Breve guía para rastrear escritoras cubanas

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Por: Javier Rabeiro Fragela

9 de marzo de 2013

Escribí esta especie de guía para un amigo brasileño de visita en Cuba, interesado de pronto en la literatura cubana escrita por mujeres. La escribí y se la entregué, ya que él estaba decidido a iniciar una búsqueda por todas las bibliotecas y librerías del país. Se trata de mi opinión sobre lo que he tenido la oportunidad de leer, de modo que hay muchas ausencias razonables. (No soy un lector sistemático, leo lo que me regalan, encuentro, hurto, o compro.) Pero de todas formas resulta una buena guía para quien de pronto se interese en buscar.

Pudiera comenzar con Juana Borrero, pero no vale la pena, sus poemas son tan espléndidos que hablan por sí solos, son un alegato contra el olvido del tiempo.

Con Gertrudis Gómez sucede lo mismo, nada que hacer.

Aurora Villar Buceta nunca publicó un libro, pero escribió varios cuentos. Abordó una literatura realista que, a pesar de tener ya más de cincuenta años, se siente lozana, refrescante, con innegables valores estéticos.

La expresividad de Dulce María está en cada uno de sus textos, son ondas electromagnéticas que empiezan a vibrar de solo acercarnos a sus libros.

Luego nos topamos con Dora Alonso y Fina García, ambas de una sensibilidad particular y recursos extraordinarios.

Nersys Felipe, María Elena Llana y Esther Díaz Llanillo aparecen después, con obras disímiles que van desde la más exquisita ternura hasta una observación de la línea entre lo posible y lo imposible.

La prolífica Marta Rojas impresiona con su erudición y sus vivencias.

Mirta Yánez aparece con el dominio de las historias que narra, ligado al encanto inevitable de su escritura.

Lina de Feria, llena de revelaciones y hallazgos, hace pensar más de una vez.

Mercedes Melo, con su explosión intertextual asombra, maravilla y enseña.

Nancy Morejón tiene el poder, no hay manera de comparar los latidos de sus versos.

Marilyn Bobes te puede hacer sangrar de placer, sobre todo con su poesía.

Gina Picart nos muestra una escritura bien bordada, con hilos fuertes, a veces epicúreos.

Aida Bahr clava su mirada, como una pica, en el lugar donde quiere que mires.

Mayra Montero nos narra su perspectiva. Algunos me han dicho que no hace literatura cubana porque no vive en Cuba, sin embargo, eso no tiene la menor importancia, ¿acaso no son cubanas Alejandra Pizarnik, Laura Esquivel, Nadine Gordimer, Margaret Atwood, J.K. Rowlings o Marguerite Yourcenar?

Laidi Fernández, a veces nostálgica, a veces divertida, nos insufla su aliento.

Mariela Varona es la emancipación, la libertad.

Mylene Fernández es la inspiración.

Nara Mansur nos canta con una voz histriónica y emotiva.

Anna Lidia Vega crea una enajenación en el lector, es como una droga, una vez que la lees no puedes vivir sin ella (deberían prohibirla).

Karla Suárez va en busca del rastro de la anécdota, su rocío es perdurable.

Haydée Sardiñas es el realismo con espejuelos azules.

Teresa Cárdenas hace magia con la tradición, enriquece el folclor con sus historias.

Ena Lucía Portela te mostrará la verdadera cara de las cosas, su ironía, unida a la argucia literaria, organizan incendios.

Rebeca Murga es para mí la introspección contenida, el pensamiento en su recorrido.

Mildre Hernández, no puedes morir sin robar sus escritos y leerlos en secreto como una carta dirigida a tu alma.

Gleyvis Coro, directa como una saeta, puede atravesarte en segundos.

Evelyn Pérez logra sacudir montañas. Cuidado.

Souleen Dell’Amico, su sensibilidad es trastornadora, léela a distancia.

Yanira Marimón, golpe seco y estremecedor.

Yordanka Almaguer, una suculenta experimentación clásica (si es posible que eso exista).

Adriana Normand, concisión sin límites.

Polina Martínez, hondura estructural, estética que reventará en tus manos.

Aymara Aymerich, lucidez encendida todo el tiempo.

Greity González, se me antoja como un moderno clasicismo con una elaboración terminada.

Agnieska Hernández, el desafuero, lo impensable.

Dazra Novak, aborda la escritura con puntos de vista que derretirán tu intelecto.

Yamila Peñalver, construye su texto con un cincel de apropiaciones sui generis.

Adriana Zamora, una voz que te perseguirá sin querer a todas partes, aun después de haber cerrado el libro.

Zulema de la Rúa, sensualidad pura.

Mónica Ravelo, caracterización de la intensidad.

Elaine Vilar, imaginación, alas en los pies.

Anisley Negrín, intensidad, bridas rotas, llegar a algo.

Marvelys Marrero, hay una marca en lo que toca (no se quita con jabón).

Jamila Medina sabe tender trampas con hilos de araña, caerás en ellas.

Liany Vento, tiene algo que decirte, ve a buscarlo.

Susana Haug, su lenguaje te tomará de la mano para señalar a lo lejos.

Legna Rodríguez, esde la erupción de sus palabras, ¿qué no se convierte en lava?

Marlene Lufriú, tendrás deseos de desayunar sus textos, saborearlos como un helado.

Hay más, muchas más que no he leído y tal vez leeré. Muchas veces me he preguntado cuál será la mejor de todas, cuál se burlará eternamente del tiempo. Una mañana le hice esa pregunta a Alberto Guerra. Fue una pregunta general, me refería a todos los escritores de la historia. Alberto sonrió, señaló a su izquierda y me dijo esta cosa interesante: “El mejor escritor de la historia será siempre el muchachito(a) de trece años que vive al doblar de la cuadra, ese que le ha mostrado sus textos inéditos a varias personas y que cuando se habla de literatura, ya tarde en la noche, sale a relucir como el muchachito(a) que escribe tremendos cuentos”.

Supongo que eso es lo que me ocurre con la literatura cubana escrita por mujeres. Después de leer un cuento o un libro me digo: ¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo estas mujeres escriben tan bien? ¿Cómo son tan buenas? Luego, por supuesto, le doy paso a la negación, cierro los ojos ante lo evidente. Me digo con los dedos cruzados: Son una mierda. No sirven para nada.

 

 

López-Nussa: un personaje raro en la cultura cubana

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LUZ ESCOBAR, La Habana | Junio 09, 2016

Ante los ojos de los espectadores se abrió el mundo de líneas y manchas de López-Nussa. (14ymedio)

Las familias insignes han marcado la cultura cubana como cuerdas que recorren una estructura y la robustecen. Los Diego, los Loynaz y los Vitier son algunos ejemplos de esas estirpes cargadas de creadores y artistas. Entre ellas, los López-Nussa resaltan por su profusión y versatilidad. Este martes, la Biblioteca Nacional José Martí homenajeó a una de las figuras más destacadas de ese pródigo linaje: el dibujante y crítico de arte Leonel López-Nussa.

El árbol genealógico, repleto de músicos, pintores y escritores, estuvo representado por lo mejor de su descendencia. Ernán y Harold se sentaron al piano, Ruy hizo sonar con talento la batería y Ruy Adrián le sacó maravillas al cajón en un concierto casi íntimo dedicado al patriarca del clan. En el público se juntaban espectadores cercanos a la familia, con nietos, bisnietos y sobrinos del fallecido pintor y crítico de arte.

En este centenario de su nacimiento, muchos han recordado que Leonel López-Nussa vivió de niño en Puerto Rico, pero siendo joven marchó a México y después a Nueva York donde trabajó en el estudio del pintor Felipe Orlando. Fue justo en esa época en que mostró por primera vez sus obras al público. Poco tiempo después, desembarcó en París para empaparse del espíritu irreverente que marcaba la ciudad.

Algo de esa audacia se hizo sentir en el encuentro en la Biblioteca donde, a pesar de las intensas lluvias que deslucieron la jornada, se reunieron decenas de personas y primó la espontaneidad musical. El plato fuerte de la jornada recayó en la inauguración de la exposición La pintura respetuosa en la galería El reino de este mundo, de ese templo a los libros enclavado en la avenida Boyeros y 20 de Mayo.

Con un catálogo de lujo que incluye en sus 35 páginas dibujos, pinturas y varios textos, la muestra recoge la originalidad y frescura de este artista muchas veces relegado por los críticos y las antologías. Ante los ojos de los espectadores se abrió el mundo de líneas y manchas, por momentos crudas, de Ele Nussa, como también se le conocía.

Su trabajo como dibujante lo alternó en la redacción de varias revistas, como el suplemento Lunes de Revolución, donde se desempeñó como responsable de la página de artes y espectáculos. Pero su faceta más temida fue la de crítico cinematográfico y teatral, que realizaba muchas veces en la revista Bohemia y le generaba encontronazos y polémicas.

La exposición inaugurada este martes propone una mirada diferente que va más allá de los encasillamientos como dibujante y saca a relucir su obra como pintor. Sobre las paredes, las escenas aluden a temas recurrentes pero replanteados visualmente, como el amor, la historia, la abstracción y lo grotesco.

Especialistas y neófitos no dudan en clasificarlo como “un personaje raro en la cultura cubana”. La actual muestra intenta completar el rostro poco conocido de quien el crítico Rafael Acosta de Arriba llama “maestro de la línea”. Entre las casi 60 obras que pueden disfrutarse desde este martes en la Biblioteca, abunda la diversidad de formatos y técnicas, aunque predomina el óleo sobre tela junto a piezas en acrílico, o tinta sobre cartulina.

El reconocido crítico de arte Orlando Hernández comentó en su texto para el catálogo que “la obra plástica de Leonel López-Nussa quizá no ha sido de las más castigadas por nuestra habitual desmemoria gracias a la perseverante gestión de la familia, especialmente a la actividad de su hija Krysia”. Aunque reconoce que el autor “se halla aún muy lejos de alcanzar ese modesto, pero bien merecido Paraíso” entre “los clásicos”.

En declaraciones a 14ymedio, Ernán López-Nussa explicó que la exposición se logró “con el esfuerzo de personas allegadas y por el gran interés mostrado por el curador Nelson Herrera Ysla”. El artista lo considera como “un merecido homenaje” a su padre y aclara que varias piezas provienen de su estudio musical, pero sobre todo “de colecciones privadas de amigos que las han prestado para la exposición”.

La música jugó también un importante papel en la vida de Leonel López-Nussa. “Era algo que siempre estaba alrededor de él, en su estudio siempre escuchaba música”, recuerda su hijo. “Forzosamente tenía música alrededor suyo porque nosotros, o estábamos estudiando o estábamos ensayando”, apunta. “Incluso dormía siestas en medio de aquel escándalo tremendo”, por lo que la tarde de este martes, con los niños correteando por la sala de la Biblioteca Nacional, fue como uno de “esos días de la vida en los que se pintaba y se hacia música”.

 

Bitácora del cine cubano: Volumen III. Producción ICAIC 1960-2014

portada ICAIC I

El Ministerio de Cultura de España apoya el proyecto de ediciones La Palma para difundir el patromonio cinematográfico cubano

Dentro de la colección Cuba, ediciones La Palma, consolida su alianza con la Cinemateca de Cuba, en la persona de su Director, Luciano Castillo. Fruto de la relación entre la institución cultural cubana y la editorial española, la Cinemateca ha encargado a La Palma que represente su reciente obra en España, denominada: “Bitácora del cine cubano”, un compendio de la historia del cine cubano en 3 volúmenes.

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Estos volúmenes constituirán la única referencia de su tipo sobre la producción fílmica cubana, desde el cine silente hasta 1959 y a partir de la constitución del ICAIC hasta el año 2013. El presente proyecto puede entenderse como el producto de años o décadas de recuperación del patrimonio fílmico cubano, siendo éste la guía o bitácora, entendido como andadura, revisión, ampliación y rectificación. En su origen, la bitácora fue un cajón donde permanecía el libro de ruta para verificaciones constantes de la travesía, era el reservorio del conocimiento. Así debe verse este conjunto de informaciones que detallan un oficio, una afición y un placer comenzado en los albores del cinematógrafo, que fueron los del siglo xx.

 

La Cinemateca de Cuba, en años recientes, comenzó a vivir un anhelado programa de restauración, digitalización de toda la producción, cumpliendo así su primer objetivo: preservar la memoria; para cumplimentar inmediatamente su segundo objetivo: el educativo, el de difundir esa memoria, para el enriquecimiento de todos. La “Bitácora” es parte esencial en el logro de este propósito. Aquí se reúne la información mayoritaria de la producción cinematográfica cubana, y tácitamente se evidencia la necesidad de acometer una información complementaria sobre la parte que falta: las películas no pertenecientes al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) como empresa señera. Es una contradicción que solamente explican las circunstancias en que ha trabajado la Cinemateca de Cuba, creada, regida y mantenida por el aparato central de la producción audiovisual cubana durante más de medio siglo. Las películas que no controlaba, ya fueran institucionales, de grupos o individuales, en el trabajo cinematecario quedaban en el simple archivado de informaciones, reportajes y crónicas periodísticas. Y el actual compendio surge, precisamente, en un tiempo-bisagra, período de cambios en que esa producción-otra adquiere gravitación. Aceptar el reclamo implica un punto de giro. A no dudarlo, su información será una adenda de este libro.

Contrario a la magnificación que se le otorga en la distancia, el clima tropical no es tan benigno como se piensa, con temperaturas altísimas y supremos grados de humedad, donde la polución más que crecer, se perpetúa. El estado crítico del celuloide cautivo en las bóvedas de la Cinemateca de Cuba llegó a niveles de espanto. Condicionada por los altibajos económicos, no siempre contó con las posibilidades mínimas para salvaguardar en profundidad su colección de películas, resignada a un mantenimiento discreto que, gracias al ICAIC, no le faltó. Pero en los finales años ochenta y en los primeros noventa, con alguna ayuda extranjera, se inició un proceso de revisión y restauración de algunas bóvedas, que no llegaron a climatizar.

En ese sentido, en diciembre de 2006, la Presidencia de la Junta de Andalucía autorizó a la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales (hoy Instituto Andaluz de las Artes y las Letras) para rehabilitar las catorce bóvedas que resguardan el patrimonio cinematográfico, la reconstrucción en profundidad de las instalaciones, la habilitación de equipos para el control de la temperatura y la humedad relativa, la instalación de sistemas de seguridad contra incendios, estanterías móviles, creación de tres talleres para la revisión y restauración de los materiales fílmicos y la compra e instalación de equipos para el escaneado de películas y otros documentos, más la digitalización de todos los soportes analógicos.

Debe comprenderse que a los efectos prácticos los vínculos de la Cinemateca con el ICAIC resultan predominantes. Hablamos de 6.485 filmes, películas a 50.000 rollos de películas cubanas y 22.000 de cine internacional, para un total de 72.000 rollos. En la cifra entra la producción anterior a 1959 y toda la del ICAIC, desde su fundación hasta la actualidad. La labor de restauración en las bóvedas de los Archivos Fílmicos y en el Laboratorio y otras dependencias, contribuirá de modo determinante a detener el proceso de deterioro y crear condiciones óptimas para la conservación del patrimonio cultural cubano.

El anhelado programa de restauración, digitalización, difusión cultural y económica referido anteriormente, de la Cinemateca de Cuba y el ICAIC son la base trazada en este libro, “Bitácora del cine cubano”.

Esta “Bitácora” detalla lo hecho antes del surgimiento del ICAIC en 1959, y lo posterior producido desde el nacimiento de esta peculiar institución que ya en su nombre de bautizo lleva intrínseca la unión de su propósito más preciado, léase: Instituto cubano del ARTE e INDUSTRIA cinematográficos. Aquí están detallas y acompañadas de toda la imaginaría de cada época, todas sus películas, agrupadas por períodos y categorías para conocer el talento aplicado al cine y sus creadores.

La producción silente aparece gracias a la indagación en viejos documentos y en la prensa
periódica; de la misma manera que el cine parlante, todo ello forma parte del Tomo I “La República”, piezas previas a la constitución del ICAIC. A los efectos de la cultura cinematográfica ese período tiene gran importancia como herencia de la cultura cinematográfica de todo lo que se produjo después.

Los siguientes tomos, son el Tomo II: “Largometrajes de ficción y animados”; y el Tomo III, que asume todo lo referido a los “documentales”, con la característica de que allí está, por ejemplo, el Noticiero ICAIC Latinoamericano en sus 1.490 ediciones categorizado por la UNESCO como MEMORIA DEL MUNDO.

Las autoridades cinematográficas que participan en la obra (ensayos cortos), son: Omar González, Ambrosio Fornet, Luciano Castillo, Joel del Río, Jorge Luis Sánchez, Mario Masvidal, Fernando Pérez, Daniel Díaz Torres, Manuel Pérez, José Galiño, Frank Padrón, Jorge Fiallo, Raúl Rodríguez, Alicia García, Sara Vega, Paul Chaviano, Reynaldo González, Mario Naito, Luis A. González Nieto, Pablo Pacheco López, entre otros.

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El cartel de cine cubano llama dos veces.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo apoya el proyecto artístico de La Cinemateca de Cuba, en alianza con ediciones La Palma. El libro de cartelística del cine cubano será el 4º volumen de la Colección Cuba.

La obra consiste en la selección, diseño e impresión de un volumen que represente lo más destacado de la cartelística cubana hasta el presente (2015). El libro será preparado por la especialista en cartelística de la Cinemateca de Cuba Sara Vega Miche y antologado por su Director, Luciano Castillo. El diseño correrá a cargo de ediciones Cajachina (Colección G.), dirigido por Gilberto Padilla. La distribución comercial será realizada por UDL y catálogo de La Palma.

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Hasta ahora, los libros sobre el cartel cinematográfico cubano, nunca la mirada se ha focalizado exclusivamente en los carteles realizados para la cinematografía nacional, aspecto novedoso de este proyecto. A pesar de las ausencias, pues no a todos los filmes cubanos se le realizaron carteles (de hecho, filmes documentales, incluso muy importantes no tienen carteles y en peor caso se encuentra la animación), el libro representará una aproximación novedosa al tema.

El fondo digital de la Cinemateca de Cuba cuenta con más de 600 títulos de filmes cubanos y de coproducciones, de los cuales posee aproximadamente 520 imágenes. Hay muchos y muy buenos carteles de filmes cubanos que, al ser reproducidos en el libro propuesto, darían una validación en exclusiva, sin competir con los carteles realizados para filmes extranjeros, como ha ocurrido en otras publicaciones sobre el tema.

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La obra contará con un texto introductorio a propósito del tema y concerniente a la gráfica realizada por los emblemáticos diseñadores Eduardo muñoz  Bachs, Antonio Fernández  Reboiro, Alfredo Rostgaard, Antonio Pérez (Ñiko) entre otros y producida por la Cinemateca desde los años 60 hasta la actualidad. El análisis abarcará también lo relativo a los carteles producidos en los últimos tiempos en que una generación de jóvenes se ha encargado de la realización de la gráfica promocional del ICAIC y que en  algunos casos ha diseñado e impreso carteles desde los márgenes de lo alternativo.

Habrá una reproducción a toda página de una selección de los mejores carteles. Cada cartel aparecerá con su ficha correspondiente (título, autor, año, técnica y medidas). Los datos concernientes a la técnica y las medidas se definirá más adelante, pues en la mayoría de los casos la técnica (serigrafía) y medidas (76 x 51 cm) se repetirían.  Como no serán reproducidos todos los carteles, al final del libro aparecerán todos, en pequeño formato, como referencia del quehacer de esta gráfica referida al cine cubano. En este caso también estas imágenes tendrían suficha al pie.

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Al final del libro, habrá un apartado destinado a reproducir una selección de bocetos originales como expresión del proceso de entrega y adecuación de los diseños al tamaño estándar para serigrafía, artesanal técnica de impresión en la que fueron impresos la casi totalidad de los carteles.

La edición será de 1.000 ejemplares.

La poesía está presente en todos mis actos y sueños

El poeta, traductor y crítico literario Virgilio López Lemus arriba este año a su 70 aniversario con una vasta obra publicada entre poesía y ensayística

Autor: Madeleine Sautié | madeleine@granma.cu

21 de julio de 2016

Virgilio

De una vastísima obra que alcanza en cifras 12 cuadernos de poesía y más de 20 de ensayo es au­tor Virgilio López Lemus (Fo­mento 1946), un hombre de obligatorias re­fe­ren­cias en las letras cubanas con­tem­po­rá­neas a juzgar por sus desempeños co­mo poeta, crítico, tra­ductor, pro­fesor titular de la Facultad de Ar­tes y Letras y acucioso investigador literario, cuyos saberes tocan figuras esenciales de la literatura insular.

Sonriente y sociable, creyéndose realmente importante solo para su familia y sus amigos, y desde luego “para mí mismo, pues no puedo vivir sin mí”, su nombre ha estado en los jurados de los más importantes concursos literarios cubanos, algunos españoles y del Premio Ibe­roamericano de Poesía Pablo Ne­ru­da del 2012. Miembro de tribunales académicos y docentes nacionales e internacionales, su madera de conferencista lo ha llevado a universidades de más de 15 países, su obra ha sido traducida a varios idiomas y desde el año 2000 al 2013 ha sido nominado para el Premio Nacional de Literatura.

Virgilio no tiene “mecanismos afi­nados para cierta convivencia so­cial llamada diplomacia”. A veces llega a ser amigo de sus jefes y prefiere tratar a sus jefes antes y después de sus cargos. No es dado a buscar premios “porque la vida me premió con un oficio que adoro y en todo caso me gustaría que me conozcan por mí mismo y mi labor”. Tiene un alto sentido de la lealtad y “lo he sido profundamente con las gentes que más he amado y con mi país.”

De no haber sido poeta, le hubiese gustado ser astrónomo, profesión extraor­dinaria que admira y materia sobre la que lee incansablemente. “Me pro­pongo ser en toda la extensión de la palabra, bueno, ojalá lo lograse siempre, siempre.”

—Un poeta probado se ha dedicado a escribir sobre la obra de otros. ¿Por qué?

—Creo que soy al menos para mí mismo un “poeta probado”, es la vocación fundamental de mi vida y a la que he entregado lo que he podido. Como nada poético me es ajeno y creo que la poesía es ara y no pedestal, deseo ser un servidor del hecho poético sea quien sea el autor o autora cuyos textos me conmuevan. Co­mo “servidor”, que es mejor que lla­marme “crítico”, he deseado ser de utilidad en el rescate y homenaje de grandes o menos elevados poetas del panorama nacional cubano y he deseado también concentrarme en el estudio de las poesías de lenguas española y portuguesa.

“A la larga me he dado cuenta de que más allá de ser un crítico, me he ido convirtiendo en un ‘ca­tador’ de poesía escrita, incluso oral, y disfruto enormemente cuando des­cubro entre los más jóvenes el nacimiento de un poeta de verdad, pues en este oficio muchos son los llamados y pocos los elegidos.”

—¿Qué fascinación produjo la poesía en Usted, y desde cuándo, para que la vida no le alcance trabajando para ella?

—Sí, esa es la palabra justa: fascinación. Cuando era niño, claro que leí a Martí, pero también mi abuelo me obsequió El Arquero Divino, de Amado Nervo, y un no sé qué poderoso nació en mí o quizá si lo traía en mis genes. En la adolescencia sentí el em­brujo de Bécquer y de Tagore. Luego, Rimbaud, Rilke y Pessoa colmaron mi deslumbramiento, Höl­derlin, Whit­man, Darío, Antonio Ma­chado, Bor­ges, Neruda, ¡qué poetas esos poetas! Cuando leí a Lezama Lima entré en pánico: “Esto es ser poeta”, me dije, “no puedo volar tan alto”.

—¿Cuáles son, a su juicio, las obras más importantes que ha aportado a la crítica literaria cubana?

—Es una pregunta difícil, pues lucho por no ser vanidoso y pensar que hago cosas “eternas”, nadie las hace. Pero creo que mi mejor libro de ensayo es Narciso, las aguas y el espejo (2004 y 2007), y el de crítica literaria más hondo es El siglo entero. El discurso poético de la nación cubana en el siglo XX (2008). Tam­bién he hecho un libro docente quizá valioso: Métrica, verso libre y poesía experimental de la lengua española (2009), que es obra de sín­tesis versológica y de algunos aportes míos, premiado por la Aca­demia de Ciencias.

“Tengo inédito un Diccionario breve de versología hispánica y creo que he hecho algunas contribuciones al estudio de la estrofa llamada décima en el ámbito del idioma, así como una mirada que deseo creer que es honda sobre Samuel Feijóo.”

—¿Qué se experimenta cuando uno se sumerge en el mundo interior de otros poetas para descifrar sus valores?

—Experimento gozo. Sentido de la belleza emotiva o intelectiva. De­seo luego comunicar aquello que descubro desde varias lecturas atentas. Quizá pueda cumplir con la idea de Juan Marinello, quien proponía que la crítica debe orientar, develar y ser creativa. El ensayo literario es labor de bellas letras, la crítica es oficio de servicio social más directo. Pero primero hay que sentir, vibrar al unísono, y he tratado de hacerlo con muchos, muchos poetas, más de cien. A no pocos les he dedicado estudios o libros enteros, sobre todo a Dulce María Loy­naz, al español Justo Jorge Padrón y al ya aludido Feijóo.

—¿Cuánto de regocijo y de in­satisfacciones tiene la misión de un crítico de literatura?

—Yo diría cuánto de incomprensión tiene el oficio crítico. No nos ha­ce monedita de oro, el crítico de vo­luntad honesta no puede decir elogios vanos, no puede ser el socio que glorifica. Es un oficio que no nos hace simpáticos para diversos creadores que a veces se la cobran de variadas formas: ninguneo, silenciamiento, ha­­bladurías incluso sobre nuestro carácter o vida privada, cerrar puertas, puñaladitas. Yo, por ejemplo, no soy ni deseo ser un polemista, yo trabajo, y si mi labor vale la pena, creo tener suficiente valentía para exponerla. Es un oficio al que debían pa­gar por peligrosidad.

—¿En qué momentos vuelve a la poesía, a ser poeta?

—No, no, yo no tengo momentos para la poesía, la amo entrañablemente y por eso está presente en todos mis actos y sueños, hasta en los menos poéticos. Pero sí que su escritura debe venir cuando llega el instante raro de la emoción, que diría Martí. Mis alegrías, mi dolor y mis lucubraciones son lo que en­tiendo por poesía. Pero también creo que ella está integrada a las fuerzas creativas del cosmos, supera con creces al género literario de igual nombre, y se asienta en la inteligencia y la sensibilidad creativa humanas.

—Una nueva entrega, Elogio de los poetas, acaba de ver la luz. De sus páginas emergen gratitud y nostalgia. ¿Son estos sentimientos los que lo invadieron mientras lo escribía o es impresión de esta lectora?

—Siento gratitud ante la belleza que otros, mediante las palabras, ponen ante mi vista y oído. Pien­so que toda poesía es “mi” poesía porque la que yo escribo quiere ser de todos. Nostalgia sí siento, pues hubiera deseado tener dones más amplios para que mi laboriosidad fuese más fecunda. Elogio de los poetas (2016) es una suerte de re­membranza de personalidades cu­ba­nas que tuve la suerte de conocer, y es un complemento por me­dio de mi memoria, de mi labor diferente como crítico y estudioso de sus obras.

—¿En qué nuevos proyectos tra­baja? ¿Cuáles considera debe emprender la crítica literaria cu­ba­na en estos tiempos?

—Tengo un libro inédito sobre un gran poeta europeo del que no hablo por ahora; estoy armando otro con estudios sobre poetas de España; he concluido un nuevo vo­lumen, el quinto, sobre la décima; tengo tres libros de poemas inéditos. He publicado una decena de libros traducidos del portugués y otra do­cena de antologías de poesía y tengo inédita y sin editor una que considero muy valiosa sobre la poesía neorromántica cubana, la corriente lírica menos estudiada de Cuba. Creo poco inteligente no publicarla. No sé otra cosa que deba hacer la crítica literaria de ahora sino lo que ha he­cho siempre: otear, admirar, dese­char o exaltar, opinar. Un crítico opina, no es un magister dixit. Allá el soberbio que crea serlo. Un crítico debe estar al tanto de la evolución de su género y de las llamadas “ciencias de la literatura”, pero ser él, no vomitar sabiduría, que lo haría un pedante.

—Llamarse Virgilio es casi un compromiso. ¿Alguna anécdota breve sobre la coincidencia?

—Sí, como no: una vez fui a lanzar un libro en presencia de José Antonio Portuondo, y el presentador me llamó Virgilio Piñera, quien había muerto cinco años antes. Por­tuondo preguntó si aquello era un lanzamiento o una sesión espiritista. Cintio Vitier, quien me llamaba “Virgilio, el bueno”, me hacía sonreír preguntándome si ya tenía terminada La Eneida.

“En una ocasión, cuando salía de mi casa en Marianao, un vecino me llamó y me dijo que no sabía que yo era un escritor tan importante, porque oyó por la radio una exaltación, supuestamente sobre mí. A la sazón ponían en escena Electra Garrigó. Y mi barbero solía decirme: ‘Si vas a comer, espera por Virgilio’. Mi nombre es un desafío para cualquier escritor”.

Granma

Legna Rodríguez Iglesias presenta en Miami su libro ‘No sabe/ No contesta’

Legna

DDC | Miami | 20 de Julio de 2016

El Centro Cultural Español de Miami (CCEMiami) organiza este 22 de julio la presentación del libro de cuentos No sabe/ No contesta (Colección G, Editorial Caja China, La Habana, 2015), de Legna Rodríguez Iglesias.

No sabe/No contesta es un libro promiscuo. Esa es la marca de Legna Rodríguez Iglesias, que en vez de escribir ‘cuentos’, ‘novelas’ o ‘poemarios’, dice que no, que ‘preferiría no hacerlo’, como Bartleby, y publica libros bastardos, degenerados, y gana concursos con su depravación literaria”, señala la nota editorial.

“Sus historias son el reino del desperfecto: nada funciona, secretos atroces revientan como pólvora, el amor disfraza el despotismo o la perversión, los padres atormentan, someten o literalmente destruyen a los hijos, la atmósfera es irrespirable. Pero Legna tiene la prosa, la agilidad y la falta de escrúpulos de una infante terrible. Engalanado con las ‘desviaciones’ que ningún censo se tomaría el trabajo de registrar, No sabe/ No contesta es un libro neurótico. De hospital”, indican sobre este volumen, que también ha publicado en España la editorial La Palma, en convenio con la Caja China.

“Escribo lo que me da la gana, como me da la gana y cuando me da la gana”, confiesa la autora en una entrevista realizada por Ena Columbié en el Nuevo Herald. “Si hay un tema que no toco es porque aún no me interesa. Porque aún no he pensado en eso. Porque aún no me ha dolido. Porque estoy buscando trabajo y lo olvidé en el camino. La libertad de mi escritura es obvia y concreta. Soy libre, aunque solo sea ahí”, señala la escritora, quien reside actualmente en Miami.

Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984) es poeta y narradora. Ha colaborado en publicaciones como Amnios, El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, Hypermedia Magazine, Jai Alai Magazine y DIARIO DE CUBA.

Ha obtenido el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2011 y el Premio Casa de las Américas 2016, en la categoría de Teatro.

Tiene publicado los libros de poesía Hilo+Hilo (Bokeh, 2015); La Gran Arquitecta (Colección Sur, 2014); Chicle (Colección Limón Partido, Proyecto Literal, 2013); Chupar la piedra (Abril, 2013); Tregua fecunda (Unión, 2012), y El momento perfecto (Editorial Matanzas, 2012).

También ha publicado las novelas El arroz de la locura (Gente Nueva, 2015); Las analfabetas (Bokeh, 2015); Mayonesa bien brillante (Editorial Matanzas, 2012), y el libro La mandarina mecánica (Reina del Mar editores, 2015), de literatura infantil.

No sabe/ no contesta será presentado por el escritor Abel Fernández-Larrea, este viernes 22 de julio, a las 7:00 pm, en CCEMiami (1490 Biscayne Boulevard Miami). La entrada es gratuita.

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Días de entrenamiento: La palingenesia como literatura (O viceversa)

días de entrenamiento

Ahmel 2

En vísperas de la publicación de “Días de entrenamiento”, número 2 de Colección G., recuperamos un texto de Rafael Águila de agosto de 2012.

UNO EN EL OTRO: OTRO EN EL UNO

Una novela, sostenía Stendhal, es un espejo que se pasa por el borde de un camino. Para Balzac la literatura se erige como la historia privada de las naciones. Historia subjetiva, desde luego, de la mano de la subjetividad de quien la urde. De esa suma de subjetividades emerge la historia de la que hablara Balzac. Días de entrenamiento, novela de Ahmel Echevarría, vaticino, devendrá cadena de obligada urdimbre en la suma de subjetividades de esa suerte de historia privada que definiéndola nos define. Octavio Paz nos legó la relación Plaza/Alcoba. Los conflictos de la(s) persona(s) definidos (y definiendo) desde (y por) los conflictos del sitio que sostiene los pies. Y muy especialmente: viceversa. Mutatis mutandis, desde luego. Si hay un novelista lleno de similitudes escriturales al Ahmel Echevarría que escribió esta novela ese es Milan Kundera. El checo deambula desde sus conflictos personales desbordado por los conflictos paísales, podríamos decir, creando la palabra. Milan Kundera no sería Milan Kundera sin la invasión rusa de Checoslovaquia. Esa fue su historia privada. Y la del sitio que le sostenía los pies. Esa su energía primaria. Su élan vital, a lo Bergson. Lo personal impactando en lo nacional, lo nacional impactando en lo personal. La fuerza tremebunda, se intuye, está en lo segundo. No hay que descartar, sin embargo, que la historia devasta desde la subjetividad que aislada es solo tragedia privada para, de la sumatoria de aislados (ésta sí objetiva) devenir tragedia de todos. De la historia plural a la personal, incluida ahí, por supuesto, la de los gobernantes. Y otra vez viceversa. La historia: a un tiempo vía y a un tiempo abismo. Días de entrenamiento, es una novela poliédrica, un vasto ludograma que tiene y contiene a la vida (la personal y privada) y a la historia, en tanto externalización de lo personal, externalización que, infortunadamente, es boomerang que retorna para determinar dramas y tragedias privadas, sin olvidar (una vez más) las viceversas, ese gran drama y esa enorme tragedia que cada uno coadyuva a fundar en lo paísal de la mano de acciones e inacciones. Esos vientos, tremebundos, baten en esta novela. Esas son las cortantes aristas. Ese el élan vital, a lo Bergson. La dicotomía País/Persona. Uno en el Otro. Otro en el Uno. Ontogenia y filogenia. Dicotomía: en realidad unívoco binomio. Ya lo dijo Bloom, el significado de una palabraes siempre otra palabra.

LA MUERTE: SEXAGÉSIMA PARTE DEL SUEÑO

Días de entrenamiento es una novela necrológica, pudiera decirse. Necrográfica, dirán otros. Ciertamente es una novela cargada de muerte. La muerte hierve en su centro como el magma al centro de la tierra. “¿Alguien hablará de nosotros cuando hayamos muerto?”, se preguntan acá los personajes. La muerte arrasa desde lo privado personal y lo plural paísal. Grava sus indelebles muescas el óbito privado, ese que solo afecta a uno (o a unos, limitados a un muy estrecho círculo) y la tragedia total, paísal, que asola y arrasa a todos. Muere una muchacha victima de un tumor; muere un chico en un estanque; muere otro, ahogado, en el Estrecho de La Florida; se asiste a la exhumación de una abuela. He ahí las muertes privadas. Muere el Papa Juan Pablo II; enferma gravemente el viejo de fierro, se teme por su vida, puede morir. La posibilidad de esa muerte instila sobre todo y todos una amarga sensación de non plus ultra (“¿se te ocurre algo por lo que tenga sentido brindar?”)1, de sobrecogedora indefensión (“el universo cambiará pero, ¿qué pasará conmigo?”) y no menos pavoroso asombro. Son las muertes de todos. Dos cajas deambulan por esta novela, una de cristal, la otra de madera. La de vidrio “contiene todas las respuestas. Puedes acercarte y preguntar. Para conocer la respuesta debes poner tu mano sobre el cristal”. Y se nos dice. “… aparecerá lo que deseas ver. Verás una imagen”. Se acude a la caja de vidrio y detrás del cristal se mueve, ama y extiende las manos Grethel, la chica víctima del tumor. Es esa la imagen deseada. En la caja de madera el muerto no se nombra, no se vislumbra pero deviene isla. Una caja desde la que se vislumbra el difunto privado, otra en la que deambula el paísal. Al privado se le mira, se le palpa, se le ama. Poco importa sean diez los minutos que el artefacto confiera. Cuerpo amado/palpado es cuerpo amante/palpante. Vivo. Si oráculos y pitonisas se afanaban en atisbar futuros la caja de vidrio se ofrece en función de vislumbrar pasados. Artefacto de Delfos a la inversa: adminículo dador del pasado. Oráculo para la memoria. Pitonisa para el recuerdo. Vivo está también el muerto paísal, tan vivo que deviene isla. Recuérdese: ex nihilo, nihil. No asistimos a la muerte como cese y fin. No es esta una novela necrológica. En puridad es una novela necrogénica. La muerte como génesis. El fin como principio. El cese como continuidad. A los muertos personales regresamos para mirarlos y amarlos, no olvidarlos nunca, asomados a la memoria desde el vidrio. Los muertos paísales, tragedia de todos, a todos atañen. Y en tanto isla a todos sostienen. Otra vez la dicotomía. Otra vez Uno en el Otro, Otro en el Uno. Palingenesia. Esa es la palabra. Todo cuanto la realidad no logra a la realidad arriba literatura mediante. Desde la memoria. La remembranza recompone el recuerdo desde lo deseado (o lo justo) nunca acontecido. Se funde el pasado para refundarlo desde el presente2. Desde la literatura. La literatura como génesis: palingenesia. Un cadáver deviene isla, una caja navega hacia el mar. Si las venturas y desventuras de la isla han llegado desde el mar (desembarcos cargados de vivos) esta nave catafalco hace el camino inverso (se hace a la mar llena de muerte), en semejante trance se deshace, del tablado brota un cuerpo, y del cuerpo (como lo profetizara Virgilio, el nuestro, el autor de “El caramelo”) una isla. Palingenesia. Refundación. Una isla al pairo frente a otra. En la refundación ha emergido precisamente desde una Biblioteca3. La literatura ha fundado una isla. Y en ese resurgir, el gobernante, el viejo de fierro, desea reencarnar para, precisamente (¡por Dios!), ser escritor. Sumar su grafía a la de todos. La segunda opción: ser un conteniente. Crear es vencer. Crear es pelear. Hay que tener un plan… estas son frases que una vez y otra pronuncia el viejo. Y ese es el plan. No el suyo, a él mismo lo ha tomado por sorpresa, pero ahí está, escribiendo, no dejará de hacerlo, persistirá hasta que finiquiten sus páginas, hasta entonces lo respeta la muerte. Aun tras ella seguirá escribiendo. Y todo ello ocurre el día de un desembarco de vastas proporciones para la historia patria. Cuba se ha fundado de hecho y derecho desde la literatura. Y desde los desembarcos. Colón la lanza por vez primera al ruedo desde su Diario de Navegación. Espejo de paciencia (donde se enfrenta tragedia llegada desde el mar),la inaugura en la literatura. Si realmente el círculo delmontino urdió esa novela en función de dotar a lo paísal de historia literaria el engarce es fastuoso. Urdir una isla, justificarla, desde las letras. Palingenesia. Si Martí funda un periódico le hace llamar Patria. Y a los 14 años es Abdala y su amor madre a la patria. Rafael Rojas sostiene que Martí fundó una patria cuando todavía ella no existía. Axioma discutible (en el 68 se murió y sufrió por diez largos años en función de esa patria) más no absolutamente inaceptable. Martí funda desde la literatura. Fragua y forja fueron sus discursos. Su palabra. Otra vez y siempre palingenesia. Desde las letras. Si se anuncia el grave estado y la probable muerte del viejo de fierro él mismo lo hace saber: desde las letras. Siempre las letras determinando el derrotero (¿las derrotas?) de lo paísal. Y eso suma y resume ahora esta novela: palingenesia desde la palabra, desde la literatura, desde la memoria con el anhelo de refundar la isla. Derrotero: exorcismo de derrotas. Y como vía crucis el metamórfico poema de Virgilio. Y no solo aquel poema, avanza el catafalco hacia el mar y son los ecos y hálitos (breves pero categóricos) de otro poema virgiliano, grandioso, La isla en peso, rotundo y bautismal. Ahmel Echevarría ha escrito una novela caleidoscópica, poliédrica, estereotáxica.

LA MUJER: DIOS POR MEDIO

“Donde hombre y mujer se hallen ahí estará Dios por medio”, escribió alguna vez José Saramago. Si la muerte bulle en esta novela como el magma al centro mismo del planeta (ese planeta isla que afelio y perihelio danza al centro de este texto) hombre y mujer bullen (¿quién sabe si es mayor en ellos el hervor de la danza?) entre el magma que se agita en esta novela. En estas páginas la mujer es Dios tutelar. Las vivas y las muertas. Necrogenia mediante son una las dos. Las que besan y las que se exhuman. Diosas todas. Se besa un vientre femenino tras cuya piel se agita la vida. Se escribe sobre el vientre lo que en mágica inversión leeremos sobre un espejo: all the rest is silence. Videant per speculum, nos legaron las sagradas escrituras.Grethel, Moonlight, Mónica, las dos Raizas, chicas que tras una ingesta se regurgita, pequeñitas y húmedas, topacio y ámbar, todas en una, andan y desandan estas páginas, entes privados, corpóreos y parlantes, sacros lenitivos ante las tragedias. Desnudar a una chica, se nos dice, como quien extrae cuerpos de los escombros de un terremoto. “Entrar en una novela como se irrumpe en una capilla”, escribió un día Goethe. El autor lo ha hecho, no importan en derredor los escombros: capilla y novela se han trasmutado en muchacha. El menstruo de una chica atempera, de sagrado púrpura, un performance sexopictórico. Simón Mago sostenía que en el cuerpo de una prostituta (hallada en un burdel de Tiro) moraba Ennoia, el Pensamiento para los gnósticos. El gnóstico asume el mundo desde la pareja, desde lo dual. Ennoia, nos dice esta novela, está en cada mujer.Sexo: terminus ad quo. Se hace el amor mientras desde el noticiario asedia la muerte del Juan Pablo II.Sexo:asilo de asolados. Asidero. Lenitivo contra tragedias. Se marcha una chica y lo hace “despacio, sus grandes alas plegadas tras la espalda”. Y es que no es una mujer: es un hada. Los entomólogos aseguran que la mariposa emperador detecta el olor de la hembra a once kilómetros. El amor. El sexo. Los cuerpos. La mujer. ¿El resto?: silencio.

LO IRREAL NO MENOS MARAVILLOSO: EL IRREALISMO SOBERANAMENTE MAGICO

Tiene la realidad, territorio oficialmente lícito, el aditamento (fiel y feroz, nunca falaz) del absurdo, parcela jamás oficial, siempre ilícita, sempiterno no tresspassing, lúdico no authorized land. No hay definición más certera de lo real cotidiano (por elipsis) que lo absurdo no menos cotidiano. Una ciudad visitada por dos catafalcos semovientes; chicas de cuerpo mínimo que se regurgitan en una bañera para ser acariciadas como pudo hacerlo Gulliver en la mítica Liliput; muertos que se agitan para amar; un cadáver que se resuelve isla; un kodama, doppelgängerque,a la manera del manga o el shintoismo japonés escolta y acompaña en vida como el Ka egipcio secundaba en la muerte4; el malecón como cenáculo, suerte de última cena verbal a la que asiste, testigo respetuoso, atento el oído y prestos los inútiles auxilios, un único discípulo; una casa que navega llevada por oníricos vientos, singladura citadina cargada de seres; un viejo de fierro que en silla de ruedas atraviesa la urbe; Malevich anunciando su plástica y rusa presencia en un hogar de Altahabana. Esos son los actantes. No importa el territorio, lícito / ilícito, ellos asoman el rostro de rosado ectoplasma para anunciar, desde más allá del no authorized land, que la realidad, gélida y ataviada de old fashion, está henchida de cálidas y novedosas irrealidades. Pánicas. Lo irreal soberanamente mágico se dirime como el punto de fuga de esta novela. La eminencia gris de este corpus. El ducto de este aleph, si artefactos tales los exhibieran. No son estos, sin embargo, efluvios que a tierras de García Márquez o Alejo Carpentier reverencien. Se toman brújula y carbono 14, aditamentos delatores, y las esporas parecen arribar, etéreas e irreverentes, desde ese otro soberano land que es Reinaldo Arenas. Desde su fray Servando y las sombras chinescas (alucinantes) de aquel mundo. Alucinaciones éstas, las de Ahmel, que, como aquellas de Arenas, llegan con el hálito bajtiniano de la carnavalización. A diferencia de aquellas, sin embargo, el inefable aliento de lo hierático las anima y contamina, asistimos a una suerte de carnavalización épica, en modo alguno degradada. Lo demodé ni excluye lo épico ni lo degrada. Carnavalización épica. Hierática. Ahmel Echevarría es un iconoclasta que respeta íconos.

LA HABANA: MAGNA URBE DEL ORBI

En las últimas dos décadas la otrora villa de San Cristóbal de La Habana, en postreros días asolada por ingleses y piratas, se ha visto llamada a continuos protagonismos literarios. La ciudad se ha resuelto actante. Dramatis personae. Cada autor ha tomado para ello su Habana, tantas como hay. Bajo una ciudad se mueve siempre otra, y debajo otra. Así hasta el infinito. Tantas ciudades como seres se mueven en ella. Italo Calvino, autor reverenciado por Ahmel Echevarría, sostiene que toda ciudad es tres ciudades, la de los vivos, la de los muertos y la de los no nacidos. La épica carnavalizante de esta novela parece aludir a todas ellas. Y a todos ellos. Los personajes de esta novela se mueven (como un continuum) a través de La Habana elegida por el autor, hechos que conducen al mismísimo epicentro narrativo van a tomar cuerpo y espirit sobre sitios icónicos de la urbe. Tomemos Tres tristes tigres, novela canónica de Guillermo Cabrera Infante, la más citadina y habanera de las novelas, en esas páginas la ciudad (la elegida por el autor) late y alborota, neones y sombras. La ciudad es el personaje central. En Días de entrenamiento, en cambio, la ciudad es mera escenografía. Papier mâché. Decorado. Naturaleza. Si bien no muerta hibernada. Una Habana a lo Dogville, de Lars von Triers. Los seres se mueven, neones y sombras, dentro de un holograma. La ciudad está ahí: contiene cual receptáculo. El papier mâché,sin embargo,tampoco excluye lo épico, menos aun el drama. Ni lo degrada.

DE LA INTERTEXTUALIDAD SURGIMOS: A LA INTERTEXTUALIDAD REGRESAMOS

Gerard Genette ilustra acerca de cinco relaciones transtextuales: intertextualidad, paratextualidad, metatextualidad, architextualidad, hipertextualidad. Todas ellas, en browniana urdimbre, están presentes en esta novela. Si de acuerdo con Genette la intertextualidad es la “presencia efectiva de un texto en otro” Días de entrenamiento es una novela multihenchida de textos otros. Un hipertexto que a cuestas carga una legión de hipotextos. No olvidemos que somos hoy más intertextuales que nunca. Si “no hay enunciado que no se relacione con otros enunciados,” como nos llega desde Todorov, esta novela resulta sostenidamente poliasociativa y multienunciativa. El título mismo alude lo paratextual, un film norteamericano de serie negra. Si la paratextualidad resulta “una mina de preguntas sin respuesta”, como sostiene Genette, en esta novela las preguntas danzan junto a las respuestas. Se asiste a la antesala que marca la consumación de una época. Antesala: training field. Cuando el viejo de fierro enuncia su “dentro de la literatura, todo”, la alusión (metatextual) hace volar hacia el clásico e histórico texto primigenio. No se trata, sin embargo, de un pastiche. La ausencia de halo satírico o desvalorizador lo destierra. Más allá del llamado pastiche neutro podría citarse alguno de nuevo tipo: un pastiche épico. Refundación y palingenesia suponen rehechura de postulados. Y si escribe el viejo de fierro nos regala, letra a letra (asoma la testa el Pierre Menard borgeano), el nunca desdeñable final de El Reino de este Mundo, de Alejo Carpentier. La novela incluye un diario, elemento que puede tomarse, desde la estructura, como relación intratextual. La transtextualidad no anega en esta novela únicamente desde lo literario (Virgilio, Carpentier, Guillermo Rosales, Borges, Cortázar, Piglia, Kafka): inunda, heteroglósica y polifónica, desde múltiples canales: desde la música (se hace el amor y son los acordes de Louis Armstrong y la voz de la Fitzgerald, música y mujer, dos de las presencias más rotundas de estas páginas); las artes plásticas (otra vez pintura y mujer: se dibuja desde (y con) sus cuerpos); el comic; el cine, la radio, la televisión (personajes vigilantes de ese hipotexto que exalta desde las pantallas corporizados en noticiarios como externalización del no yo5. Ese que, según Vallejo, hacía imposible hablar sin dar un grito.

DIAS DE ENTRENAMIENTO: ¿BILDUNGSROMAN?

El título mismo alude a esa posibilidad. Entrenamiento: aprendizaje. Y el aprendizaje asoma desde múltiples vías. Desde lo privado y desde lo paísal. Otra vez y siempre en esta novela. Llega desde la mujer, el sexo, los cuerpos. Las muertes. Incluso desde la amistad. Llega, desde luego, en tanto resultar un texto pasaje, antesala, laberinto a una época otra. Y en el laberinto se ha de abandonar la crisálida. Se corta el cordón umbilical. No hay bildungsroman, sin embargo, exento de la relación maestro/discípulo. He ahí las páginas finales de El juego de abalorios, la portentosa novela de Hermann Hesse. Joseph Knecht, a la vista de su discípulo, se funde en un lago. La unión mística entre hombre y naturaleza, suerte de panteísmo antropológico, se consuma para guiar a la vida al alumno. Cierre de ciclo y, a un tiempo, continuidad. En Días de entrenamiento el viejo de fierro es el maestro. Y Ahmel, el personaje, llevado de la autorreferencialidad que exhibe esta novela, discípulo. La relación es en extremo dual, la simbología fastuosa: desea el viejo escribir y el muchacho le encomienda su Parker, muere el viejo mas le ha obsequiado antes la suya. La toma el muchacho. Se ruboriza, pero al cabo, se nos dice, el viejo se la ha regalado. Muy vasta trascendencia tiene acá esa pluma. Es el Santo Grial de estas páginas. ¿Cuál podría ser el sitial de un aditamento del que surgen letras y literatura en una novela que pretende situar ambas al centro mismo de toda creación? La pluma como útero. Élan vital. Célula primaria. En no pocas ocasiones se alude a la posibilidad de volarse la tapa de los sesos con ella. Dúplice función la que posee: crear, destruir. ¡Y ese aditamento, fuente de la palingenesia que se erige desde esta novela, pasa del viejo de fierro al muchacho! Hesse llevó a Joseph Knecht y a su discípulo a un lago. El designio: trascender. La intención es similar cuando en Días de entrenamiento (frente al mar) un muchacho toma la pluma con la que se ha afanado un viejo gobernante.

LA LITERATURA: DESPLAZAR EL SENTIDO HACIA OTRO LUGAR

Piglia, se nos dice, estaba seguro de que Kafka escribía sus diarios “para desplazar el sentido hacia otro lugar”. Entender lo vivido/acaecido desde (y por) las letras. Puede sea ese el sentido mismo de la literatura. Vaticino es ese el sentido mismo de este libro: aprehender (lo privado y lo paísal) a través de lo escrito. Llevarlo dentro, descifrarlo. Lo vivido (o por vivir) es un jeroglífico que solo se desentraña en el acto de transmutarlo en letras. De ahí el empeño del autor con la memoria. Testificar. Dejar las debidas constancias, y en el proceso, lograr comprenderlas6. Aseguraba Herman Hesse que el oficio del escritor residía en estar callado, abrir los ojos y esperar el momento justo. Ahmel Echevarría es un hombre callado con los ojos muy abiertos. En cuanto a la espera aludamos, paráfrasis mediante, a Calvino: tres clases de esperadores existen, los vivos, los muertos y los aun no nacidos. Para todos ellos, entes hiperonímicos y multánimes, parece escribir Ahmel Echevarría.

NOTAS

  1. El plus ultra existe: se brindará por el vientre de la chica, dador de la vida.
  2. Spencer Tunick no logró bosquejar su fiesta de cuerpos desnudos ante el diafragma de su cámara. En esta novela, sin embargo, la cámara de Tunick bosqueja la fiesta.
  3. No solo de Biblioteca se ha alimentado: antes ha transitado la ciudad toda, ha circunvalado la isla. La ha contenido y resumido, lo ha colectado todo, cada hora, cada ser, cada palmo. El peso todo de la isla.
  4. Elemento en extremo interesante resulta el empleo del doppelgänger, al personaje central acompaña esa suerte de doble en la piel del kodama (espíritu de los bosques, de acuerdo a la mitología japonesa); dos son las Raizas regurgitadas; en la apoteosis dos son las islas y dos los hierofantes; dos las cajas, una de cristal, otra de madera. A ello se une que la estructura de la novela se conforma desde dos secciones de periódica recurrencia frente a otras de solitaria aparición, suerte de ritornello que hace recordar formas musicales. Dos, siempre dos: el dualismo como sistema.
  5. En una suerte de orgía transtextual Ahmel Echevarría asume la realidad como hipertexto. Ficcionaliza desde lo real cotidiano. En esta novela los personajes montan guardia frente al televisor y los noticiarios asoman como personajes moduladores/catalizadores. Autores como Cesare Segre han enunciado la interdiscursividad o relación semiológica entre un texto literario y otras artes (pintura, música, cine, canción etcétera).
  6. Pregunta el viejo de fierro por la literatura para, a renglón seguido, apuntar: “Podríamos estar creando algo más grande que nosotros mismos”. (En contextos varios los cubanos lo hemos hecho). He aquí, otra vez, una relación intertextual: el autor desplaza la historicidad como ente germinativo hacia la literatura.

 

 

El síndrome de la premiofilia y otros males del narrador cubano

ISLIADA

Por: Rafael de Águila 20 de abril de 2016

Esta será una mirada a la narrativa cubana (en especial, al cuento) de este tiempo desde la óptica de un narrador cubano de este tiempo. Es decir, será la mirada de un “observador observado”. No será la mirada de un crítico. No soy crítico. No será la mirada de un académico porque no soy un académico. Ni siquiera la mirada de un ensayista, porque aunque he escrito algún que otro texto que puede ser tomado por tal no me tengo por ensayista. Y no será una mirada prolija. No lo permite el espacio. Serán (meramente) notas al vuelo. Notas acordes al propósito y al tiempo de este evento. Y tal vez, para algunos, lo que acá exponga hoy sea polémico. Llegar acá a cantarnos loas no me parece productivo. Menos aun ético. No son las loas las que lanzan hacia adelante. Ni el falso azul de Cándido. Ni la escondida cabeza del avestruz. Las ideas, sostenía Jean Paul Sartre se prueban en el debate. Confiero, en el espíritu de probar ideas del que hablara Sartre, mucho valor a exponer ideas, en especial, a escucharlas. Escuchar puntos de vista de colegas a los que respeto y admiro, colegas que sostengan elementos ajenos a los que, con toda sinceridad y humildad, expondré acá. Muy oportuna esta reunión, ojalá hubieran muchas más, muy oportuno el debate respetuoso con el colega. El debate ético. Puede que mis ideas sean erradas. El debate evita mantener ideas erradas. Por eso agradezco profundamente la invitación a asistir acá hoy, a hablar acá hoy.

PROFUSION, LEVEDAD E HIBRIDAJE

Tres senderos (Borges aludió en uno de sus magistrales cuentos a dos) se bifurcan en el jardín de la narrativa cubana actual, específicamente en el cuento: profusión, levedad e hibridaje.  

Profusión porque quizá nunca antes hayan existido tantos seres empeñados en el arte de escribir como existen hoy en Cuba. Y en cuanto a narrativa, por lo general, se comienza escribiendo cuentos. Las bases de ello parten, entre otras, de: A) La alfabetización inicial, B) el logro de cada vez mayores cotas educacionales, C) el boom de talleres literarios, muy especialmente el Taller Nacional que ha mantenido durante años el Centro Onelio, bajo la dirección de E. H. León, y otros muchos, D) no pueden desdeñarse elementos de corte sociológico; la idiosincrasia cubana, por ejemplo, latinoamericana, esa idiosincrasia que nos hace contadores natos e innatos de cuentos. Existen otros muchos factores, desde luego. Sociológicos, en particular. Dado el carácter de este evento no resulta práctico referirse a ellos. Dejemos materia a los sociólogos. Aventuro que nunca antes existieron en Cuba tantos seres afanados en el empeño de escribir, especialmente tantos menores de 35 años involucrados en ese empeño. Escribiendo. Escribiendo cuento. Si se tiene en cuenta la relación Cantidad de Habitantes VERSUS Cantidad de Escribientes sobre esta ínsula hoy día la proporción sería alta. Mayor que nunca antes. Creo estar a salvo de esa manía de primates que es el nacionalismo, me temo, sin embargo, que tal vez pocas naciones latinoamericanas exhiban hoy proporción semejante. Toda esa potencialidad puede vaticinar, si de lo cuantitativo se trata, la probable continuidad del predominio cubano en materia de canon en A. Latina. Recordemos el predominio de obras escritas por autores cubanos en El canon occidental, la multicitada y multipolémica obra de Harold Bloom. Ese boom cuantitativo, el que en Cuba tiene lugar hoy, puede, y debe, vaticinar grandes obras.

Levedad porque el vaticinio que puede llegar desde lo cuantitativo, es hoy, a mi modo de ver, me temo, solo un vaticinio. Un elemento en virtud de futuro. No de presente. Al menos en materia de cuento. La narrativa cubana, el cuento, no parece haber logrado grandes obras. Adviértase que empleo la frase no parece. Cuantitativamente se tiene un crescendo sostenido e impactante. Cualitativamente todo parece apuntar hacia un escenario diferente. Y digo todo parece indicar porque nadie puede asegurar que grandes obras no duerman ahora mismo entre el polvo de las gavetas, descansen entre el misterio de gigabytes de algún disco duro, o en el más humano de los escenarios, suceda (me suceda a mi) que, inmersos (inmerso yo) en el maremágnum de nuestro tiempo, ese nexo que articula al hombre y a su circunstancia, contemporáneos todos (yo mismo), no sepamos (no sepa yo) identificar esas obras, no alcancemos (no alcance yo) a visualizar las cotas alcanzadas, a aquilatar su grandeza.

FILOGENIA DE LA LEVEDAD.

La levedad, podemos convenir, es el efecto. Y si la levedad es el efecto…, cuál es la causa? Nombrar un fenómeno es fácil. Explicar su génesis es más intrincado. El narrador cubano escribe hoy atacado por el síndrome de la premiofilia. Nuestros narradores, y me incluyo, nosotros, pretendemos comenzar un texto para concluirlo… la semana entrante… para… enviarlo a un premio. Entre nosotros, a pesar de que muchos nos manifestamos premiofóbicos, se agita la premiofilia. Y es que no solo de pan, nos legó Shakespeare. Pero urge el pan. Y urge el resto. Un resto que, para todos, quiero decir para los cubanos, para los que vivimos en esta ínsula, no solo para los escritores, se ha hecho y se hace cada vez más perentorio. En ese difícil contexto se ha hecho común, práctica habitual, que cada año, escribamos obras ad hoc, obras especialmente destinadas a ser presentadas a premios. A ganar algún premio. Obras que una vez enviadas a este o a aquel premio (sin obtenerlo) recomponemos para… enviar a otro(s) premio. Eso año tras año. Para lograr pan. Y el resto. Nunca antes se había escrito tanto en Cuba con el objetivo de enviar a premios.

Esa rara poiesis de premiofilia, ese premiotropismo positivo, sospecho, tiene un raro impacto en cuanto a lo que publicamos. Los narradores cubanos hoy día publicamos solo aquello que no consigue ganar premios. Retenemos lo que creemos nuestras creaciones, por varios años, en aras de ganar premios y destinamos a publicar solo aquello que no creemos con calidad suficiente para optar por esos premios, o aquello que durante años (periodos de envíos continuados) no los ha logrado. La causa: los derechos de autor son ridículamente exiguos. Por ello pasamos años sin publicar porque retenemos lo que creemos nuestras mejores creaciones. ¿Para qué? Para ganar algún premio. De ser posible en CUC. De los muy pocos que hoy subsisten en esa moneda para el género Cuento: el Premio Casa de las Américas, el Premio Internacional Julio Cortázar, el Premio Alejo Carpentier. Al día de hoy solo subsisten ellos. Al día de hoy los muchos escritores de cuento que hoy convivimos en Cuba, y convivimos más que nunca antes, estamos escribiendo para ganar, fundamentalmente, esos tres Premios. Años y trabajo mediante publicamos, a regañadientes, solo aquello con lo que no hemos logrado ganar premios. Somos muchos optando por tres. A mi modo de ver, precisamente esa premiofilia, la insoportable presión de la premiofilia, nos lleva, a empellones, hacia nuestra levedad del publicar, nuestra levedad del ser, esa levedad del ser como escritores de cuentos. Mas bien nos lleva a la levedad (del ser) de nuestros cuentos. Cierto que el siglo XX comenzó a fructificar, en lo que a literatura se refiere, a partir de los años 20. Pensemos en las obras de Proust y Joyce, por ejemplo. En ese contexto Gina Picart sostiene que los autores que marcarán el siglo XXI en Cuba se hallan hoy en la infancia narrativa.

Hibridaje: He ahí un país donde muchos son escritores. Un país en el que, en puridad, el mayor % de lectores que tiene un autor reside… entre sus propios colegas escritores. Es decir: todos leemos a unos y unos leemos a todos. Leyendo nos leemos. Lectores para uno, lectores para todos. Y ello ocurre, incluso, antes de que las obras de unos y todos sean publicadas porque solemos enviarnos nuestros inéditos. A esta particularidad Yoss le llamó, hace ya algunos años, relaciones incestuosas en la narrativa cubana. Gina Picart le llama “´instinto gregario”. Yo voy a llamarlo Relaciones de hibridaje”. Un hibridaje que va a atar, con fuerza, tanto lo estilístico como lo temático. Y, el hibridaje, no poco, también nos conduce a la levedad.

Un elemento que de alguna manera refuerza ese hibridaje deriva de la posibilidad, me temo  bastante real, de resultar, el escritor cubano hoy día, quizá entre todos los escritores del planeta, aquel que escribe más aislado del mundo, más aislado de las novedades, más aislado de lo que se escribe y se publica y se lee en el mundo. Las novedades de la literatura, no hablo de best seller o literatura light, aludo a la buena literatura, llegan a nuestras editoriales, si es que alguna vez llegan, muchos años después. Se sufre de una muy rotunda ausencia de obras novedosas, repito: obras de valor, de autores extranjeros. En muchos casos autores de primer orden, de los cuales las editoriales cubanas, no han publicado no pocas veces, un solo libro. Por las causas que todos entendemos. En modo alguno esto resulta una crítica a nuestras Editoriales. Solo presento la situación del escritor como lector. Son libros que los narradores cubanos solemos descubrir en el librero de otro escritor, de un colega. Y la obra deambula entonces de mano en mano. El caso más notorio, a mi modo de ver, resulta hoy Roberto Bolaño, autor muy leído por nuestros escritores, por nosotros, y de quien valdría quizá estudiar las influencias, al menos entre los escritores de nueva hornada. En Cuba los escritores escribimos para otros escritores. O para especialistas. Quizá, en mayor o menor medida, en todo el mundo suceda (y siempre haya sucedido) así. A ello se agrega que en % muy elevado los autores cubanos, nosotros, se leen (nos leemos) entre nosotros mismos en una suerte de lecturas inter autores, suerte de circuito cerrado en el que esos autores (nosotros), hibridados e incestuosos, generalmente leen (leemos) las mismas obras. Lecturas para uno, lecturas para todos. Pero no solo nos leemos unos y otros. No, señor. También leemos lo que logramos poseer e intercambiar de autores extranjeros. Porque, en solidaria gestión, ofrecemos al colega los libros que de autores extranjeros logran llegar a nuestras manos. Y en buen cubano: todos leemos lo mismo. Leemos lo que escribimos los del patio (en el patio) y lo que desde el patio logramos poseer (ajeno al patio). Llamaré a esto: circularidad de lecturas cautivas. Así como en el mercado cubano el stock de productos es reducido no existiendo variedad de precios, productos o marcas (lo que caracteriza un mercado cautivo), nuestras lecturas exhiben la misma reducida homogeneidad. Y eso ocurre, algo que en modo alguno es una nimiedad, en una nación con muy pobre acceso a las tecnologías de la información, léase, quizá, uno de los más bajos accesos a las tecnologías de la información y a Internet del mundo. Esa circularidad de lecturas cautivas, esa coleguización a tiempo y espacio completo, a mi modo de ver, nos homogeneiza y nos pasteuriza. Lo hace en cuanto a temas y en cuanto a estilos. Y si ambos procesos, la homogeneización y la pasteurización, indudablemente, resultan positivos, Pasteur mediante, en lo que se refiere a la  la leche o productos alimenticios de consumo humano, no lo son en modo alguno en cuanto a la cultura y lecturas, también de consumo humano. Porque mientras más heterogénea y diversa sean culturas y lecturas, menos estandarizada, pues más fuerte, más densa, más profunda, y en consecuencia menos leve lo que de ella resulte.

Dada la naturaleza de este evento no me resulta posible referirme in extenso a ciertos elementos, de primer orden, que, desde mi punto de vista, caracterizan la cuentística cubana hoy día:

  1. Intertextualidad y erotismo: dos de los elementos más comunes de la narrativa cubana en los últimos 20 años. 2. Auge de literatura escrita por mujeres, lo que resulta destacable y motivo de orgullo, uno de los tantos signos que muestran y demuestran lo logrado en las últimas décadas por la mujer cubana. 3. Narraciones donde el espacio en el que trascurre la historia se ubica distante en el espacio (entiéndase el extranjero) o distante en el tiempo (cierta insistencia en el pasado, la historia ficcionalizada de la nación), o lo que es igual: la fuga a otros espacios/tiempos, quizá como desbandada ante la muy profusa internalización en el espacio / tiempo de los 90: escape del HIC ET NUNC en viaje al ALLA Y ENTONCES. 4. La literatura dentro de la literatura, aparición de textos en los que el hecho narrado se desarrolla desde la condición de escritor/personaje del autor/narrador, 5. La ratificación del contexto citadino, algo común al entorno latinoamericano, e incluso, extra latinoamericano, desde el Post Boom, a Mc Ondo a la Generación Crack, la Generación Nocilla o After Pop. En ese contexto La Habana ha devenido actante, puede que una de las ciudades más literarias del mundo, pese a la insistencia en cierta ruinosa presentación, si bien, pueden argumentar algunos, atada a los presupuestos del dirty realism, no por ello menos respetuosa del realismo, a secas. 6. Estructuras narrativo-lingüísticas simples. Pueden citarse excepciones, aludo, por ejemplo, entre otros autores, a narradores como Legna Rodríguez, narradora en la que la estructura lingüística asume y domina no pocas veces el texto per se, lo levanta como ente pura y absolutamente estilístico, y lo lanza, como un todo. Una de las características más marcadas de la cuentística cubana hoy día puede resulte el énfasis en lo temático en detrimento de lo lingüístico, de lo estructural, lo formal, o estilístico. Énfasis en el QUE se narra en detrimento del CÓMO se narra. Y ello es un detalle, que con fuerza rotunda, nos lanza sobre la ya mencionada levedad. Incluso la crítica se dirige, en gran medida, hacia lo temático, y esquiva referirse o analizar, en no pocos casos, lo formal o estilístico. En otras palabras se privilegia contar una historia despreciándose, de manera muy marcada, el CÓMO contar esa historia. 7. Elementos propios del discurso postmoderno: presentación temática de la emigración, la fusión entre alta cultura y cultura popular, el empleo de la ironía, la parodia, la farsa, el kitsch, la carnavalización bajtinana, comienzan cada vez más a asomar elementos propios de la música, el pop art, la cultura de masas (radio, cine, T.V, y especialmente del mundo de la informática, el mundo del chat, el comic, de los seriales televisivos). 8. El uso del absurdo, observado como tendencia especialmente en el cuento, 9. El auge del cuento corto.

No debo, sin faltar a la ética, aludir a ciertos elementos, extra literarios, al menos extracuentísticos, por supuesto negativos, que signan, han signado y parece continuarán signando, el cuento cubano actual, elementos que, de alguna manera, contribuyen, no poco, a la antes citada levedad. Voy a referirme, ya lugar común entre nosotros, a las archiconocidas trivialidades de la crítica. Una crítica que coquetea y se bifurca, otra vez, en dos senderos: 1. Un sendero laudatorio (en su mayoría escrito por escritores (amigos) sobre obras de escritores (amigos). Un amigo (colega) escribe sobre la obra de otro colega (amigo). En su momento, desde luego, eso se retribuye. El criticado (elogiado) se espera incurra en el mismo proceder cuando el un día “crítico” (candidato a ser elogiado) publique alguna obra. Y es que los escritores cubanos no solo nos leemos hoy unos a otros, no solo nos prestamos las obras extranjeras que logramos poseer, sino que nos “criticamos” unos a otros. En puridad: los escritores cubanos nos elogiamos hoy unos a otros. Por turnos. Y a esos elogios le denominamos “crítica”. 2. Una critica que colinda con el show, el choteo, la animadversión prostibularia. Esta última, a su vez, se bifurca en otras dos sendas, ya no de jardín, dos sendas que van a regodearse, tristemente, en el lodazal: 1. Los autores criticados reaccionan (airadamente) ante la “crítica”. 2. La “crítica” la emprende (airadamente) contra esos autores. No pocas veces esta “crítica” es ejercida por enemigos (colegas) sobre obras publicadas por sus colegas (enemigos).

De ello hemos sido alguna vez (motivo de pena ajena, como le gustaría decir a cierto colega amigo) testigos todos. En ocasiones, todavía más tristemente, se ha transgredido lo pedestre para ir, de bruces, desprovistos del más elemental ethos, hacia la ofensa o la diatriba personal.

Todo cuanto he citado acá constituye, desde mi personal visión, generalidad. Tendencia. Denominador común. Regla. Toda regla, desde luego, exhibe sus sanas y robustas excepciones. Excepciones, por fortuna, existen. Pero el estado de una materia, la que fuere, no está signado precisamente por las excepciones. Al menos, esta mirada, la mía de hoy, no se refiere a esas excepciones. No me refiero a las excepciones que muestra el cuento en Cuba. Me refiero a las reglas. Al denominador común. Sostuve al inicio que esta sería una mirada a la narrativa cubana de este tiempo desde la óptica de un narrador cubano de este tiempo. Un narrador cubano de este tiempo que ha incurrido en los mismos dislates que acá ha presentado. No estoy libre de pecados. Con la excepción, velaré por mantenerme a salvo siempre de ello, de la crítica que acá llamo prostibularia. Entre otras cosas porque antes de anhelar llegar a ser un buen escritor anhelo y opto por llegar a ser un buen ser humano. Así pues, esta es, repito, la mirada de un “observador observado”. Me sedujo la importancia de mirar mirándonos. Mirándome. (Auto)mirar. (Auto)voyeurismo. Mirar el interior de nuestro espacio. El mío. El de todos. Lo consideré más genuino. Más necesario. Más sincero. Más productivo, quizá. Y si no lo fuera, quiero decir, productivo (genuino, y el resto de la camada, desde luego, lo es), pues al menos tendría, para mí, ignoro si también para alguno de ustedes, la fuerza, nada despreciable y siempre necesaria, de la catarsis. La fuerza que llega desde decir lo que se piensa. Lo que se cree. De abandonar esa otra pasión que no poco nos anima: la laudatorofilia, ese (auto)cantarnos, (auto)encantarnos y (auto)contarnos loas. No semejar Cándidos en el mejor de los mundos posibles. No remedar al avestruz. En cualquier caso decir lo que creo mi subjetiva cuota de verdad. No por subjetiva menos mía. Muchos tendrán posiciones opuestas. Es lícito eso. Y necesario. En extremo productivo. A cada cual le asiste el derecho de manifestar su dosis de verdad. Es un derecho que deviene, además, deber. El mundo se compone de ellos. Yo he hecho uso hoy de ese derecho (y de ese deber). Y lo haré todavía en grado mayor al escuchar, analizar, y ponderar las ideas del resto de los colegas, especialmente las diferentes. He dicho lo que creo. Otros dirán lo suyo. En aras de exponer acá lo que creo he desdeñado el enfoque de un crítico. Entre otras causales porque, aunque he escrito cierta “crítica”, no soy crítico. Desdeñé el enfoque académico o el típico del ensayo porque no soy ni lo uno ni lo otro. Esos enfoques, los ensayísticos, los académicos, los críticos, son mucho más necesarios hoy día. Si bien son igualmente genuinos y productivos, quizá no alcancen, en tiempo y espacio tan breves como este, la necesaria y anhelada dosis de catarsis. Al menos no lo hubiera logrado yo. Si alguno de los presentes pudo haberse molestado por algo de cuanto acá he dicho…, con toda humildad, le pido disculpas. Dado el espacio, más bien el tiempo del que disponemos hoy, esa red espacio / temporal que aherroja a los humanos, incluidos a nosotros, los narradores (quizá la Poesía, más alada, más sacra, pueda vivir fuera de esa terrorífica red), la red temporal que aherroja a este Coloquio, era imposible una mirada de mayor prolijidad. De ahí que me haya limitado a estas (meras) notas al vuelo. Notas acordes al propósito, y al tiempo, muy especialmente, al tiempo del que cada uno de nosotros debe hacer racional uso en este evento. Notas en las que he tratado de simplificar, de la manera más sucinta y clara posible, de la manera más sincera posible además, aquellos elementos que, desde mi modo de ver, desde mi cuota subjetiva de verdad, marcan a los que hoy escribimos cuento en Cuba y marcan el cuento que se escribe hoy en Cuba. Muchas gracias a todos.

Texto leído bajo el título Aproximaciones al cuento cubano hic et nunc,el 30 de marzo de 2016, en la Sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC durante el Coloquio Nacional de Narrativa .

NOTA: Una muestra más de ese “circulo cerrado” en el que el narrador cubano se mueve hoy: al Coloquio Nacional de Narrativa, al menos el día asignado al Cuento, no despertó el interés de académicos, profesores de Filología o Literatura de las Universidades cubanas. Tampoco de representantes de Editoriales. Tuve el cuidado de preguntar a varios colegas si los identificaban entre el escaso público asistente. Todos aseguraron que ni unos ni otros se hallaban presentes en la Sala.

Los escritores cubanos se estiman menos de lo que valen y se creen más de lo que son

Por: Javier Rabeiro Fragela 6 de abril de 2016

ISLIADA

Lo conocí en la Feria del Libro, o en una presentación de no sé quién, o en el último número de La Gaceta, o… La verdad es que no me acuerdo dónde lo conocí, pero desde que lo vi supe que debía hacerle esta entrevista. Apenas le comenté mi intención me dijo: ¿Y eso? Nada, a los jóvenes escritores cubanos, a las futuras generaciones, a los que sueñan con un mundo mejor, a los que estudian los fenómenos paranormales, a los que creen y no creen en Dios, a los que pelean contra los antojos de la Pachamama, en fin, a los que respiran ahora mismo, les va a interesar lo que dirás sobre Literatura Cubana. No tengo nada que decir, y mucho menos sobre la Literatura Cubana. Después de esa conversación lo volví a ver un par de veces y seguí con lo mismo, hasta que ya no pudo más y me dijo: Ok, te daré la entrevista, pero con una condición. ¿Cuál? No puede salir mi nombre. Pero ¿cómo voy a hacer una entrevista sin tu nombre?, es absurdo… ¿No dices que mis criterios les aportarán a los jóvenes escritores, que las futuras generaciones buscarán en mí…? Ya, ya, está bien, dije, y saqué la grabadora.

En tus libros veo una madurez temprana, una sabiduría que se muestra en la forma de abordar la escritura. ¿Podrías revelarle a los lectores a qué edad comenzaste a escribir?

Empecé a escribir a la edad en que empieza todo el mundo. Como bien sabe la humanidad desde Aristóteles, no, desde Sócrates, uno tiene siempre la edad de su ilusión, por eso, cuando ves a alguien extremadamente envejecido y encorvado, es porque ha perdido el entusiasmo. Con esto quiero decirte que aún tengo la misma edad de cuando empecé a escribir, de cuando vi la primera gota de lluvia, de cuando sentí de cerca el olor del océano. Según este criterio, lo de menos es empezar a escribir, sino tratar de mantenerte escribiendo, aun cuando dejes definitivamente de escribir. ¿Tú crees que Shakespeare dejó alguna vez de escribir?

¿Me estás preguntando a mí?

Claro, no me gustan las preguntas retóricas…

Bueno, Shakespeare dejó de escribir en 161…

¡Nunca dejó de escribir!, cada vez que un adolescente ve la película esa de Leonado Di Caprio y Claire Danes, interpretando a Romeo y Julieta, o un director de teatro hojea Hamlet, o yo releo una línea de Otelo, Shakespeare empieza a escribir aquí (se toca la cabeza), de eso te hablo, de empezar a escribir y no parar nunca.

En tus libros observamos un interés por retratar la fisionomía de la cubanidad. Podría decir incluso que has encontrado la fuente de tu materia prima, una manera singular de mostrar lo que significa “ser cubano”. Sería interesante saber cómo hallaste el método de radiografiar a los cubanos.

La mayor parte de mis historias se desarrollan fuera de Cuba y con personajes que ni siquiera han escuchado hablar de Cuba y no son, ni fueron ni serán cubanos, pero los especialistas consideran que mis libros son un canto a la identidad y la Patria, criterio con el que estoy completamente de acuerdo, ya que aún no he descubierto una sola diferencia entre un finlandés y un cubano, a no ser esas diferencias que nos inventamos para creer que somos especiales, únicos, destinados a hacer cosas importantes que ya alguien hizo, u ocupar un lugar que ya alguien bautizó. Fuera de las fanfarrias, los localismos, y las ideas sin base ni sentido, la diferencia que hay entre un cubano y cualquier otro habitante del planeta es la misma que hay entre un ser humano y otro, por eso mis libros que se desarrollan en Palestina o en Honolulú o en Angola, son profundamente cubanos. O sea, mi método para radiografiar a los cubanos es tratar de comprender las angustias, los sueños, las alegrías, la belleza, el dolor y la fuerza del ser humano.

Has ganado muchos premios con tus libros. ¿Consideras que los premios solo son un estímulo para seguir adelante, o le das una importancia mayor (atendiendo al hecho de que ganar un premio hoy en Cuba es la única vía rápida y segura para publicar)?

Los premios son el modo más justo que tenemos a mano para publicar un libro hoy en Cuba, son la prueba de que el libro presentado a concurso tiene algún valor y, por lo mismo, ha logrado conmover al jurado. Muchos prefieren demeritar el sistema de premios, achacar el resultado al azar u otras cosas, pero la verdad es que la mayoría de las veces el libro premiado recorre un sendero lleno de obstáculos, y el solo hecho de vencerlos es en sí mismo un gran triunfo. Muchos no perciben que todos los métodos para publicar un libro precisan, de alguna forma, de un jurado, del consenso de varias personas, es decir, el libro siempre tienen que aprobarlo varios lectores para que llegue a su destino final, siempre tiene que seducir, por eso no entiendo la animadversión de muchos en Cuba contra los premios.

¿O sea, que no solo estás de acuerdo, sino que consideras que ganar un premio es el modo más justo para publicar un libro en Cuba?

Por supuesto. Yo prefiero concursar, ya que es, para mí, la prueba de que mi libro cumplió su misión de llegar al lector. No debemos olvidar que el jurado es, a fin de cuentas, un grupo de lectores. De la otra manera, llevando un libro a la editorial y esperando a veces muchos años para verlo publicado, siento como si estuviesen haciendo un acto de caridad, algo que no está mal, pero como cada cual es como es, yo prefiero la sensación de haberme ganado la publicación de mi libro. Es más, debido a la situación del país y la ausencia de agentes literarios, en los talleres y manuales debería dársele a los concursos la importancia que tienen, en vez de demonizarlos, como suele hacerse. Para mí es contraproducente decirle a un aprendiz de escritor, en un país donde casi la única forma de publicar es a través de un concurso, que los premios no significan nada. Es como educar a un deportista en la idea de que debe competir pero no pensar en ganar, normal, vas a la pista, corre un poco y mira cómo Usain Bolt se lo lleva todo. Normal.

¿Pero Alejo Carpentier y José Lezama Lima, nuestros autores icónicos por excelencia, no publicaban a través del sistema de premios?

Eran otros tiempos, además, con la cantidad de prejuicios, reglas, y limitaciones que le han inventado a la literatura, tampoco hubieran ganado ninguno. ¿No has leído la cantidad de gerundios con los que Carpentier construye su prosa? No te has fijado en la escritura, digamos, amateur, de Lezama? ¿Qué jurado premiaría eso?

A partir de lo que esbozas, ¿debo interpretar que Carpentier escribía mal y Lezama apenas sabía hacerlo?

Todo lo contrario. He dicho exactamente lo contrario, pero, como buen lector, solo has puesto atención en lo que te interesa y le has dado una connotación negativa. Está claro para cualquiera que Carpentier y Lezama no solo son los escritores más representativos del país, sino que también son genios; lo que quiero subrayar es que la escritura correcta no existe, que esas reglas y restricciones inventadas por no sé quién (culpemos a Vargas Llosa) solo son los prejuicios de la mediocridad, pues el verdadero escritor únicamente necesita plasmar lo que tiene, con las armas que tiene, y punto. Las pruebas están en todas partes, solo agarra las obras que han incidido en el corazón de la humanidad y verás que ninguna cumple con los requisitos ilógicos de lo que debería ser una escritura correcta. Cien años de soledad está plagada de cacofonías y otras delicias. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha es un manual de anfibologías y otras dulzuras. O sea, la misma vida ha demostrado que el punto está en conectar con otro ser humano, ya sea con reglas o sin reglas, hacer que se identifique como un ser humano a través de lo que le das. Y no voy a ahondar en el tema, el propio Borges ya dijo lo necesario, lee el ensayo breve “La supersticiosa ética del lector”.

¿Borges? ¿Ese no fue el que utilizó aquel adjetivo incorrecto: La noche unánime. ¿Viste eso? Unánime…

No has entendido nada…

Era una broma. Bueno, por lo que dices de la escritura, me da la impresión de que lugares como el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso no son necesarios.

Otra vez has elegido la impresión que te interesa. Eso ocurre por querer escucharte a ti mismo y no prestar atención a lo que te digo. El Centro Onelio ha sido y es uno de los gestos más importantes que se han materializado en este país, sin él no hubiera podido decirte la mitad de lo que te he dicho hasta ahora, pues un lugar como ese le da al escritor una visión total de lo que puede ser el hecho literario. No es un sitio indispensable, pero también es un sitio indispensable. Espero entiendas lo que quiero decir.

Ehhhh… Sí, entendí… ¿Lo que no me queda claro es si estás a favor del qué o del cómo?

No se puede estar a favor o en contra de dos cosas que son una sola cosa: no puedes llegar al qué sin el cómo, y no hay un cómo sin un qué. No podemos dividir lo indisoluble. Y tampoco hace falta.

He visto que eres una persona con criterio, por lo que me gustaría saber qué es para ti un escritor.

Para mí hay dos tipos de escritor: el de letras y el de sangre. El escritor de letras crea su mundo a partir de su inteligencia, conocimiento y experiencia; es una persona que ha leído mucho, tiene una cultura respetable, es, en la mayoría de los casos, un intelectual; el escritor de sangre es simplemente alguien que tiene una herida y se la palpa con la yema de los dedos para dejar una huella.

¿Y qué opinión tienes de los escritores cubanos?

La misma que tengo de todos los escritores.

¿Y cuál es, si se puede saber?

Que se estiman menos de lo que valen y se creen más de lo que son.

¿Podrías enfatizar en ese punto?

Lo que quiero decir es que nunca nadie es lo suficientemente bueno ni malo. Si te encuentras con un escritor exitoso, te parece que se pasa todo el tiempo ofreciendo disculpas por su éxito, quizá por el miedo de que lo acusen de comercial, mercenario, oportunista, o quién sabe. Si te encuentras con otro que es un desastre, te hace entender, gracias a sus quejas y reproches, que la galaxia entera juega en su contra, que todo a su alrededor se confabula para aplastarlo. Pero lo significativo entre escritores es que en todas las direcciones solo escuchas excusas, críticas y pajarerías, nada positivo.

¿Pajarerías? ¿Estás insinuando que los escritores cubanos son… gays?

Por supuesto que no. Es una expresión popular. Una cosa es tener preferencias sexuales y otra es la “pajarería”, que me gusta definir como una tendencia al chisme, la adulación, las apariencias, el cotorreo desmedido, la burla que no clasifica como burla sino como una ostentación de mediocridad, la aspiración al sofisma, la ironía vana que al final resulta ser un grito de auxilio y autosalvación y un tremendo etcétera que no alcanzaría a nombrar en una sola entrevista. Y no estoy diciendo que esté en contra del debate, la polémica, pues eso origina desarrollo; hablo de pajarería, que es sinónimo de perreta.

¿Y tienes algo en contra de la crítica?

La crítica es un método positivo para mejorar algo, pero esa crítica debe estar fundamentada, de lo contrario favorece al problema. Si una obra no te gusta no quiere decir que sea mala; por lo que un crítico debería ser, en cada caso, un conocedor objetivo y profundo de la materia que analiza, y no alguien que simplemente se deja arrastrar por su subjetividad. Una crítica sin fundamento solo habla de las carencias del propio crítico.

¿Crees que ese sea el motivo por el cual en Cuba hay poca o nula crítica literaria?

La crítica es un resultado, una guía. Si te parece que no hay suficiente será porque las condiciones aún no están creadas. Hacer por hacer no basta, es preciso que la crítica cumpla una función real, que forme parte de una infraestructura terminada, que sea visible cuando el libro en Cuba sea visto como un objeto comercial y no solo cultural, que sirva para guiar a ese lector que no sabe dónde buscar.

¿Y cuál es tu criterio de la narrativa cubana contemporánea?

Mi criterio es que hay una masa de escritores de todas las edades que están creando la Literatura Cubana, desde diversos e insospechados sitios del país, y que escriben sobre cualquier tema, quizás sin la consciencia de formar parte de la Literatura Cubana sino de sentir que pueden y quieren escribir. Muchos son escritores sin saber que son escritores y otros lo saben muy bien, pero todos forman parte del cuerpo escritural de la nación. Aunque, ahora que lo pienso bien, ¿eso no es lo que ha sucedido y sucede siempre?

¿Bueno, una última pregunta: qué le dirías a los escritores jóvenes?

Puedes decírselo tú mismo.

¿Yo?

¿No me digas que a estas alturas algún lector va a creer que no inventaste esta entrevista como un pretexto para hablar por un rato de Literatura Cubana?

Este… vengo ahora… voy al baño…

 

Ediciones La Palma publica ‘Cuba: Memoria y desolvido’

La obra del escritor y periodista cubano José Antonio Michelena es un libro de crónicas periodísticas.

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Ediciones La Palma ha publicado ‘Cuba: Memoria y desolvido’, un libro de crónicas periodísticas sobre la historia de Cuba del cubano José Antonio Michelena, escritor, periodista y editor.

En palabras de Leonardo Padura, “el resultado perseguido por Michelena al enfrascarse en esta aventura parece cumplido: un libro de periodismo coherente, ameno, profundo, bien documentado y, sobre todo, empeñado en el rescate y revitalización de una memoria de lo que fuimos y gracias a la cual podemos entender (¿podemos?) lo que somos”.

Desde los viajes de Cristóbal Colón a la Isla y su peculiar mirada sobre una realidad desconocida, explica Padura, “el cronista se mueve por toda la historia cubana y lo mismo relata las tropelías de los piratas que la cacería de demonios que se produjo en Remedios, la historia del ferrocarril y el tranvía en la Isla, o también, desde cuadros típicamente costumbristas, la importancia de los parques en la vida pueblerina, la práctica de las retretas, los usos del pregón, o la supervivencia del juego del dominó hasta retratos de personajes tan diversos como Edith Piaf y Sarah Bernhardt (en su paso por La Habana), Fulgencio Batista (y su destino final) o Máximo Gómez (y la desconocida faceta de su sentido del humor)”.

http://www.eldiario.es/lapalmaahora/cultura/Ediciones_La_Palma-Cuba-_Memoria_y_desolvido_0_484001989.html