennoia, el Pensamiento para los gnósticos. El gnóstico asume el mundo desde la pareja, desde lo dual. Ennoia, nos dice esta novela, está en cada mujer.Sexo: terminus ad quo. Se hace el amor mientras desde el noticiario asedia la muerte del Juan Pablo II.Sexo:asilo de asolados. Asidero. Lenitivo contra tragedias. Se marcha una chica y lo hace “despacio, sus grandes alas plegadas tras la espalda”. Y es que no es una mujer: es un hada. Los entomólogos aseguran que la mariposa emperador detecta el olor de la hembra a once kilómetros. El amor. El sexo. Los cuerpos. La mujer. ¿El resto?: silencio.

LO IRREAL NO MENOS MARAVILLOSO: EL IRREALISMO SOBERANAMENTE MAGICO

Tiene la realidad, territorio oficialmente lícito, el aditamento (fiel y feroz, nunca falaz) del absurdo, parcela jamás oficial, siempre ilícita, sempiterno no tresspassing, lúdico no authorized land. No hay definición más certera de lo real cotidiano (por elipsis) que lo absurdo no menos cotidiano. Una ciudad visitada por dos catafalcos semovientes; chicas de cuerpo mínimo que se regurgitan en una bañera para ser acariciadas como pudo hacerlo Gulliver en la mítica Liliput; muertos que se agitan para amar; un cadáver que se resuelve isla; un kodama, doppelgängerque,a la manera del manga o el shintoismo japonés escolta y acompaña en vida como el Ka egipcio secundaba en la muerte4; el malecón como cenáculo, suerte de última cena verbal a la que asiste, testigo respetuoso, atento el oído y prestos los inútiles auxilios, un único discípulo; una casa que navega llevada por oníricos vientos, singladura citadina cargada de seres; un viejo de fierro que en silla de ruedas atraviesa la urbe; Malevich anunciando su plástica y rusa presencia en un hogar de Altahabana. Esos son los actantes. No importa el territorio, lícito / ilícito, ellos asoman el rostro de rosado ectoplasma para anunciar, desde más allá del no authorized land, que la realidad, gélida y ataviada de old fashion, está henchida de cálidas y novedosas irrealidades. Pánicas. Lo irreal soberanamente mágico se dirime como el punto de fuga de esta novela. La eminencia gris de este corpus. El ducto de este aleph, si artefactos tales los exhibieran. No son estos, sin embargo, efluvios que a tierras de García Márquez o Alejo Carpentier reverencien. Se toman brújula y carbono 14, aditamentos delatores, y las esporas parecen arribar, etéreas e irreverentes, desde ese otro soberano land que es Reinaldo Arenas. Desde su fray Servando y las sombras chinescas (alucinantes) de aquel mundo. Alucinaciones éstas, las de Ahmel, que, como aquellas de Arenas, llegan con el hálito bajtiniano de la carnavalización. A diferencia de aquellas, sin embargo, el inefable aliento de lo hierático las anima y contamina, asistimos a una suerte de carnavalización épica, en modo alguno degradada. Lo demodé ni excluye lo épico ni lo degrada. Carnavalización épica. Hierática. Ahmel Echevarría es un iconoclasta que respeta íconos.

LA HABANA: MAGNA URBE DEL ORBI

En las últimas dos décadas la otrora villa de San Cristóbal de La Habana, en postreros días asolada por ingleses y piratas, se ha visto llamada a continuos protagonismos literarios. La ciudad se ha resuelto actante. Dramatis personae. Cada autor ha tomado para ello su Habana, tantas como hay. Bajo una ciudad se mueve siempre otra, y debajo otra. Así hasta el infinito. Tantas ciudades como seres se mueven en ella. Italo Calvino, autor reverenciado por Ahmel Echevarría, sostiene que toda ciudad es tres ciudades, la de los vivos, la de los muertos y la de los no nacidos. La épica carnavalizante de esta novela parece aludir a todas ellas. Y a todos ellos. Los personajes de esta novela se mueven (como un continuum) a través de La Habana elegida por el autor, hechos que conducen al mismísimo epicentro narrativo van a tomar cuerpo y espirit sobre sitios icónicos de la urbe. Tomemos Tres tristes tigres, novela canónica de Guillermo Cabrera Infante, la más citadina y habanera de las novelas, en esas páginas la ciudad (la elegida por el autor) late y alborota, neones y sombras. La ciudad es el personaje central. En Días de entrenamiento, en cambio, la ciudad es mera escenografía. Papier mâché. Decorado. Naturaleza. Si bien no muerta hibernada. Una Habana a lo Dogville, de Lars von Triers. Los seres se mueven, neones y sombras, dentro de un holograma. La ciudad está ahí: contiene cual receptáculo. El papier mâché,sin embargo,tampoco excluye lo épico, menos aun el drama. Ni lo degrada.

DE LA INTERTEXTUALIDAD SURGIMOS: A LA INTERTEXTUALIDAD REGRESAMOS

Gerard Genette ilustra acerca de cinco relaciones transtextuales: intertextualidad, paratextualidad, metatextualidad, architextualidad, hipertextualidad. Todas ellas, en browniana urdimbre, están presentes en esta novela. Si de acuerdo con Genette la intertextualidad es la “presencia efectiva de un texto en otro” Días de entrenamiento es una novela multihenchida de textos otros. Un hipertexto que a cuestas carga una legión de hipotextos. No olvidemos que somos hoy más intertextuales que nunca. Si “no hay enunciado que no se relacione con otros enunciados,” como nos llega desde Todorov, esta novela resulta sostenidamente poliasociativa y multienunciativa. El título mismo alude lo paratextual, un film norteamericano de serie negra. Si la paratextualidad resulta “una mina de preguntas sin respuesta”, como sostiene Genette, en esta novela las preguntas danzan junto a las respuestas. Se asiste a la antesala que marca la consumación de una época. Antesala: training field. Cuando el viejo de fierro enuncia su “dentro de la literatura, todo”, la alusión (metatextual) hace volar hacia el clásico e histórico texto primigenio. No se trata, sin embargo, de un pastiche. La ausencia de halo satírico o desvalorizador lo destierra. Más allá del llamado pastiche neutro podría citarse alguno de nuevo tipo: un pastiche épico. Refundación y palingenesia suponen rehechura de postulados. Y si escribe el viejo de fierro nos regala, letra a letra (asoma la testa el Pierre Menard borgeano), el nunca desdeñable final de El Reino de este Mundo, de Alejo Carpentier. La novela incluye un diario, elemento que puede tomarse, desde la estructura, como relación intratextual. La transtextualidad no anega en esta novela únicamente desde lo literario (Virgilio, Carpentier, Guillermo Rosales, Borges, Cortázar, Piglia, Kafka): inunda, heteroglósica y polifónica, desde múltiples canales: desde la música (se hace el amor y son los acordes de Louis Armstrong y la voz de la Fitzgerald, música y mujer, dos de las presencias más rotundas de estas páginas); las artes plásticas (otra vez pintura y mujer: se dibuja desde (y con) sus cuerpos); el comic; el cine, la radio, la televisión (personajes vigilantes de ese hipotexto que exalta desde las pantallas corporizados en noticiarios como externalización del no yo5. Ese que, según Vallejo, hacía imposible hablar sin dar un grito.

DIAS DE ENTRENAMIENTO: ¿BILDUNGSROMAN?

El título mismo alude a esa posibilidad. Entrenamiento: aprendizaje. Y el aprendizaje asoma desde múltiples vías. Desde lo privado y desde lo paísal. Otra vez y siempre en esta novela. Llega desde la mujer, el sexo, los cuerpos. Las muertes. Incluso desde la amistad. Llega, desde luego, en tanto resultar un texto pasaje, antesala, laberinto a una época otra. Y en el laberinto se ha de abandonar la crisálida. Se corta el cordón umbilical. No hay bildungsroman, sin embargo, exento de la relación maestro/discípulo. He ahí las páginas finales de El juego de abalorios, la portentosa novela de Hermann Hesse. Joseph Knecht, a la vista de su discípulo, se funde en un lago. La unión mística entre hombre y naturaleza, suerte de panteísmo antropológico, se consuma para guiar a la vida al alumno. Cierre de ciclo y, a un tiempo, continuidad. En Días de entrenamiento el viejo de fierro es el maestro. Y Ahmel, el personaje, llevado de la autorreferencialidad que exhibe esta novela, discípulo. La relación es en extremo dual, la simbología fastuosa: desea el viejo escribir y el muchacho le encomienda su Parker, muere el viejo mas le ha obsequiado antes la suya. La toma el muchacho. Se ruboriza, pero al cabo, se nos dice, el viejo se la ha regalado. Muy vasta trascendencia tiene acá esa pluma. Es el Santo Grial de estas páginas. ¿Cuál podría ser el sitial de un aditamento del que surgen letras y literatura en una novela que pretende situar ambas al centro mismo de toda creación? La pluma como útero. Élan vital. Célula primaria. En no pocas ocasiones se alude a la posibilidad de volarse la tapa de los sesos con ella. Dúplice función la que posee: crear, destruir. ¡Y ese aditamento, fuente de la palingenesia que se erige desde esta novela, pasa del viejo de fierro al muchacho! Hesse llevó a Joseph Knecht y a su discípulo a un lago. El designio: trascender. La intención es similar cuando en Días de entrenamiento (frente al mar) un muchacho toma la pluma con la que se ha afanado un viejo gobernante.

LA LITERATURA: DESPLAZAR EL SENTIDO HACIA OTRO LUGAR

Piglia, se nos dice, estaba seguro de que Kafka escribía sus diarios “para desplazar el sentido hacia otro lugar”. Entender lo vivido/acaecido desde (y por) las letras. Puede sea ese el sentido mismo de la literatura. Vaticino es ese el sentido mismo de este libro: aprehender (lo privado y lo paísal) a través de lo escrito. Llevarlo dentro, descifrarlo. Lo vivido (o por vivir) es un jeroglífico que solo se desentraña en el acto de transmutarlo en letras. De ahí el empeño del autor con la memoria. Testificar. Dejar las debidas constancias, y en el proceso, lograr comprenderlas6. Aseguraba Herman Hesse que el oficio del escritor residía en estar callado, abrir los ojos y esperar el momento justo. Ahmel Echevarría es un hombre callado con los ojos muy abiertos. En cuanto a la espera aludamos, paráfrasis mediante, a Calvino: tres clases de esperadores existen, los vivos, los muertos y los aun no nacidos. Para todos ellos, entes hiperonímicos y multánimes, parece escribir Ahmel Echevarría.

NOTAS

  1. El plus ultra existe: se brindará por el vientre de la chica, dador de la vida.
  2. Spencer Tunick no logró bosquejar su fiesta de cuerpos desnudos ante el diafragma de su cámara. En esta novela, sin embargo, la cámara de Tunick bosqueja la fiesta.
  3. No solo de Biblioteca se ha alimentado: antes ha transitado la ciudad toda, ha circunvalado la isla. La ha contenido y resumido, lo ha colectado todo, cada hora, cada ser, cada palmo. El peso todo de la isla.
  4. Elemento en extremo interesante resulta el empleo del doppelgänger, al personaje central acompaña esa suerte de doble en la piel del kodama (espíritu de los bosques, de acuerdo a la mitología japonesa); dos son las Raizas regurgitadas; en la apoteosis dos son las islas y dos los hierofantes; dos las cajas, una de cristal, otra de madera. A ello se une que la estructura de la novela se conforma desde dos secciones de periódica recurrencia frente a otras de solitaria aparición, suerte de ritornello que hace recordar formas musicales. Dos, siempre dos: el dualismo como sistema.
  5. En una suerte de orgía transtextual Ahmel Echevarría asume la realidad como hipertexto. Ficcionaliza desde lo real cotidiano. En esta novela los personajes montan guardia frente al televisor y los noticiarios asoman como personajes moduladores/catalizadores. Autores como Cesare Segre han enunciado la interdiscursividad o relación semiológica entre un texto literario y otras artes (pintura, música, cine, canción etcétera).
  6. Pregunta el viejo de fierro por la literatura para, a renglón seguido, apuntar: “Podríamos estar creando algo más grande que nosotros mismos”. (En contextos varios los cubanos lo hemos hecho). He aquí, otra vez, una relación intertextual: el autor desplaza la historicidad como ente germinativo hacia la literatura.